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Apoyar la construcción de estadios puede ser letal para los políticos

El Marlins Park, hogar del equipo de béisbol Miami Marlins, ha estado rodeado de controversia por el acuerdo de construcción que muchos creen no favoreció a los contribuyentes del Condado.
El Marlins Park, hogar del equipo de béisbol Miami Marlins, ha estado rodeado de controversia por el acuerdo de construcción que muchos creen no favoreció a los contribuyentes del Condado. El Nuevo Herald

Esta semana Robinson Cano cerró con broche de oro el Juego de las Estrellas, el primero que se celebra aquí en Miami. Pero el jonrón del lanzador dominicano no será el último que veremos esta temporada. El próximo jonrón, el grande, será el que bateará el dueño de los Marlins Jeffrey Loria cuando venda el equipo por casi ocho veces más de lo que pago por este. Los posibles compradores entre los que figuran Pitbull, Jeb Bush y Derek Jeter podrían pagar $1,200 millones por el equipo aun después de haber sido desplumado por sus dueños. Y nosotros los contribuyentes que pagamos por más de tres cuartas partes del famoso estadio estamos “out”, fuera de toda ganancia y colgados a “una deuda de $2 mil millones que no era necesaria”, como nos recuerda alcalde de Miami-Dade, Carlos Giménez.

Si algo nos llevamos del peor negocio que ha hecho el condado es que hay que tener un cuidado exquisito cuando se trata de fondos públicos y que no es recomendable entregárselos alegremente a empresas privadas. Eso aplica a todo no solo a la pelota.

Todavía no hemos visto el alcance de la malversación de fondos públicos destinados a construir viviendas para personas de bajos recursos en Miami-Dade porque la investigación federal continúa. Algunos magnates otrora considerados personas respetables ya están en la cárcel, pero esto no ha terminado. En un condado donde el costo de la vivienda es casi una crisis humanitaria esto es un verdadero desparpajo.

Este año las escuelas chárter que opera la industria privada con fondos públicos recibirá más fondos que nunca del presupuesto estatal para las educación. Se cae de la mata que en Tallahassee también hayan legislado con más supervisión y una mayor transparencia sobre quién se beneficia de la renta de locales escolares.

Volviendo al estadio de las Marlins y la lección de hoy, hace unos 10 años, justo en medio de la terrible recesión económica, los gobiernos de Miami-Dade y la ciudad de Miami aprobaron un “acuerdo global” que obligó a los contribuyentes del condado a pagar 3/4 partes del costo del estadio de los Marlins. Nadie les preguntó a los contribuyentes si querían ser los paganinis de este proyecto pese a que el empresario y activista Norman Braman hizo todo lo posible por exigir una consulta popular en las cortes.

La votacion de 9 a 4 en la comisión condal fue precedida por intenso cabildeo, argumentos de que el nuevo estadio sería un potente motor económico y amenazas de los dueños de los Marlins de llevarse su pelota y su equipo a otra parte. El argumento de los pajaritos volando funcionó al principio. Pero los comerciantes que invirtieron en los alrededores del estadio todavía están esperando que arranque el motor económico. Pronto nos dimos cuentas de que los Marlins que lloraron tanta miseria en la Comisión para lograr el acuerdo estaban nadando en plata.

Los votantes volcaron su furia contra los políticos que apoyaron el estadio. Los primeros en caer, en un referendo revocatorio, fueron el alcalde Carlos Álvarez y la comisionada Natacha Seijas. En la ciudad de Miami el comisionado Joe Sánchez perdió su campaña por la alcaldía pese a las contribuciones de ejecutivos de los Marlins. En el mano a mano por la alcaldía del condado el que ganó fue Carlos Giménez, uno de los comisionados que votó en contra del acuerdo. El que perdió fue Julio Robaina, quien lo apoyó como alcalde de Hialeah.

Desde entonces nuestros políticos locales han sido mucho más escépticos sobre invertir fondos públicos en proyectos que benefician a compañías privadas. El mejor ejemplo es el estadio de fútbol que planea construir David Beckham y su grupo de inversionistas en Overtown. El grupo acaba de pagar $9 millones por el terreno para el estadio y no ha pedido subsidios. Según asegura el alcalde Gimenez, el estadio de Beckham será construido “sin un centavo en fondos públicos”. Muy probablemente les traerá beneficios económicos a los residentes del área que tanto los necesitan.

El alcalde Giménez sigue siendo persona non grata para la directiva de los Marlins, como demostraron en la inauguración de un parque en la que no permitieron hablar a Michael Hernández, el vocero del alcalde.

Si por fin se van con cientos de millones en los bolsillos, Loria, Samson y compañía deberían al menos tener un gesto de generosidad con la comunidad que tanto los ha ayudado a ser ricos, aunque eso no esté en el contrato. Hasta los marlins de verdad saben que el tiburón se moja, pero salpica.

@PedaleaBernie

Esta historia fue publicada originalmente el 14 de julio de 2017, 6:38 p. m. with the headline "Apoyar la construcción de estadios puede ser letal para los políticos."

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