¿Es posible el ‘centro’ en el tema Cuba? Una perversa zona de confort para el castrismo
Bueno, ya vamos sabiendo algo sobre el nuevo rumbo del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS) de la Universidad de Miami (UM). El viaje al centro. Así lo ha ido diciendo más o menos, por aquí y por allá, su director interino, Andy Gómez.
Usted lo oye y dice: “¡Caramba, qué buen rumbo! ¡El ICCAS está recuperando el centro!” Ya sabemos. En el centro se anulan los extremos, se disuelven los conflictos. Como en las novelas de caballería, el centro es la tierra santa en que los adversarios deponen la espada y se convierten en interlocutores. Ahora bien, ¿cómo se las arregla una institución de estudios cubanos en Miami para permanecer en el centro?
Idealmente ese centro sería el espacio en que estudiosos de la isla y la diáspora debaten cara a cara, exponen sus tesis, contrastan sus datos. Con el apego a la verdad y el alto estándar normativo que caracteriza la misión académica en Estados Unidos. ¡Pero ay! La academia cubana está estrictamente regulada por la Seguridad del Estado. En caso de que el académico no sea un agente o esté manejado por un agente, sabe que si se sale del libreto oficial, sobre todo en un foro extranjero, no puede volver a poner un pie en una universidad castrista. No es raro, pues, que mientras menos agente sea el académico mayor celo pondrá en la defensa de la dictadura.
He visto algunos encuentros entre académicos cubanos de las dos orillas. Dan grima. Para empezar, los académicos castristas suelen imponer la agenda y el lenguaje. No me canso de citar un evento de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) convocado para tratar, según sus organizadores, “los cambios que no se ven”. (La sociología remedando a la física cuántica). Ante la posibilidad de irritar a los visitantes, los académicos del patio conceden lo inconcebible, suponiendo que ya no estén completamente cooptados. A su vez, el público (cuando permiten público) es advertido por los organizadores y los consabidos activistas sobre la asepsia epistemológica a observar. Si te pones a decir las cosas por sus nombres, te mandan a sentar o te conminan a retirarte.
De modo que eso que Gómez llama “el centro” es una perversa zona de confort para la difusión del mensaje de la dictadura, amparada y potenciada por el prestigio y los fondos de nuestras instituciones. No cabe duda que este espacio de propaganda, en ocasiones ni siquiera disimulada, sería visto como una abominación del pensamiento, cuando no como un flagrante caso de corrupción, si estuviéramos hablando de una dictadura de derecha. Esta zona, en efecto, estaba cerrada a cal y canto en el ICCAS. Para abrirla, hubo que descabezar a su original directiva.
Esto lo sabe Gómez. A esto se presta. Hay que medir el tono cuando se habla de una persona afable, culta, piadosa. Sin embargo, la presunción de buena voluntad en Gómez no modifica los hechos. Por una cuestión de elegancia, me resisto a subestimar su inteligencia en aras de justificar su ingenuidad. Excepto en casos de certificada deficiencia clínica, la inconsistencia del albedrío no es causa de absolución.
A Gómez, un ferviente católico, quizás se le haga más evidente la gravedad del asunto abordándolo desde una perspectiva teológica. Cualquiera que sean los matices, se ha convertido en un peón del incesante y coordinado esfuerzo de la dictadura, la Iglesia insular y el sector colaboracionista del exilio para normalizar la entronización del mal radical en la historia de Cuba.
Entre Dios y el diablo, para entrar al centro hay que salir de la moral.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de julio de 2017, 1:56 p. m. with the headline "¿Es posible el ‘centro’ en el tema Cuba? Una perversa zona de confort para el castrismo."