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El derecho de morir y la polémica sobre el derecho al cuidado de salud

La senadora demócrata Debbie Stabenow habla en una conferencia de prensa contra el proyecto de ley de salud republicano Graham-Cassidy, el 26 de septiembre en Washington, DC.
La senadora demócrata Debbie Stabenow habla en una conferencia de prensa contra el proyecto de ley de salud republicano Graham-Cassidy, el 26 de septiembre en Washington, DC. Getty Images

Una de las novelas más famosas de la radio y la televisión, escrita por un cubano (Félix B. Caignet), se llama El derecho de nacer. Hoy en día la novela política tan compleja como la de Caignet y en pleno desarrollo debería llamarse El derecho de morir. Después de nacidos, pronto nos percatamos de que la única certeza que hay en la vida es que todos vamos a morir. La pregunta es cuándo y cómo, y gran parte de la respuesta dependerá del cuidado médico al que tengamos acceso. Con los grandes avances de la medicina moderna el norteamericano promedio está viviendo más de 80 años. Eso es maravilloso pero también costoso, y en eso radica el aun inconcluso debate sobre qué hacer sobre la Ley federal de cuidado médico asequible (ACA), conocida como Obamacare y vilipendiada por casi todos los políticos republicanos del momento.

Esta semana la última versión del intento por eliminar Obamacare fracasó en el Senado federal. “No tenemos los votos” dijo Bill Cassidy, uno de los patrocinadores de la propuesta de ley junto a Lindsey Graham. Y eso que solo necesitaban votos republicanos para aprobarla. El deceso prematuro de la propuesta Graham Cassidy, que no llegó a votación, no es ni con mucho el final de esta larguísima novela.

Durante siete años y medio los políticos republicanos han prometido e intentado en numerosas ocasiones acabar con Obamacare. A la hora de la verdad no han podido. El porqué es sencillo. A raíz de la implementación de Obamacare en el 2013 algo cambió. Ahora el 60 por ciento de los norteamericanos encuestados considera que el acceso al cuidado médico es un derecho ciudadano que debe ser garantizado por el gobierno. Eso es muy complicado en un país que nunca ha establecido un sistema coherente para proveer acceso universal al cuidado de la salud.

El sistema de seguro de salud de Estados Unidos se estableció no como un derecho sino como un beneficio laboral durante la Segunda Guerra Mundial. Funcionó bastante bien para los que trabajan para grandes compañías. Pero qué pasa con los que no encajan en ese sistema, los niños, los desempleados, los trabajadores de sueldo mínimo o tiempo parcial, los dueños de pequeños negocios, los que trabajan por cuenta propia, los que tienen “condiciones preexistentes”. A través de subsidios, Obamacare le abrió las puertas del sistema de cuidado de salud a esa creciente población antes excluida que incluye a los más vulnerables y necesitados. Esto también creo muchas desigualdades.

Los subsidios de Obamacare permitieron que millones de norteamericanos que antes no tenían seguro médico lo consiguieran. Muchos estados expandieron sus programas de Medicaid con este propósito. La Florida no lo hizo, aun así es el estado de la nación donde el mayor número de personas –1.4 millones– se inscribió en Obamacare.

Los subsidios para Obamacare provienen de tres fuentes de impuestos: 1) familias con ingresos de más de $250,000 al año; 2) 0.9 por ciento al impuesto de Medicare; 3) de 3.8 por ciento a inversiones. La versión inicial para eliminar Obamacare aprobada en la Cámara también eliminaba estos impuestos que nutren los subsidios. Aún no han sido eliminados pero están siendo retados en corte.

La incertidumbre sobre esto subsidios ya está teniendo serias consecuencias. Esta semana la oficina estatal de regulación de seguros informó que sin los subsidios el costo de Obamacare en la Florida subirá un 45 por ciento el año entrante.

“¿Es el cuidado de salud un derecho?” es el título de un excelente artículo publicado en la última edición de la revista New Yorker escrito por un cirujano y profesor, el doctor Atul Gawande. Gawande explora esto a fondo entrevistando a muchos que se han opuesto a Obamacare y que irónicamente se han beneficiado del ACA. Una de las personas que entrevistó en Ohio le da una respuesta contundente. El hombrede 50 años trabajador que ha enfrentado altos gastos médicos y que resiente que sus vecinos que no trabajan tengan seguro médico sin deducible ni copago le dijo: “Todo el mundo tiene derecho a acceso a cuidado de salud, pero deben contribuir al costo”. Y ahí está el detalle. Los empleadores que proveen seguros a sus empleados reciben subsidios. Nadie protesta por Medicare porque a la larga todos contribuimos y nos beneficiamos, aunque algunos requieran más cuidado que otros.

Algunos estados están explorando opciones interesantes como permitir a sus residentes acceder a programas de salud a través de Medicaid a costos más bajos, o subsidiar los gastos de los pacientes que requieren tratamientos más costosos para rebajar el costo del seguro de los demás. Algo hay que hacer y pronto. Este debería ser el tema central de la próxima sesión legislativa en Tallahassee, porque tarde o temprano, el Congreso nos va a soltar la papa caliente. Si no nos preparamos, muchos se verán forzados a ejercer un derecho que nadie quiere ejercer, el derecho de morir.

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de septiembre de 2017, 2:48 p. m. with the headline "El derecho de morir y la polémica sobre el derecho al cuidado de salud."

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