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La isla del olvido

Luis Cosme se sienta entre las ruinas que quedaron de su casa, destruida por el huracán María, en Moravis, Puerto Rico.
Luis Cosme se sienta entre las ruinas que quedaron de su casa, destruida por el huracán María, en Moravis, Puerto Rico. AP

La semana pasada comenzó con el espectáculo de un presidente jugando golf, dedicado a criticar a futbolistas mayormente afroamericanos. Fue muy presidencial, los llamó “hijos de perra” mientras omitía hablar del sufrimiento de los 3.5 millones de adultos, ancianos y niños en Puerto Rico… quizás porque “it’s going really well”, las cosas “van muy bien” por allá según él. Lo contrario, tuiteó, es falso, “noticias falsas de ‘CNN y MSNBC’ promovidas por los demócratas”.

Su cuadro es de una persona a la que le gusta ‘ganar’, en lo cual se dice experto. Todo, de acuerdo a esto, tiene que andar bien y ha complicado la tarea en la isla pintando una realidad alternativa de lo que sucede. Para eso, after all, es el jefe.

El error, cuando la realidad lo contradice, está en la realidad, y la ‘culpa’ de la discrepancia en este caso debe ser de los puertorriqueños por flojos, de otra manera no hubiese dicho que no quieren hacer nada, “they want everything… done for them”.

Fustigó a la alcaldesa de San Juan con una ráfaga de 20 tuits por su osadía de pedir ayuda, lo que contradice su afirmación de que todo, todito, marcha bien

Puede ser que crea que con el estatus de la isla como ‘territorio’, estado simplemente asociado al país, los puertorriqueños no sean plenamente americanos y pueda por eso ignorar, olvidar, disfrazar, torcer o simplemente mentir acerca de lo que ocurre…

Puerto Rico es para todo efecto práctico una colonia de la que nos hicimos en 1898 tras la guerra con España, un anacronismo que mantiene a su gente con ciudadanía incompleta. Su participación en el gobierno es limitada, sin peso electoral en Washington. En la isla no hay elecciones nacionales y su ‘delegado’ en el Congreso no vota.

La Corte Suprema en una serie de decisiones a principios del siglo XX determinó que los residentes de Puerto Rico, Guam y las Filipinas (entonces otro territorio americano) no tenían derecho, valga la redundancia, a la totalidad de derechos ciudadanos por ser de ‘razas foráneas’. Los habitantes de otro territorio, la Samoa Americana para dar un ejemplo, aparecían en sus pasaportes como ‘nacionales’ de los Estados Unidos mas no ciudadanos de este país. Fue recién en el 2016, en Tuaua v. United States, que se afirmó su ciudadanía.

La limitación cívica puertorriqueña va acompañada del resentimiento al hispano en la base electoral de Trump que nos considera responsables del ‘deterioro de la situación’. Ellos, los que nos resienten, adornan su sentir con un llamado a las virtudes del cristianismo anglosajón, lo que está muy bien, pero que lo hagan con amor.

El paisaje natural de la isla está destrozado, 95% de ella sin fluido eléctrico, 90% de sus antenas celulares se cayeron y la mitad de su población carece de agua potable. No hay con qué cocinar, a la gasolina se llega con horas de espera, no hay crédito ni bancos abiertos, ni cajeros automáticos por falta de electricidad y sin ellos no hay cash para compras. No hay internet ni televisión, las noticias se transmiten a ritmo de boca.

Ver Puerto Rico desde el aire tras el huracán es contemplar bosques desnudos, casas destrozadas, su oscuridad en la noche. Los puertorriqueños necesitan ayuda y les está llegando, pero se tropieza con las vicisitudes de su estatus y la peculiar ‘manera’ de Trump.

Hace falta una acción política por Puerto Rico en Washington, una que vaya más allá de la emergencia. Hay que atender lo que todavía es, para todo efecto práctico, una colonia del siglo XXI. Nos hicimos de su gente, es hora de cuidarla. Nueva York, Orlando, Filadelfia, Chicago, Newark y otras ciudades con numerosa población puertorriqueña necesitan prepararse para lo que será un éxodo al menos temporal.

Finalizo con algo de lo poco que queda de los nativos de Puerto Rico, la palabra huracán del idioma arawac, Ura-Kan, Gran-Viento en su lengua olvidada. Uno grande le ha estado soplando desde Washington, tan perenne que ni nos damos cuenta de él.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de octubre de 2017, 1:18 p. m. with the headline "La isla del olvido."

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