RAMÓN A. MESTRE: Peligrosa jugada de póker nuclear con Irán
Cantar las loas del acuerdo preliminar entre Irán y el llamado grupo 5 + 1, como ha hecho el presidente Barack Obama, es un ejercicio de demagogia prematura. Así, Obama lo ha calificado como un pacto “histórico”. ¿Por qué? ¿Por su presunta trascendencia? ¿Por el lugar que el presidente le asigna en la confección obamista de un legado que lo reconocería favorablemente, entre otras cosas, como el jefe de estado estadounidense que “normalizó “las relaciones con dos gobiernos enemigos de Estados Unidos, primero Cuba y ahora Irán?
Para el Obama empeñado en vendernos las hipotéticas virtudes de este acuerdo hubiese sido más productivo adoptar una postura recatada hacia el resultado inicial de las negociaciones, desmentir las irreales expectativas que algunos de sus funcionarios han propagado acerca del pacto (en espera de los detalles definitivos que se darán a conocer en junio) y reconocer la fragilidad de este “entendimiento” nuclear y los gravísimos riesgos que conlleva declararle la paz a uno de los regímenes más peligrosos del mundo.
A su vez hay promotores del acuerdo que ven las negociaciones como un fin en sí mismo. Estos ilusos suelen aferrarse a dos fantasías en torno a Irán: la primera, que hemos castigado y aislado injustamente a un país que nos dice la verdad al afirmar que jamás ha intentado fabricar armas atómicas, que su único interés es emplear la energía nuclear con fines pacíficos. Ahí tienen, nos señalan, la evidencia de los fatwas dictados por el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, declarando el desarrollo de armas nucleares como una práctica “ilegal”. Pero ahí también tenemos la taqiyya chiíta, el uso de la mentira y la simulación (justificadas según su doctrina religiosa) con el propósito de defender los objetivos del Islam. El de los ayatolás o el del mahdi oculto. Y ahí también están las instalaciones secretas iraníes para el enriquecimiento del uranio en Natanz y Fordow, el reactor de Arak, los devastadores informes del Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA por sus siglas en inglés), las mentiras incesantes que Irán le ha soltado al IAEA.
La segunda fantasía en torno a Irán es un cliché de la política exterior cuando ésta se concibe como una visión seráfica de las relaciones internacionales: según estos devaneos la república islámica no es maligna como tal, su retórica y sus acciones no constituyen pruebas de que elabora proyectos genocidas cuyo fin es la destrucción total de los judíos de Israel. Tampoco sueña con imponer su hegemonía en el Cercano Oriente, ni financia y organiza bandas terroristas en varios países. Si Irán se porta mal, pues la culpa la tiene Occidente. Porque nosotros la atacamos despiadadamente y la castigamos con sanciones. Pero a partir de ahora, gracias a negociaciones como las que se montaron en Lausana, gracias a aperturas diplomáticas y al levantamiento de las sanciones, la república islámica se comportará como un gobierno normal, civilizado, un aliado ejemplar en la guerra contra el Estado Islámico en Irak.
Semejantes desatinos ignoran evidencias irrefutables sobre el carácter esencial del régimen de los ayatolás. La república islámica tomó la decisión de negociar la suspensión del desarrollo de su arsenal nuclear en respuesta a la amenaza de ataques militares israelíes y estadounidenses y en respuesta al daño profundo que las sanciones le han hecho a su economía. ¿Pero cómo actuará una vez que se sienta suficientemente fuerte tras el levantamiento de las sanciones, su principal objetivo en las negociaciones nucleares? Irán pudiese volver a ensayar su estrategia descarada de entorpecer las inspecciones del IEAC al tiempo que extiende su hegemonía entre los chiítas del Cercano Oriente.
Obama sabe que la aparente reconciliación entre Teherán y Washington ha desatado la ira e incertidumbre de aliados claves de Estados Unidos en la región, sobre todo Arabia Saudita e Israel. Y en poco tiempo el pacto nuclear pudiese traer como efecto colateral un conflicto confesional de mayor intensidad entre chiítas dirigidos por un Irán revitalizado y gobiernos sunitas movilizados por el reino saudita. Una consecuencia grotesca de este supuesto acuerdo de paz “histórico”.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de abril de 2015, 5:00 p. m. with the headline "RAMÓN A. MESTRE: Peligrosa jugada de póker nuclear con Irán."