Mensaje a las empresarias cubanas
De La Habana y por Reuters nos llega la nueva de que una asociación de empresarias cubanas ha solicitado reunirse con el senador cubanoamericano Marco Rubio. Quieren exponerle su preocupación por el cambio de política que autorizó el presidente Trump y que, al parecer, está afectando sus negocios; y narrarle sus experiencias personales de comerciantes neocapitalistas –el adjetivo lo cuelgo yo– en la pretendida sociedad marxista leninista cubana. No tenía noticia de la existencia de este gremio de compatriotas empresarias. El lector seguramente tampoco. El reportaje de Reuters ni siquiera lo nombra. Pero había leído en publicaciones anteriores los nombres de algunas de las empresarias citadas, como es el caso de Niuris Higueras, propietaria del paladar habanero Atelier. Presumiendo sus buenas intenciones, me gustaría hacerles sugerencias sobre cómo enriquecer su iniciativa, no solo ante el senador Rubio, sino ante todos los que, como él, pudieran propiciar cambios en la política estadounidense hacia la isla.
Periódicamente funcionarios del régimen de la familia Castro convocan a los empresarios cubanos para lo que pudiéramos describir como una lectura de cartilla. La propia Higueras describió ese ejercicio en octubre del año pasado. Las empresarias deberían aprovechar la circunstancia para pedirles que lleven el mensaje a los Castro de que pueden dar pasos concretos para mejorar las relaciones con Estados Unidos. Tales pasos se delinearon en el cambio de política que anunció Trump en Miami en junio. Y por décadas habían sido exigencias de la política norteamericana hasta los últimos años del gobierno del presidente Obama. Incluyen la liberación de presos políticos, el cese de las detenciones de opositores, la apertura interna a los partidos políticos y la libertad de prensa y expresión. Parece demasiado. Pero no lo es. Todas las naciones civilizadas –o en vías de civilizarse– han adoptado estas medidas con buenos resultados.
El principal cambio de política que adoptó el actual gobierno estadounidense fue el prohibir que ciudadanos y entidades norteamericanos negocien con empresas de los militares y policías castristas. Como presumo la buena fe las compatriotas empresarias, doy por sentado que concuerdan conmigo en que no es aconsejable alimentar con dinero el aparato represivo cubano ni tampoco el que históricamente ha contribuido a sostener al régimen castrista con armas. Y les recomendaría que se cercioren de que en sus negocios no tengan participación ni militares ni policías cubanos.
De ese modo los visitantes estadounidenses podrán continuar patrocinando sus negocios de manera legal. De paso podrían aconsejarles a los funcionarios del régimen que comiencen cuanto antes a privatizar las empresas que hoy controlan las fuerzas armadas para que otros cubanos como ellas, y extranjeros renuentes a negociar con represores, puedan convertirse en sus dueños y administrarlas. Esta tampoco es una idea extrema sino una práctica empresarial común que ha sacado de la ruina, la depauperación y el parasitismo a numerosos países entre los que se hallan una docena de antiguas dictaduras comunistas como la cubana.
La mayoría de los cubanos de adentro y de afuera aspiramos a que la democracia y la libertad reemplacen al totalitarismo que padece Cuba desde hace décadas. Quiero pensar que las empresarias de esta historia comparten nuestra aspiración. No pocos cubanos de allá hacen su parte, defendiendo con valentía y enormes sacrificios personales y familiares los principios democráticos y libertarios. El otro requisito para lograr la meta de la mayoría es la solidaridad internacional con los cubanos que se sacrifican. El gobierno de Obama la interpretó de manera peculiar, haciéndole gestos unilaterales al régimen de la familia Castro que éste nunca apreció ni correspondió.
Es verdad que el presidente Trump dista mucho de ser un representante idóneo de la democracia. Pero el cambio de política hacia Cuba que autorizó, inspirado por asesores que conocen la problemática cubana, no es radical y solo pretende romper el inmovilismo del régimen. Washington apuesta a que eso puede suceder si se desvían las actividades económicas del férreo control de los militares hacia el frágil sector privado. El objetivo es alentar al gobierno a dar mayores libertades económicas y políticas a todos los cubanos. Se trata de una apuesta audaz y bien intencionada que seguramente las compatriotas empresarias entenderán. Y que merece una oportunidad.
Periodista cubano.
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Esta historia fue publicada originalmente el 22 de noviembre de 2017, 3:22 p. m. with the headline "Mensaje a las empresarias cubanas."