Mueller tira de la cuerda de traidores
Los antitrumpristas apasionados se impacientan por la aparente lentitud de la investigación del Rusiagate. Su contraparte, los trumpistas recalcitrantes, ven en cada paso del proceso una confirmación de la inocencia de su ídolo. Pero lo cierto es que la investigación de la trama rusa se está convirtiendo en otra importante lección sobre cómo funciona la democracia más antigua; y sobre cómo se ha ganado la reputación de ser un estado de derecho, un país donde la ley y la justicia suelen tener la última palabra, incluso cuando ello requiere un proceso largo, complicado y doloroso. Un país, además, donde nadie que pretenda situarse por encima de la ley tiene garantizada la impunidad. Ni siquiera el más poderoso.
El azar y las circunstancias han convertido a Robert Mueller en el máximo responsable de asegurar que se descubra la verdad sobre la trama rusa y se haga justicia a quienes violaron las leyes. Durante los primeros seis meses de investigación, Mueller ha encausado criminalmente a dos exmiembros de la campaña presidencial de Donald Trump, Paul Manafort y Richard Gates, y arrancado confesiones de culpabilidad a otros dos, George Papadopoulos y Michael Flynn. Las acusaciones abarcan desde traición hasta lavado de dinero y perjurio y conllevan decenas de años de prisión y multas sustanciales. Son apenas los primeros pasos de una pesquisa que va escalando los peldaños del poder y que, inexorablemente, conducirá hasta la Casa Blanca, probablemente hasta el mismísimo presidente Trump.
La semana pasada Flynn se declaró culpable de mentirle al FBI sobre sus contactos con el embajador ruso Sergei Kislyak, experimentado jefe y reclutador de espías quien, según investigadores federales, tenía a su cargo parte de la operación para interferir en la contienda presidencial de Estados Unidos el año pasado. Flynn también admitió que había mentido cuando declaró que desconocía el alcance de un contrato entre su firma y el gobierno de Turquía y que por iniciativa propia escribió una columna de opinión instando al gobierno del presidente Obama a expulsar a un clérigo turco enemigo del régimen de Ankara. Las evidencias indican que, en realidad, Flynn era un agente pagado de los rusos y de los turcos. Aun así, Trump tuvo los bemoles de nombrarlo jefe de la seguridad nacional hasta que no pudo continuar ocultando la verdad sobre el siniestro personaje. El mandatario podría pagar cara la temeridad, pues Flynn aceptó cooperar en la investigación a medida que ésta vaya subiendo la escabrosa pendiente de la conspiración.
Las denuncias de Flynn y de otro exasesor de campaña de Trump, Papadopoulos, harán rodar otras cabezas importantes sobre las que solo podríamos especular. Pero sus confesiones en la corte revelan que ambos recibieron instrucciones específicas de altos funcionarios de la campaña a medida que contactaban a agentes rusos. En el caso de Flynn, las instrucciones le llegaban mientras discutía con el embajador Kislyak formas de socavar políticas del gobierno del presidente Obama. El autócrata ruso estaba –y está– obsesionado con la eliminación de las sanciones económicas que se adoptaron con el Magnitsky Act en respuesta a su expansionismo militar y las torturas y el asesinato del activista contra la corrupción Sergei Magnitsky. Las sanciones permanecen en vigor en contra de la voluntad de Trump. Y han trabado billones en negocios que beneficiarían a Putin, a los oligarcas de su corte y a un puñado de empresas, como la Exxon, y multimillonarios norteamericanos.
Ahora Mueller y su equipo investigativo, con la ayuda de dos delincuentes confesos, tirarán de la cuerda de potenciales conspiradores y traidores y tratarán de determinar cuánto sabía sobre sus acciones ilegales Donald Trump, primero cuando éste era candidato y luego como presidente electo y en funciones. El proceso será penoso. Pero tal vez enseñe a futuros políticos ambiciosos cuáles son los riesgos de coludirse con regímenes extranjeros para perjudicar a un gobierno propio del que se discrepa, para hacer dinero y para conquistar el poder. Al ciudadano promedio con voluntad de conocer la verdad, quizás le enseñe que el secreto del éxito y la durabilidad de la democracia norteamericana está, precisamente, en los detalles complicados como los de la investigación de la trama rusa.
Periodista cubano.
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Esta historia fue publicada originalmente el 6 de diciembre de 2017, 4:28 a. m. with the headline "Mueller tira de la cuerda de traidores."