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Jerusalén también es palestina

Un hombre camina en la azotea de un mercado frente a la mezquita de Al-Aqsa, en Jerusalén, el 10 de diciembre. La decisión del presidente Donald Trump de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel ha agravado las tensiones en la volátil región.
Un hombre camina en la azotea de un mercado frente a la mezquita de Al-Aqsa, en Jerusalén, el 10 de diciembre. La decisión del presidente Donald Trump de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel ha agravado las tensiones en la volátil región. Getty Images

Es necesario recordar que 37% de la población de Jerusalén es palestina. Hay cinco millones y medio de ellos entre Gaza, Israel y los territorios ocupados, y cinco millones ochocientos mil judíos, cerca de 50% cada uno. Para quienes digan que Gaza no es israelí, es para todo efecto práctico, un gigantesco gueto entre Israel y Egipto, parte de la red de guetos virtuales en los que viven y desde los que atacan al estado judío. Hay razón para su encierro, ese es el problema, que hay razón en ambas partes.

Llega Trump y declara que “…Es hora de reconocer oficialmente a Jerusalén como capital de Israel”. Va a mudar la embajada americana a Jerusalén, revirtiendo una política de siete décadas de presidentes tanto republicanos como demócratas.

Yerushaleim, la capital histórica no es lo mismo que la capital política. Las embajadas de 86 países están en Tel Aviv, ninguna –0– en Jerusalén, reconocimiento implícito a lo delicado de su posesión.

¿Por qué actúa Trump así? Porque los conflictos exteriores llevan a olvidar sus problemas en casa, parte de su estrategia para ofuscar el Rusiagate y prevenir un impeachment, su imputación en el Congreso. También la usa en Corea del Norte donde parece dispuesto a una guerra… y este Congreso republicano sigue a su flautista de Hamelin.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas rechazó, en la resolución 478 de 1980, los intentos de anexión de la porción palestina de Jerusalén, violación –dice– al derecho internacional.

Shalom y salam quieren decir lo mismo, paz en hebreo y árabe, testimonio al origen mutuo de sus pueblos. Es paradójico que se llame lugar de paz, nombre pre-hebreo, que viene de shalem… agua en la lengua ugarita de sus primeros habitantes, predecesores de los caananitas de los que descienden los palestinos. Después de Canaán llegaron los hebreos, luego los romanos, los musulmanes, fue brevemente cristiana en el 1099, de nuevo musulmana y ahora nuevamente hebrea…

Su posesión ha sido muy reclamada. El retorno de una Jerusalén judía evoca un momento de un pueblo en ese lugar de agua. Está sobre una colina dentro de cuya base se encuentra un manantial escondido, el Gihon, al que se llega por un pasaje excavado en la roca. Fue el secreto de su supervivencia en los sucesivos sitios que sufrió en la antigüedad. Su paz estuvo históricamente ligada al agua, allí se ‘coronó’ al rey Salomón.

Abdul Aboul-Gheit, secretario general de la Liga Árabe, llama “…a reconocer Palestina como estado y el este de Jerusalén como su capital”.

Ahora, Trump no ha utilizado la palabra ‘toda’, no ha dicho que toda Jerusalén sea israelí pero tampoco ha precisado cuál parte es de quién, y en esa ambigüedad está la duda de su propósito. Su reconocimiento de Jerusalén como capital de límites borrosos es, para darles una idea, como si reconociera como rusas las partes de Ucrania con población rusa… y sin decir cuáles son esas partes.

Los ‘expertos’ aseguran que su ‘movida’ desencadenará gran violencia, y ya hay protestas, sí, y terrorismo también, pero no a gran escala porque el pueblo palestino es débil y está dividido. La única gran fuerza allá es de Israel.

Los republicanos de la Cámara de Representantes y el Senado son cómplices, con su aceptación, de la indecencia que Trump está dejando como manto sobre la nación.

La solución exige verdadero sacrificio de ambas partes. La declaración de Trump impide lo equitativo de esos sacrificios y ha logrado lo imposible, unir a enemigos irreconciliables, Irán, Arabia Saudita, Turquía, Jordania y Egipto en un mismo frente.

Israel y los palestinos, no habrá justicia entre ellos mientras pretendan tener a Dios exclusivo y de su lado, y ambos lo reclaman para sí. Es más, todas las religiones lo reclaman para sí, por eso me gusta la canción de John Lennon, Imagine… imagínense un mundo sin religiones… Blasfemia, dirán, pero Dios no tiene religión, las tenemos nosotros y están bien… sirven, son buenas mientras no excluyan a nadie, ni a los malos porque Dios vino, precisamente, a salvar a los malos.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de diciembre de 2017, 2:01 p. m. with the headline "Jerusalén también es palestina."

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