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El destino incierto de los ‘dreamers’

En esta foto de archivo, Juan Escalante, de la organización America's Voice, habla con la prensa sobre los esfuerzos del gobierno de Estados Unidos por despojar a los “dreamers” de sus protecciones legales. El populismo político y la retórica incendiaria del presidente Donald Trump han avivado los sentimientos nacionalistas de un sector de la población poco informado y azotado por la crisis económica.
En esta foto de archivo, Juan Escalante, de la organización America's Voice, habla con la prensa sobre los esfuerzos del gobierno de Estados Unidos por despojar a los “dreamers” de sus protecciones legales. El populismo político y la retórica incendiaria del presidente Donald Trump han avivado los sentimientos nacionalistas de un sector de la población poco informado y azotado por la crisis económica. AP

Una calamidad de ominosas consecuencias simboliza este primer tenebroso año de trumpismo: la inminente amenaza de deportación de 800,000 jóvenes conocidos como dreamers, individuos valiosos, emprendedores y talentosos, que corroboran más que nadie la veracidad del Sueño Americano.

Son brillantes estudiantes, trabajadores, profesionales y militares tan estadounidenses como los nacidos en este suelo. Sus padres indocumentados los trajeron o enviaron en la infancia a este país, hoy el suyo. En su mayoría de origen hispano, desde la adolescencia sufrieron las consecuencias de un estatus migratorio irregular y soñaron con normalizarlo. La suerte que corran en los próximos meses será un claro indicio del rumbo que tome el país.

Tristemente, las perspectivas no son alentadoras para los dreamers, convertidos en peones de un macabro ajedrez político cuyas fichas se mueven al ritmo de la xenofobia, el racismo, los sentimientos antihispanos y la demagogia, desvalores contrarios a la esencia de nuestra democracia.

En una de las medidas más descorazonadas de su presidencia, Donald Trump canceló en septiembre el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, establecido en 2012 por el presidente Barack Obama en aras de protegerlos de la deportación y autorizarlos a estudiar, trabajar y servir en las Fuerzas Armadas. Fue un trozo de carne roja que Trump lanzó a las fieras que le siguen ciegamente, obnubiladas por el resentimiento social y el miedo al diferente. Pero como los dreamers son apreciados por un importante sector de la población norteamericana, Trump dejó en manos del Congreso la posibilidad de adoptar una ley que los proteja. El 5 de marzo de 2018 vence el plazo.

Es otra trampa siniestra. El presidente descarriado apostó a que el Congreso en realidad no hará nada para defender con efectividad a los jóvenes soñadores. Para cerciorarse de ello, dio a entender al precario liderazgo demócrata, encabezado por el senador de Nueva York Chuck Schumer y la representante de California Nancy Pelosi, que respaldaría cualquier compromiso. Pero, al mismo tiempo, exigió al liderazgo republicano imponer condiciones extremas de “protección fronteriza”, como la edificación del absurdo y costoso muro con México, a cambio de ayudar a los dreamers. Las negociaciones previsiblemente se estancaron. Los dirigentes demócratas amenazaron con obstaculizar partidas presupuestarias a menos que Trump cumpliera su promesa. Al final, se transaron con el mandatario y abandonaron a los jóvenes inmigrantes a su suerte.

Abandonados ciertamente están. El 2018 será un año de elecciones de medio término. Eso hará sumamente difícil, por no decir que imposible, que el Congreso actúe con buena voluntad para protegerlos. Muchos legisladores se sienten vulnerables ante los votantes enardecidos por la retórica contra los inmigrantes y las minorías que alzó al poder a Trump. Brotan la desconfianza y el rencor entre los norteamericanos. Y no habrá sanación mientras permanezca Trump en la Casa Blanca, regurgitando su discurso de exclusión y de odio.

Mientras tanto, un centenar de dreamers pierden diariamente su estatus legal y caen en un limbo que les impide trabajar, estudiar y alistarse en las Fuerzas Armadas. Cada vez están más cerca de la expulsión a países que poco conocen. Algunos, desesperados, realizan protestas riesgosas, como la toma de oficinas de legisladores demócratas y republicanos que una y otra vez los han manipulado con falsas esperanzas. La situación provocó la semana pasada un sonado altercado entre miembros de la Comisión Hispana del Congreso y los dirigentes de su bancada demócrata.

Aún es posible que el Congreso adopte una ley de ensueño o Dream Act que trate de manera compasiva y haga justicia a los soñadores. Pero la mayoría de legisladores republicanos no se inclina por aprobarla. La minoría que dice respaldarla carece de influencia en el régimen trumpista. Los demócratas, con honrosas excepciones como el Representante Luis Gutiérrez de Illinois, han demostrado una vez más que dan por sentado el apoyo de la comunidad inmigrante. Así han ido quedando los dreamers en la estacada. Confiemos en que, a pesar de los reveses, continúen luchando por hacer realidad su sueño de ser norteamericanos, es decir, hombres y mujeres libres y dueños de sus destinos individuales en la tierra de gracia que los abrigó con generosidad, hasta que la era aciaga de Donald Trump resucitó la pesadilla.

Periodista cubano. Siga al autor en Twitter: @dmorca.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de diciembre de 2017, 5:33 p. m. with the headline "El destino incierto de los ‘dreamers’."

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