En defensa de los Reyes Magos
La típica Cabalgata de Reyes, que distingue la noche de Epifanía en Madrid, en que desfilan, para contento de niños y mayores, los tres personajes legendarios que llevaron regalos al recién nacido niño Jesús, tendrá este año un cambio imprevisto: los papeles de Melchor, Gaspar y Baltazar serán desempeñados por dos mujeres y un travestido, lo que en buen inglés se conoce por un drag queen.
Se trata de un paso más, de parte del gobierno municipal que encabeza Manuela Carmena, para pervertir y agredir las tradiciones con el pretexto de defender el laicismo y la diversidad de género. La intención es despojar la fiesta de toda significación religiosa y convertirla en una suerte de carnaval. Como no han podido abolirla, la Manuela y sus capitostes se han propuesto desnaturalizarla y, a tal fin, nada mejor que transformarla en una payasada ridícula. Los madrileños no tendrían que consentirlo.
Los pueblos suelen atesorar sus tradiciones, una de cuyas características es la de ser invariables y previsibles, de suyo reñidas con las innovaciones. El relato de unos magos que buscan al Mesías de Israel yendo en pos de una estrella no tiene ninguna justificación histórica ni la precisa, es más bien una hermosa metáfora de la universalidad del mensaje de Jesús, el anuncio de un ministerio que trasciende las barreras nacionales y étnicas. Los regalos que portan los personajes también son simbólicos. En algún momento de la Edad Media, los que el evangelio de Mateo sólo define como “magos”, en el sentido de astrólogos, se tornan también “reyes”, a los que posteriormente les dan nombres. De ahí a que les llevaran regalos a los niños en la noche del 5 al 6 de enero media aún otro paso: una tradición casi exclusiva del mundo hispánico. En el resto de Europa, los regalos los trae San Nicolás el día de su fiesta (6 de diciembre, o el 5 en los Países Bajos) o esas hipóstasis suyas que son Papá Noel o Santa Claus.
Los que recordamos con arrobo nuestra infantil ilusión de la noche del 5 de enero no queremos verla sometida a los odiosos cartabones de la corrección política. La Epifanía es una tradición religiosa, cristiana, y está bien que se celebre públicamente en una sociedad fundada en los principios de esa fe, que surge en el seno de una nación patriarcal, a cuyo Dios aún seguimos llamándole “Padre”.
La igualdad de la mujer, la libertad sexual y la separación de la Iglesia y el Estado son valores que merecen defensa y que han de verse como signos del progreso de nuestra época, pero no deben servir, creo yo, para pervertir o desnaturalizar las tradiciones: ese repertorio de repetidas costumbres con los que un pueblo encuentra y afianza su identidad. Convertir la Cabalgata de Reyes en una mascarada es un abierto atentado contra los valores y criterios de muchos madrileños, otra manera de promover la odiosa agenda de los podemitas y sus cómplices que, desde el gobierno municipal, se proponen destruir el tejido social como un paso hacia su objetivo final: la demolición del orden en que los españoles convinieron hace cuatro décadas y en el cual tenían cabida y reconocimiento plenos las tradiciones heredadas.
Los electores que amen la conservación de esos ritos tienen la obligación de resistir estas iniciativas que, contrario a lo que puede parecer, distan de ser un asalto a elementos superficiales. La trivialización de una costumbre es el primer paso hacia su desaparición. Por animarlos ese designio, Carmena y sus cooperadores deben ser enviados a incordiar a sus casas.
Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.
©Echerri 2018
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de enero de 2018, 3:39 p. m. with the headline "En defensa de los Reyes Magos."