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Los lindes del delito sexual

La actriz Ashley Judd es una de las estrellas que han denunciado al productor cinematográfico Harvey Weinstein por acoso sexual.
La actriz Ashley Judd es una de las estrellas que han denunciado al productor cinematográfico Harvey Weinstein por acoso sexual. Invision/AP

Gracias a la avalancha reciente de denuncias y testimonios incriminatorios, la frontera entre el cortejo y el acoso sexual empieza a hacerse indistinguible, al punto que alguien ha sugerido que cualquier declaración amorosa debería hacerse en lo adelante en presencia de un abogado. A ese extremo de ridiculez puede llegarse en nombre de la liberación de la mujer y de la reivindicación de abusos seculares. Que otros celebren esta moda de acusaciones que ha hecho furor en las redes sociales con el así llamado Movimiento #Metoo, a mí me parece una aberración y un travestismo de la moral sexual, incluso un menoscabo de algunas de las libertades que la sociedad occidental ha conseguido en su larga contienda contra la oscuridad.

El caso del productor cinematográfico Harvey Weinstein, que desató esta fiebre, dista de ser excepcional. Desde que Hollywood se estableciera como “meca del cine” en las primeras décadas del siglo XX, era natural que las aspirantes a actrices —y no pocos hombres también— probaran su talento en la cama de productores y directores. De esa iniciación pocas de las más grandes se escaparon, para no contar infinidad de debutantes que no llegaron lejos. Siempre fue un secreto a voces, pero no creo que se adecuara a la figura delictiva del acoso sexual. En todo caso, los acosados eran los directores y productores que se veían indiscretamente asediados por estas personitas empeñadas en hacerse de una carrera en el cine a toda costa y quienes, en muchas ocasiones, no tenían nada que ofrecer además de sus cuerpos. Lo mismo ocurría en el mundo empresarial y en el de la política. Ahora, al cabo de los años, algunas personas han sentido escrúpulos por lo que fue un voluntario acto de prostitución y quieren castigar a sus “clientes” al tiempo que obtener una notoriedad añadida. A mí realmente me dan asco, si tienen mala conciencia, que se lo cuenten a un cura o a un psicólogo, pero que a los demás nos dejen tranquilos, nuestro conocimiento no precisa de esos trapos sucios.

Iguales intromisiones desmedidas se dan en el terreno de las relaciones sexuales entre menores de edad (entiéndanse adolescentes sexualmente maduros, no niños) y personas mayores, sobre todo en el ámbito de la escuela. No hay día en que no nos enteremos de que un maestro, hombre o mujer, no sólo ha perdido su puesto, sino que ha sido recluido en prisión —por tener relaciones sexuales con algún alumno o alumna— bajo la turbia figura delictiva del estupro (lo que en inglés se denomina statutory rape).

Desde que se inventó la escuela, son perfectamente normales los casos de mutua atracción física entre educadores y educandos, sin que esto tenga que juzgarse como una falta, mucho menos como un delito. Cuando yo cursaba el 8vo. grado, una de mis compañeritas se hizo novia del profesor de geografía y, lejos de ocultar la relación (que desafortunadamente no duró mucho tiempo), fue celebrada por el colegio en pleno: él era un joven guapo con numerosas pretendientes y había decidido por esta chica que no se destacaba demasiado. Desde luego, se daba por sentado que ella tendría que aplicarse mucho en geografía porque se esperaba que él fuera muy riguroso a la hora de calificarla.

Existen la violencia y el acoso sexuales, qué duda cabe, y sus perpetradores deben ser perseguidos y castigados por la justicia, pero los lindes de estas conductas tendrían que restringirse a los casos en que se viole el consentimiento personal o intervengan persecución o represalias. Si alguien voluntariamente decide que es oportuno, placentero o rentable irse a la cama con el tipo que puede hacerle una carrera, ¿quiénes somos los demás para impugnarlo o incluso para querer saberlo? Si al cabo de los años, la persona siente que ha hecho mal y se arrepiente, que se ponga a rezar y no a armar un escándalo con su mezquina historia.

Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.

©Echerri 2018

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de enero de 2018, 5:44 p. m. with the headline "Los lindes del delito sexual."

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