Caudillo sin brújula
La Estatua de la Libertad en el país del capital cerró por falta de dinero. Al Cárdenas, dos veces chairman republicano de la Florida, dice que es “stupid politics”, estupidez política en el Congreso, la Casa Blanca y ambos partidos, tres partes en conflicto.
El jefe del Senado dio una ramita de olivo, habilitar el gobierno hasta el 8 de febrero comprometiéndose a incluir el tema en disputa, la extensión de DACA en ese periodo… o después de él si no se ha resuelto antes.
Fue suficiente. El cierre se interrumpió, pero solo temporalmente por 17 días con un gran ausente, el presidente.
La solución a largo plazo exige que los congresistas asuman su responsabilidad, fiscalicen al ejecutivo, autoricen las guerras y elaboren los presupuestos. Su fiscalización es risible, con unos permitiendo todo y otros oponiéndose a todo.
La última declaración de guerra fue la de la Segunda guerra mundial. Desde entonces son acciones o conflictos que pasan por alto. ¿Hubiéramos tenido tantas ‘acciones’ si el Congreso ejerciese su función? Sospecho que no. ¿Presupuestos? La última vez que pasaron uno fue en el 2009. Desde entonces se funciona a base de continuing resolutions, autorizaciones de gasto para funcionar por semanas o a lo más meses.
Sin guerras ni presupuestos, con acciones y resoluciones, el Congreso en este caso ya va por su 4ta continuing resolution del año fiscal. Si fuese negocio hubiese quebrado varias veces.
El impase de fondo es por el tema de los dacados en la autorización de gasto. Los demócratas querían incluirlos, los republicanos no, e incluyeron, en cambio, una partida de dinero para CHIP, children’s health insurance program, seguro para niños de familias pobres… llevando a Trump a decir que los demócratas prefieren los niños indocumentados a los americanos. La hipérbole está de fiesta.
Un acuerdo final, definitivo, parecía fácil al inicio. Lo fue, se elaboraron dos proyectos bi-partidarios. Trump dijo que estamparía su firma en el que le presenten, “you work it out, I’ll sign it”. Luego se negó a hacerlo, y eso que lo había descrito como un ‘bill of love’, labor de amor que rechazó porque ‘le cambiaron’ su opinión.
Dicen que la última persona con él deja su opinión en él. En este caso fueron el chief of staff, John Kelly, y Stephen Miller, su consejero, en un ‘golpe de opinión’ que ‘le cambió’ su parecer. El golpe, irrefutable, lo evidencia lo ocurrido.
… Así están las cosas, con una marcha de estupidez política a tal ritmo que hay días cuando las crisis no duran más que horas en primera plana antes de ser reemplazadas por otras.
Trump, que en mayo había dicho que “The country needs a good shutdown… to fix the mess in government”, que el país necesita un buen cierra puertas para resolver el lío, culpa a los demócratas de lo que quiso hace escasos meses.
Todos tienen parte en esto, pero más los republicanos porque controlan la presidencia y ambas cámaras. Tienen el control, pero no lo manejan quizás porque no puedan o sepan hacerlo. Esta es la primera vez que lo tienen así desde 1929 cuando, evidentemente, tampoco supieron manejarlo.
El problema se centra en el caos de una Casa Blanca personalista en la que el presidente, si fuese la América Latina, se llamaría caudillo.
Tal como va Trump así va el gobierno, y lo hace con un hoy sí, mañana no y luego quién sabe. Él es la incertidumbre, un caudillo sin brújula que parece no conocer el norte.
Los líderes del Senado quisieran negociar algo definitivo pero necesitan que Trump marque el compás. McConnell no perderá el tiempo, dice, ‘spinning wheels’, rodando sus llantas y quemando caucho sin moverse. Quiere saber a dónde apunta el jefe.
Así termina el primer año de Donald J. Trump en la presidencia, con un gobierno en crisis porque el deal maker, el caudillo de acuerdos, no puede o no es capaz de uno.
Periodista, escritor y filósofo peruano.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de enero de 2018, 2:03 p. m. with the headline "Caudillo sin brújula."