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DANIEL MORCATE: Paramilitares en nuestra frontera

Dice el lugar común que guerra avisada no mata soldado. Es, por supuesto, la falacia más desmentida de la historia. Y violentamente además. Acaba de ser desmentida otra vez en la frontera de EEUU con México. Activistas pro inmigrantes y oficiales de la Patrulla Fronteriza habían advertido hasta el cansancio que era peligroso reírles las gracias a los vaqueros con complejo de John Wayne que se organizan por cuenta propia para cazar indocumentados. Pero nadie les hizo caso. Los vaqueros devenidos paramilitares han chocado varias veces con inmigrantes reales o imaginarios. Y nadie ha hecho caso. Pero el otro día un miembro de la Patrulla Fronteriza confundió a uno de esos personajes con un delincuente —lo que a veces no está lejos de la verdad— y le disparó en el sector texano del Río Grande. Pam pam pam. El hombre está vivo de milagro, aunque malherido. Ahora, de repente, el país está prestando atención.

Lo primero que salta a la vista es que, si las autoridades estatales de Texas hubieran escuchado las reiteradas advertencias de peligro, ese violento incidente tal vez se habría evitado. Pero algunos funcionarios texanos, electos y nombrados, han permitido el desarrollo del paramilitarismo para frenar el contrabando humano y de drogas en la frontera. Sus intenciones pudieran ser buenas. El problema que pretenden enfrentar es real. Los carteles mexicanos fomentan y controlan ambas actividades ilegales y a veces ponen en peligro a ciudadanos que viven de nuestro lado de la frontera. Pero la solución a ese flagelo no es el paramilitarismo, es decir, el uso de civiles armados para combatir a traficantes humanos, de drogas y de armas. Ese remedio falso y peligroso solo erosiona el imperio de la ley en la zona y crea las condiciones para confrontaciones violentas entre agentes federales y civiles norteamericanos.

Los detalles preliminares sobre el enfrentamiento son alarmantes. La Patrulla Fronteriza asegura que, el pasado 29 de agosto, su agente perseguía a sospechosos de cruzar la frontera ilegalmente cuando de pronto se topó con un hombre armado y le disparó. El hombre armado resultó ser John Fredick Foerster, de 45 años, un autotitulado vigilante de la frontera. Pero resulta que Foerster tiene antecedentes penales, inclusive tres por delitos graves. Aún así, portaba un rifle AK-47 en el momento de la confrontación, algo que expresamente prohíbe la ley texana. ¿Se les escapó este inquietante dato a las autoridades texanas que permitieron su militancia paramilitar? ¿O lo sabían y, en el ambiente de beligerancia que predomina en la zona, decidieron pasarlo por alto?

El problema del contrabando en la frontera con México es sumamente complejo y requiere respuestas igualmente complejas, como las que proponen legisladores demócratas y republicanos que llevan años trabajando en vano por una reforma migratoria integral. Esta última incluiría un presupuesto mucho más razonable para aumentar la vigilancia fronteriza virtual y real, es decir, la tecnología avanzada y el número de guardias fronterizos para detectar y combatir mejor a los contrabandinistas. Mientras no se ensayen estas propuestas, las autoridades federales y las de los estados fronterizos seguirán dando golpes de ciego. Apagarán un fuego solo para ver brotar dos o tres más. Y alentarán el paramilitarismo entre residentes del área irresponsables o genuinamente frustrados por la inefectividad de los esfuerzos legales por contener a los contrabandistas.

En el caso Foerster no se ha dicho la última palabra. Foerster busca abogados para demandar al gobierno federal por las heridas que sufrió. A su vez, el gobierno quiere acusarle de portar armas de manera ilegal. El incidente ha estimulado las tensiones entre la Patrulla Fronteriza y los paramilitares. Algunos de estos incluso insinúan que la patrulla le tendió una trampa a Foerster con la intención de provocarle para que disparara. Esto es apenas una muestra de la paranoia que genera el paramilitarismo que alientan ciertos funcionarios texanos, paranoia que complica los ya difíciles esfuerzos oficiales para combatir a los carteles mexicanos y a otros traficantes fronterizos. El gobierno federal debería enviar a la caballería para poner orden en este gallinero. En este caso, la caballería deberían integrarla investigadores del Departamento de Justicia que se hagan cargo y delimiten responsabilidades.

www.twitter.com/dmorca

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de septiembre de 2014, 1:59 p. m. with the headline "DANIEL MORCATE: Paramilitares en nuestra frontera."

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