VICENTE ECHERRI: El ébola ya está en medio nuestro
El anuncio de que una persona —cuyo nombre no se ha dado a conocer— había sido diagnosticada con el virus del ébola en Dallas y que se encontraba hospitalizada en estado crítico ha provocado alarma en Estados Unidos, donde hasta ahora la mayoría había considerado la enfermedad como un mal africano que no tendría por qué tocarnos. El paciente, que al parecer contrajo la enfermedad en Liberia —uno de los países más afectados por el actual brote en África Occidental— viajó a Estados Unidos el pasado 19 de septiembre sin presentar ningún síntoma, que luego los desarrolló aquí.
Aunque la enfermedad no es contagiosa antes de que los síntomas se presenten, el largo período de incubación (de dos a tres semanas) y la enorme movilidad de personas en el mundo actual hacen temer que los casos puedan replicarse, y hasta nuevos y más extensos brotes surgir, en distintos lugares del planeta, si los cordones sanitarios no se tornan aún más estrictos, lo cual también presenta grandes dificultades. El ministro de Información de Liberia, en un comunicado sobre el caso, recordaba que “durante meses, el gobierno liberiano ha estado afirmando que esta enfermedad no es simplemente un problema de Liberia ni de África Occidental”.
En este momento, hasta 12 personas que estuvieron en contacto directo con este individuo enfermo —parientes y amigos suyos, incluso niños— han sido puestas en observación y las autoridades —al tiempo que tratan de aplacar cualquier sentimiento de pánico— creen que algunas de ellas tienen grandes probabilidades de haber contraído la enfermedad, para la cual no se conoce cura ni vacuna y cuya tasa de letalidad puede llegar al 90 por ciento.
La situación de atraso cultural de los países africanos donde hasta ahora se concentra este último brote —Sierra Leona, Liberia y Guinea— y su escasez de recursos se conjugan para hacer esta crisis mucho más grave y peligrosa. Las medidas sanitarias que deben imponerse para prevenir el contagio, o simplemente para frenarlo, han sido recibidas, en muchos casos, con hostilidad por parte de una población donde prima la ignorancia y que las percibe como abierta agresión a sus costumbres: aislar a las familias de sus seres queridos moribundos e impedir que laven y amortajen sus cadáveres (que son sustraídos a viva fuerza por unos tipos que parecen disfrazados de extraterrestres y que lanzan a sus difuntos en fosas comunes dentro de bolsas plásticas) es más de lo que muchos pueden entender o tolerar.
De ahí que, lejos de cooperar con el gobierno, sean muchas las familias, sobre todo en las zonas rurales, que no denuncian los casos ni acuden a los hospitales. El resultado neto es un aumento de la enfermedad y de sus fatalidades en una alarmante progresión geométrica. Según las proyecciones de la Organización Mundial de la Salud, si el virus continúa propagándose al ritmo actual, Liberia y Sierra Leona habrán reportado 550,000 casos para fines de enero. Pero, teniendo en cuenta que los casos reportados pueden ser tan sólo el 40% de los casos reales, el número de enfermos para fines de enero en esos dos países podría llegar a ser de 1,400,000, de los cuales no menos del 70 por ciento moriría. A pesar de los adelantos médicos del siglo XXI, estas cifras nos acercan a las plagas de peste bubónica que asolaron al mundo en la Edad Media.
No obstante lo que afirmara este martes el Dr. Thomas Frieden, director del Centro para el Control de Enfermedades, de que “controlaremos esta importación […] de manera que no se propague ampliamente en este país” que “la detendremos aquí” [es decir, en Dallas], ¿cómo impedir, objetivamente, que otros enfermos, asintomáticos durante el período de incubación, ingresen en el país en los miles de aviones que llegan a diario y contagien a otros en las primeras etapas de su enfermedad? Ante esta posibilidad real, la rotunda afirmación del Dr. Frieden —hecha acaso para evitar alarmas— no pasa de ser una mera ilusión o un arranque de excesivo optimismo, eso que llaman en inglés wishful thinking.
El gobierno de Estados Unidos se ha dado cuenta de que, al igual que el terrorismo, esta plaga hay que combatirla en el lugar donde ahora mismo azota, de ahí que el Presidente haya dicho que enviará a África Occidental un contingente de 3,000 personas y cuantiosos recursos para intentar derrotar el ébola en su propio terreno. Entre tanto, no sobran las cautelas y las medidas de higiene. El virus del ébola —aunque aislado hasta ahora— ya hizo su aparición en medio nuestro y eso es, sin duda, una mala noticia. La buena consiste en que no puede sobrevivir al aire libre ni a la luz del sol y que hasta un poco de agua y jabón pueden matarlo.
Echerri 2014
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de octubre de 2014, 2:50 p. m. with the headline "VICENTE ECHERRI: El ébola ya está en medio nuestro."