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ROLAND J. BEHAR: ¡Por favor, señoras!

Las feministas y los eruditos han dividido la historia del movimiento feminista en tres “olas”. La primera ola se refiere a los movimientos a favor del derecho al voto de las mujeres de siglo XIX y principios del XX. La segunda, enmarca las ideas y acciones asociadas con el movimiento de liberación de la mujer de los años 60 con énfasis en la lucha por los derechos legales y sociales de las mujeres. La tercera ola, a partir de la década de 1990, es la continuación y reacción por las faltas percibidas de la segunda ola del feminismo. Desde entonces, al parecer, la posición política de algunas de las integrantes del movimiento se impone por encima de las justas reclamaciones de dicho movimiento, evidenciando que para ellas, algunas mujeres tienen más derecho a ser protegidas que otras, según su punto de vista político.

El conocimiento de las terribles miserias que las mujeres sufren en la mayoría del mundo islámico ha aumentado exponencialmente. Sin embargo: ¿dónde están las feministas? ¿Dónde está la indignación? Luego del horrible acto del 11 de septiembre, cuando aparecieron en las primeras planas de los periódicos y en las pantallas de nuestros televisores las fotos de las burkas azules de Afganistán, pareció que las feministas iban a tener su momento. De hecho, la mayoría de las feministas había informado desde mediados de los años 90 cómo les estaba prohibido asistir a la escuela a las niñas afganas, cómo las mujeres eran lapidadas por adulterio o golpeadas por mostrar un tobillo o usar zapatos de tacón alto, cómo es prohibido salir de la casa sin la compañía de un pariente masculino y cómo se les negaba asistencia médica ya que los médicos eran hombres.

Pero hasta ahí la algarabía. Nada de señalar, combatir y protestar ante el hecho que en los Emiratos Árabes, los maridos tienen todo el derecho de golpear a sus esposas con el fin de disciplinarlas, “siempre y cuando la paliza no sea tan severa que dañe sus huesos o deforme su cuerpo” aunque es usual que se les vaya la mano en el asunto. Ni una palabra.

En Arabia Saudita, las mujeres no pueden votar, conducir, mostrar sus caras o hablar en público con miembros del sexo opuesto que no sean sus familiares, hasta la ridiculez de que les esté prohibido hablar con un hombre ni a través de las ondas de radio. Aunque pueden ir a la escuela e, incluso, asistir a la Universidad; sólo está permitido si se sientan en habitaciones separadas pudiendo ver a sus profesores únicamente mediante los televisores de circuito cerrado.

Parece que el movimiento feminista ha perdido su camino. El ensordecedor silencio sobre los crímenes más brutales de ISIS lo hacen ver todo demasiado claro. Un asombroso silencio sobre los crímenes contra mujeres de ISIS ha prevalecido entre las feministas occidentales.

Hace pocas semanas, Human Rights Watch documentó un “sistema organizado de violación, agresión, esclavitud sexual y matrimonio forzado impuesto por parte de ISIS”. Las víctimas son principalmente mujeres y niñas Yazidi e iraquíes tan jóvenes como de 12 años de edad, a quienes además venden por menos del precio de un paquete de cigarrillos y, si las atrapan tratando de escapar, las torturan y hasta llegan a asesinarlas.

En mayo, la prensa kurda informó acerca de muchachas Yazidi que escaparon o fueron liberadas que contaron como permanecieron semidesnudas junto con otras chicas tan jóvenes como de 9 años, una de las cuales estaba embarazada cuando fue liberada. Las chicas eran olidas y examinadas por sus captores como animales para asegurarse de que eran vírgenes.

Estas atrocidades, que son crímenes de guerra y contra la humanidad quedan impunes. Empero, hoy las feministas estadounidenses y europeas no exigen de sus gobiernos el rescate de estas rehenes, ni exigen la intervención militar, ni apoyan a los millones de refugiados civiles iraquíes y sirios aterrorizados.

La próxima conferencia anual de la NOW (Organización Nacional para las Mujeres) no tiene en su agenda ni a ISIS, ni a Boko Haram. Mientras tanto, en la más reciente Conferencia de Estudios de la Mujer, el centro de la discusión con respecto a política exterior se centró en Palestina. Por supuesto, le achacaron a Israel el origen de todos sus males. ¿Qué pasa?

Es hora que hombres y mujeres– pero sobre todo el movimiento feminista mundial que tanto ha luchado y sacrificado por conseguir que las mujeres tengan en la sociedad el honroso puesto que se merecen – dejen de darle la espalda a millones de féminas que hoy sufren horrores sólo por serlo. ¿A Ud. no le parece? A mí, sí.

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de junio de 2015, 2:00 p. m. with the headline "ROLAND J. BEHAR: ¡Por favor, señoras!."

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