¿Es la política de Obama una cortina de humo?
Es desafortunado que la discusión sobre las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba se mantenga enfocada en el embargo. Esto oscurece lo que sucede en Cuba, ignorando consideraciones sobre lo que debería hacerse para liberar a los cubanos de forma que puedan escoger su propio destino.
Los cubanos aspiran a vivir en una democracia y con una economía de libre mercado que les permita mejorar sus vidas. Hasta el momento, los beneficiados por las reformas económicas más allá de rellenar fosforeras, hacer flores de papel o trabajar como barbero y otros oficios similares, han sido los militares, los agentes de la seguridad del estado y sus familiares y colaboradores.
El 17 de diciembre último, el Presidente Obama anunció que había conducido 18 meses de negociaciones secretas para normalizar las relaciones con La Habana. El general Raúl Castro excarceló a un rehén norteamericano que mantuvo en prisión durante cinco años – un empleado de la Agencia de Desarrollo de Estados Unidos sentenciado en un juicio amañado por haber obsequiado una computadora laptop y un teléfono satelitital a un pequeño grupo judío cubano que quería conectarse a la internet. El Presidente Obama liberó a tres espías cubanos, uno de los cual cumplía una sentencia de cadena perpetua por su participación en la planificación del asesinato de tres ciudadanos americanos y un residente de la Florida en dos avionetas civiles derribadas en espacio aéreo internacional por MIGs castristas. El Presidente dijo que Castro soltaría a 53 de sus presos políticos.
Algunos de ellos han vuelto a ser encarcelados, y a principios de enero Amnistía Internacional dijo haber recibido informes sobre “un aumento preocupante en el acoso y las detenciones a corto plazo de disidentes” durante el 2014. Advirtió que las excarcelaciones “no serán más que una cortina de humo si no son acompañadas por un mayor espacio de las libertades, incluyendo la libertad de expresión en Cuba”.
Esa cortina de humo es ahora sofocante. En los primeros cuatro meses del 2015, la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional reportó desde La Habana que 1,618 disidentes fueron arrestados. El incremento en la represión ocurre mientras que las negociaciones tienen lugar entre Washington y La Habana. Amnistía reportó que durante el 2013 se documentaron 6,424 detenciones políticas a corto plazo y 8,899 en el 2014.
¿Cómo puede pensarse que un régimen que incrementa la represión y el abuso durante las negociaciones será más tolerante, y respetuoso de los derechos humanos, después que sus fuerzas militares y de seguridad se fortalezcan tras una inyección de cientos de millones de dólares norteamericanos?
Informes de prensa indican que los diplomáticos cubanos y americanos sostuvieron reuniones “muy productivas”, pero después de dos años de negociaciones con el régimen, la represión y el abuso de los derechos humanos más fundamentales continúan. En febrero, The Guardian reportó que un grupo de artistas internacionales había condenado el arresto de la artista Tania Bruguera y la confiscación de su pasaporte por atentar “llevar a cabo un ‘performance’ sobre la libertad de expresión en La Habana”. Otros artistas también están en prisión por sus opiniones políticas y al intelectual Antonio Rodiles le prohíben viajar al exterior.
El 25 de mayo, más de 200 disidentes cubanos fueron arrestados, incluyendo a miembros de las Damas de Blanco, un grupo de madres, esposas e hijas de presos políticos que desfilan después de ir a misa los domingos. Ese día Yoani Sánchez escribió “Los domingos ya no son días apacibles y en familia… sino jornadas de golpes, amenazas y calabozos”.
El filósofo cubano Alexis Jardines, profesor en la Universidad Internacional de la Florida, concluye que “el Presidente Obama se aferra a la ilusión de que los cambios económicos resultantes de la normalización resultarán en cambios políticos”. El Presidente “no se pregunta por la naturaleza de esos cambios. De ahí que cometa el error elemental de negociar sin condiciones”.
En el nuevo “escenario de normalización”, Jardines dice, “la gente se define según apoyen una negociación incondicional con el régimen o una normalización de las relaciones que ponga sus miras en los intereses del pueblo cubano y no en satisfacer los caprichos de la dictadura de partido único, es decir, una negociación con condiciones tal y como indica el sentido común”.
Las conversaciones han durado tiempo suficiente para que la Administración cambie su énfasis y le pida aRaúl que les permita a los cubanos manifestarse, que les escuche y que tengan una voz a la hora de gobernar el país. La preocupación de los Estados Unidos sobre la violación de los derechos humanos en Cuba necesita tener prioridad.
Desafortunadamente, algunos parecen estar más interesados en los privilegios que obtendrán para hacer negocios en Cuba. Y esos negocios beneficiaran muy poco a las familias cubanas a mejorar sus vidas.
Independientemente si el régimen de Castro es aceptado plenamente por Washington, los cubanos recuperarán su libertad y reconstruirán su nación. Cuando lo hagan, y lo harán, esperemos que olviden el tan lamentablemente equivocado capítulo en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba y recuerden que el pueblo americano estuvo a su lado y no del lado de la dictadura represiva castrista durante más de medio siglo.
Quizás no sea demasiado tarde para que el Presidente Obama reconozca que el futuro de Cuba pertenece a los cubanos y no a la criminal dinastía que malgobierna a la nación cubana.
James C. Cason sirvió durante 38 años en el servicio diplomático de EEUU, fue jefe de la Misión norteamericana en La Habana durante tres años. Actualmente es el alcalde de Coral Gables.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de junio de 2015, 3:15 p. m. with the headline "¿Es la política de Obama una cortina de humo?."