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Bolivia necesita de un camino medio para acabar con la polarización | Opinión

El presidente de Bolivia, Luis Arce, a la izquierda, camina con el expresidente Evo Morales durante una marcha denominada “Marcha por la Patria”, en El Alto, Bolivia, el lunes 29 de noviembre de 2021. (AP Foto/Juan Karita)
El presidente de Bolivia, Luis Arce, a la izquierda, camina con el expresidente Evo Morales durante una marcha denominada “Marcha por la Patria”, en El Alto, Bolivia, el lunes 29 de noviembre de 2021. (AP Foto/Juan Karita) AP

¿Qué tanto ha cambiado Bolivia? Fue una pregunta incisiva de un compañero con quien yo y otros amigos, en 1981, celebramos una graduación estudiantil inolvidable en el colegio San Francisco de la ciudad de La Paz.

Mi respuesta fue obvia, pero no dejó de sorprenderle. Bolivia ha cambiado mucho y para siempre. La estructura social es otra y, por consiguiente, la estructura política y jurídica y la burocracia tuvieron que ajustarse a esos cambios.

El modelo de la economía boliviana, por su parte, no es la misma de la década de 1970, pero tampoco es nueva. El modelo existente de hoy es estatista, aunque no deja de depender del sector privado.

Durante una gran parte de la década de 1970, Bolivia vivió un clima de estabilidad con la gestión de la dictadura del General Hugo Banzer Suárez (1971-1978). Su liderazgo inflexible produjo “orden, paz y trabajo”, pero también quebrantó las libertades individuales y violó los derechos humanos.

La retórica anticomunista de Banzer tuvo un buen recibimiento con el gobierno estadounidense de Richard Nixon, cuya administración colaboró con su llegada al palacio de gobierno.

El proyecto populista del General Juan José Torres, antecesor de Banzer, no coincidió con los objetivos políticos de Estados Unidos. Por consiguiente, Nixon puso su granito de arena en el golpe de Estado que perpetró Banzer en 1971.

Convertido en nuevo dictador, Banzer inmediatamente se resguardó bajo el manto de la inversión extranjera. Su gobierno lideró interesantes proyectos; no obstante, su dependencia en capitales extranjeros condujo a una deuda externa histórica que destrozó la economía boliviana a futuro.

Así, Banzer convocó a elecciones presidenciales no por ética democrática, sino porque no quiso responsabilizarse de los desmanes que produjeron sus políticas económicas.

Por otro lado, durante su gobierno, la clase dominante se caracterizó por su aferro al castismo y una ideología racista contra lo indígena. Esa misma cultura discriminatoria produjo finalmente la reinvención indígena y su crecimiento dentro la esfera política de Bolivia.

Hoy, los grupos indígenas dominan las altas esferas de gobierno. Su ideología tuvo consecuencias positivas en la liberalización del racismo institucional, pero su ancestralismo y algunas posturas radicales de izquierda crearon fisuras en el seno de la sociedad boliviana, incrementando la polarización de la sociedad entre el Oriente vs. Occidente (La Paz vs. Santa Cruz).

La “marcha por la patria”, liderada por el ex presidente Evo Morales indujo más a esa polarización. La retórica recalcitrante de algunos miembros del Movimiento Al Socialismo (MAS) quebrantó el camino del diálogo.

Bolivia no necesita de polarización. Bolivia necesita un liderazgo medio que fusione estas dos tendencias regionales.

Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move. E-mail: hcletters@yahoo.com.

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de diciembre de 2021, 2:53 p. m..

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