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Latinoamérica en el ojo del huracán del conflicto en Ucrania | Opinión

El enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia por motivo de Ucrania, está tomando el aspecto de una Guerra Fría que puede llegar a involucrar a gran parte del mundo.

Algunos analistas políticos consideran que, si los enfrentamientos empeoran, podrían convertirse en el preámbulo de una Tercera Guerra Mundial. Sin duda, en este momento existen muchos de los síntomas que existieron cuando ocurrieron las confrontaciones mundiales del siglo XX. Hay un amenazante descontento generalizado, un incremento del hambre y la pobreza causados por la pandemia y un peligroso desgaste de la democracia.

En este momento ya se están alineando los poderes y conformando los bandos que serán aliados o enemigos. Por un lado, Estados Unidos y las naciones europeas que conforman la OTAN, han sido relativamente claros en que respaldarán a Ucrania como nación independiente.

Por otro lado, Rusia insiste en tener control sobre Ucrania, o por lo menos, una participación real en su gobierno. China ha declarado que no permitirá la intervención de Estados Unidos, o la OTAN en el asunto.

¿Qué significa esto para Latinoamérica? Muy sencillo: que estamos abocados a quedar en el ojo de este peligroso huracán. Bien sabemos de la amistad que ha existido entre Vladimir Putin y Venezuela, amistad que viene desde antes de la muerte de Hugo Chávez y que hoy continúa con Nicolás Maduro. Esta amistad está tomando características, que se podrían llamar “belicosa”.

El 13 de enero, Sergei Ryabkov, viceministro de exterior ruso, aseguró que “no podía confirmar ni excluir la posibilidad de que Rusia establezca una infraestructura militar en Cuba y Venezuela”, y continuó diciendo: “Todo depende de las acciones de nuestros homólogos estadounidenses”.

Más recientemente, el embajador de Rusia en Venezuela reiteró la propuesta de cooperación militar entre Moscú y Caracas. El motivo que da el Kremlin para hacer tal oferta es que el poder de la OTAN, que ellos consideran “agresor” para la seguridad de su nación, se ha extendido en Latinoamérica a través de la amistad de Colombia, nación vecina de Venezuela, con Estados Unidos.

Colombia tiene, en el momento, cerrada su frontera con Venezuela. Uno de los motivos de tal situación es la protección que el régimen de Maduro da a grupos narcoguerrilleros colombianos, como las disidencias de las FARC y el ELN, los cuales efectúan sus fechorías en Colombia y, luego, incólumes, pasan la frontera y se refugian en el vecino país.

Sospechosa y coincidencialmente, en los últimos días, en pueblos colombianos de Arauca al otro lado de Apure, Venezuela, se han presentado sangrientos ataques en Saravena, Fortul, Tame y Arauquita, contra la población civil y las fuerzas militares colombianas que han dejado un alto saldo de muertos, heridos y desplazados.

¿Son estos ataques un intento de causar problemas al Estado colombiano en vísperas de elecciones? ¿Son una interferencia camuflada y agresiva de Maduro contra el presidente Iván Duque? ¿O son parte de una estrategia más compleja que incluye el ataque a un aliado estadounidense por parte del Kremlin y su aliado suramericano Maduro?

¡Esto suena mal! Hay un dicho que dice: “cuando los elefantes pelean lo que destruyen es la grama”. Esta pelea entre gigantes nos puede dejar, a los latinoamericanos, muy lastimados. Ojalá no nos usen como “peones” de ajedrez, en esta Guerra Fría que amenaza en convertirse en huracán.

María Clara Ospina es una escritora colombiana. Twitter: @mclaraospina.

Esta historia fue publicada originalmente el 31 de enero de 2022, 7:00 a. m..

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