Con sus acciones en Ucrania, Putin ya ha perdido | Opinión
En una reunión en marzo de 2011, siendo Joe Biden vicepresidente, Vladimir Putin le advirtió que los rusos no pensaban como los occidentales. “Ustedes nos miran, ven nuestra piel [blanca] y asumen que pensamos como ustedes. Pero no es así”.
En aquel encuentro estuvo presente el entonces embajador estadounidense en Moscú, Michael McFaul, que es quién lo ha recordado esta semana en televisión.
Probablemente es una de las pocas verdades que ha dicho en su vida el exespía de la KGB soviética y actual jefe del Kremlin: su mentalidad es muy distinta a la nuestra. La suya es agresiva, acomplejada, irracional. Por eso no ha sabido calcular la contundente reacción que su ofensiva contra Ucrania iba a suscitar en Washington y en las capitales europeas, más unidas que nunca frente a su locura militarista.
El lunes lo demostraron preactivando un paquete de sanciones y otras medidas sin precedentes tras la diatriba de Putin reconociendo las zonas separatistas de Ucrania y enviando allí tropas, lo cual equivale a un robo de territorio para facilitar la invasión de todo el país, algo que según alertan las agencia de inteligencia puede producirse en cualquier momento. En su diatriba transmitida por TV no dejó, como era de esperar, ninguna puerta abierta a la diplomacia.
No sería exagerado decir que el 21 de febrero de 2022 comenzó una nueva era, una nueva Guerra Fría, mucho más helada que la anterior dado que esta vez no existen tratados vigentes que frenen la situación en caída libre a un abismo inimaginable.
Y cuando antes me refería a la tajante reacción de Washington en vez de mencionar exclusivamente al presidente Biden, que es quien decide la política exterior, es porque Putin ha conseguido lo que parecía imposible en estos tiempos polarizados: unir a demócratas y republicanos en el Congreso, en defensa de la soberanía de Ucrania y de los principios que han regido la seguridad y la paz mundial desde la Segunda Guerra Mundial.
Ni ha podido explotar divisiones políticas domésticas ni tampoco todo lo demás que buscaba. Pretendía debilitar a la OTAN y la ha fortalecido. Pretendía fomentar la división entre Biden y la Unión Europea y los aliados han unido filas en torno al liderazgo del presidente americano. Pretendía desprestigiar a Estados Unidos y se ha desprestigiado y arrinconado él mismo. De hecho, Vladimir está haciendo “¡América great again!”.
El planeta entero está viendo que aquí el único agresor es Putin. El único que no quiere negociar una salida y para ello ha impuesto condiciones inaceptables de que la OTAN básicamente se autodestruya, y le deje vía libre para rehacer y expandir el antiguo imperio soviético. También el planeta entero está viendo que aquí el único que ha intentado impedir una guerra que incendie el mundo es Biden, con apoyo de los aliados.
En el trasfondo subyace la gran batalla de nuestro tiempo entre autocracia y democracia. Eso es lo que hay que tener presente a cada paso que dé el sátrapa de Moscú, y todos los demás enemigos de la libertad.
En los últimos 75 años no ha habido ninguna guerra entre las potencias. Ninguna nación ha invadido a otra en Europa. Y ningún país ha desaparecido del mapa terráqueo porque otro lo haya conquistado. Salvo conflictos civiles aislados, el descenso belicista global ha sido el mayor triunfo político y moral de la civilización moderna. Eso es lo que ahora está en peligro.
Si Putin se saliera con la suya en Ucrania, con su “forma de pensar” nada le detendría para intentar conquistar a golpe de misil a las otras naciones satélite de la antigua Unión Soviética, hoy soberanas y muchas de ellas democracias pertenecientes a la OTAN.
Precisamente al desestabilizar Ucrania intenta no solo impedir que ingrese en la OTAN sino que fracase su democracia. Necesita que fracase no sea que inspire una rebelión del pueblo ruso pidiendo una democracia liberal que ponga fin a su zarismo cleptocrático.
La invasión de Ucrania significaría el regreso a la ley de la selva. A un futuro hobbesiano en estado crónico de guerra y desorden. Como pretende Putin para aplacar sus complejos históricos de imperio enano desde la caída de la Unión Soviética, que considera “la mayor catástrofe del siglo XX”.
El capo del Kremlin cree que Washington dictó injustamente los términos de la paz al final de la Guerra Fría y ahora busca la revancha contra EEUU, Occidente y quien se interponga en su camino.
Revancha a cualquier precio. Incluida la masacre de miles de inocentes y el exterminio de opositores ucranios. Esta semana Estados Unidos informó a Naciones Unidas que Moscú está elaborando una “lista” de ucranios para ser “asesinados, torturados o enviados a campos de internamiento después de la invasión”, según publicó The Washington Post.
Para contextualizar el momento que estamos viviendo hay que recordar que la “arquitectura de seguridad”, el llamado orden internacional, sobrevivió incluso durante la Guerra Fría, reforzada por los Acuerdos de Helsinki en 1975 (Ford-Brezhnev) y otros posteriores, incluido el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF, por sus siglas en inglés, firmado por Reagan y Gorbachev) en 1987 sobre Armas Nucleares de Medio Alcance. Todos prácticamente violados por Putin desde su llegada al poder en el 2000. Al igual que violó las fronteras de Georgia en 2008, y se anexionó el territorio ucraniano de Crimea en 2014.
Esta vez sin embargo, la invasión de Ucrania es inmensamente más grave, con repercusiones impredecibles. El único motivo del dictador ruso no es adueñarse de Ucrania, ese es el más inmediato y visible, pero el principal es acabar con la OTAN, o al menos debilitaría y, en última instancia, expulsar a Estados Unidos de Europa y desmantelar el orden internacional.
Cualquiera que sea el plan último de Putin para recuperar y expandir la esfera de influencia de la era comunista, ya ha cruzado el Rubicón. Las consecuencias económicas, políticas y humanas serán catastróficas para Ucrania. Pero también para Rusia. Y quién sabe si para el resto del mundo. La única cosa cierta es que Putin ya es un paria, en camino al basurero de la Historia.
Rosa Townsend es periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de febrero de 2022, 4:05 p. m..