La cadena de suministros, pandemia, inventarios reducidos y escasez | Opinión
Leo en la prensa que otra vez han comenzado a escasear las fórmulas de leche para bebés. Las farmacias CVS y Walgreens confirmaron a NBC News que implementarían límites de compra a esos productos. La causa principal, explican, se debe a que los problemas que ya existían en la cadena de suministros se vieron agravados por un retiro masivo de fórmula producida en una planta de Abbott Labs en Michigan.
¿La cadena de suministros? Ya la había olvidado. Oí hablar de ella por primera vez en medio de la pandemia cuando se agotó el papel sanitario en Costco. Todos la mencionaban sin saber de qué se trataba. Lo intuían, sí. Pero no creo que nadie —a menos que fuese un economista— lo supiese realmente.
Sin embargo, desde aquellas primeras escaseces (¿recuerdan la de los microchips?) ha corrido mucha tinta. Se escribieron tantos artículos sobre la tristemente célebre cadena que ya todos —o casi todos— conocemos sus eslabones: fábricas (en China, Vietnam o Corea del Sur), aduanas marítimas (en Europa o Asia), contenedores marítimos (secos, refrigerados o de techo abierto) y finalmente los transportistas, ya sea un experimentado truck driver de Long Beach o un rastrero cubano de Hialeah que sufre por las largas esperas en el Puerto de Miami.
Lo cierto es que cuando algunos de estos aparentemente simples eslabones se rompen (el cierre de una planta al otro lado del mundo, un buque mercante encallado en el Canal de Suez o una huelga de camioneros por el alza de los precios del combustible en California), la cadena patina y con ella, tal como la conocíamos, nuestra vida diaria.
De repente, se retrasan los aviones, las instalaciones de cercas de PVC en los patios quedan inconclusas y los autos nuevos (el que queremos, al menos) no llegan a los concesionarios.
Es verdad que estas contrariedades, comparadas con las muertes ocasionadas el año pasado por la pandemia y por el horror de la actual guerra en Ucrania son, cuando menos, sencillamente frívolas. Pero es que estábamos acostumbrados a poder comprarlo todo con solo oprimir una tecla en nuestra computadora cuando aparecía, casi como una orden, la frase: Place your order now.
Es por eso por lo que, insensibles, protestamos y culpamos a la cadena de suministros. Pero, en realidad, ella no es la única causante. Hay que considerar también, según los expertos, a la pandemia del coronavirus (por la que muchas fábricas chinas cerraron), así como al sistema conocido como “Just in Time” (comprar materiales solo cuando se necesiten), adoptado por las industrias estadounidenses para reducir inventarios. Una tormenta perfecta, la llaman.
¿Cuándo terminará esta escasez? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Algunos economistas pronostican que, en medio de una inflación galopante, posiblemente se extienda hasta el próximo año. Y aunque es cierto que ya no se ven tantos estantes vacíos en las tiendas y el uso de mascarillas comienza a ser algo del pasado, la cadena de suministros sigue patinando.
Las empresas constructoras siguen teniendo dificultades para conseguir pinturas y papel de techo. Y los microchips que calientan los asientos en los autos nuevos, para desgracia de nuestros malcriados consumidores, siguen sin llegar. Pero no hay de qué preocuparse. Algunos analistas —los más optimistas— nos aseguran que todo pasará. Como pasan las tormentas; aunque sean perfectas. Estoy seguro de que las fórmulas de leche para bebés pronto volverán a estar en los estantes.
Manuel C. Díaz es un escritor cubano: manuelcdiaz@comcast.net. Su libro más reciente es “Escritores cubanos exiliados: sesenta reseñas literarias”, publicado por Ediciones Universal.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de mayo de 2022, 7:32 p. m..