Soñadores en EEUU afrontan una pesadilla migratoria | Opinión
Un tribunal de apelaciones asestó este miércoles un duro golpe a las aspiraciones de miles de jóvenes inmigrantes de establecerse en Estados Unidos.
El tribunal federal de apelaciones del Quinto Circuito declaró que el gobierno de Barack Obama no tenía la autoridad legal para crear el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA por sus siglas en inglés), que ofrece protección contra la deportación y permisos de trabajo a casi 600,000 inmigrantes que arribaron al país cuando eran niños, traídos por sus padres. Estos inmigrantes son conocidos como Dreamers (Soñadores), por el proyecto de ley Dream (Sueño), que se propuso hace más de una década para evitar la deportación de extranjeros menores de edad.
La ley Dream se redactó en el año 2001 y aún no se ha aprobado en el Congreso. Para aliviar la situación de los Soñadores, el presidente Obama creó el programa DACA en 2012 mediante una orden ejecutiva. Esta semana, el tribunal de apelaciones concluyó que la acción de Obama iba en contra de las leyes nacionales de inmigración, y que por lo tanto DACA es ilegal.
No obstante, el tribunal no ordenó que el gobierno de Joe Biden cancelara DACA por completo. Permitió que de momento se mantengan las protecciones a los beneficiarios actuales, pero prohibió que se aprueben nuevas solicitudes.
El presidente Biden se manifestó decepcionado con la decisión del tribunal sobre DACA. “La corte da a los beneficiarios un alivio temporal, pero una cosa queda clara: las vidas de los Soñadores siguen en el limbo”. El secretario del Departamento de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, denunció la “incertidumbre que [la decisión del tribunal] crea para familias y comunidades en todo el país”.
Los beneficiarios de DACA pueden vivir y trabajar legalmente en Estados Unidos, pero no tienen derecho a obtener la residencia permanente o la ciudadanía. Sus defensores señalan que la mayoría de estos jóvenes vinieron al país cuando eran muy pequeños, se han criado aquí, muchos ni siquiera han estado en su país de origen, y un gran número de ellos no habla español, sino inglés. Su cultura, sus hábitos, sus ideas y sus sueños son estadounidenses.
Sin embargo, no han logrado que el Congreso les otorgue la condición de residentes ni una vía para hacerse ciudadanos de Estados Unidos.
La negativa a legalizar la estancia de los Soñadores forma parte del juego por el poder político en el que los defensores de un nacionalismo extremista utilizan a la inmigración como argumento de falacias para desacreditar a sus rivales en el Capitolio y en la Casa Blanca.
Entre esas mentiras está la de una invasión de inmigrantes en una descontrolada frontera meridional, y la intención de los demócratas de dar ayuda pública gratis y derecho al voto a los indocumentados.
Estas falsedades, así como teorías conspirativas de ultraderecha sobre un reemplazo de la población blanca de Europa y Estados Unidos por inmigrantes de otras etnias, han calado en la imaginación de muchos electores. Los nacionalistas y los extremistas de derecha pueden ganar terreno en estas próximas elecciones, mientras los Soñadores, que deberían recibir una merecida ciudadanía estadounidense, siguen atrapados en una incertidumbre que podría terminar en una pesadilla migratoria.
Andrés Hernández Alende es un escritor, periodista cubanoamericano y ex editor de la sección de Opinión de el Nuevo Herald. Su novela más reciente, “La espada macedonia”, fue publicada por Mundiediciones.