GUILLERMO DESCALZI: Hipocresía atómica
La carrera atómica ya se dio y ya terminó en el Medio Oriente. El ganador es Israel, que en este momento cuenta con un arsenal de bombas nucleares… pero nadie quiere hablar de eso. ¿Por qué será? Lo han negado todos los gobiernos israelíes pero Netanyahu va más allá: Advierte a los cuatro vientos que el acuerdo desencadenará esa carrera que Israel ya ganó. Eso señores, es una hipocresía del primer orden.
Los servicios de inteligencia de las potencias mantienen satélites que den el alerta en caso de ataque atómico. Uno de los satélites de Estados Unidos detectó en 1979 una explosión sobre el Índico sur. Los organismos de inteligencia saben lo que pasó. Al mundo le llegó solo la especulación de un ensayo nuclear conjunto de Sudáfrica e Israel.
Es conocido como el ‘Incidente de Vela’. Estados Unidos había puesto en órbita varios satélites ‘Vela’. El N° 6911 captó una explosión atómica entre Cabo de la Buena Esperanza y la Antártida, por las islas Crozet y Prince Edward en la madrugada del 22 de septiembre. La versión de quienes lo niegan es que fue un meteoro que explotó en la atmósfera.
Sudáfrica llegó a tener hasta seis bombas nucleares en la década de 1980, en colaboración con Jerusalén. En 1992, cuando se estaba por cambiar de régimen, Pretoria se deshizo de sus bombas. Es la única vez que un gobierno lo haya hecho voluntariamente. No se sabe por qué, si porque vieron la luz o anticiparon el cambio por ocurrir y no quisieron confiar sus armas al gobierno ‘negro’ de Mandela. Una manera de ‘desaparecerlas’ era entregarlas a su ‘socio atómico’, Israel. ¿Sería así?
David Ben Gurión dijo: “Si Einstein, Oppenheimer y Teller, tres judíos, pudieron hacer la primera bomba para Estados Unidos, entonces nuestros científicos pueden hacerla para nosotros”. El programa nuclear de Israel comenzó en 1949. En los setentas, quizás antes, ya tenían su bomba, por lo que felicito a Israel. Es natural, rodeado de gobiernos aullando contra ellos, que quieran seguridad, pero su gobierno se comporta como si fuese virgen atómica… Mantiene una ambigüedad nuclear que no dice nada al mismo tiempo que se niega a firmar el Tratado de No Proliferación.
Al acuerdo nuclear con Irán le falta solo que el Congreso le dé el pase o, si lo rechaza, que el presidente lo vete y haga prevalecer su veto… o no. Netanyahu dice que legitimiza el programa de Irán. ¿Y qué de la legitimización, con el silencio de todos, de su propio arsenal? ¿Qué de eso? También dice que permitirá que Irán tenga su bomba en 10 a 15 años, o antes. ¿Y sus bombas obtenidas no en 10 o15 años más sino a lo largo de décadas atrás?
El acuerdo inyectará un mínimo de 120,000,000,000, ciento veinte mil millones de dólares en las arcas iraníes. Netanyahu advierte de su amenaza para Israel y el mundo. Lo que no dice y no va a decir es que Estados Unidos ha inyectado un mínimo de 233,000,000,000, doscientos treinta y tres mil millones al tesoro israelí, lo que está muy bien. Felicito a mi país, Estados Unidos, por apoyar a Israel, pero que su gobierno vea lo que recibe y deje de quejarse, especialmente cuando el dinero para Irán no es americano, es del mismo Irán congelado desde su revolución. Además: la miseria no es amiga de nadie y a Irán hay que calmarlo, no tratar matarlo de hambre porque se alzaría en armas y, además, no se puede porque tendríamos que matar a todos los chiitas en toda la región, no solo en Irán.
Esta no es una apología al extremismo, que mucho daño hace. Es una denuncia a la intransigencia de Israel con los árabes y la intransigencia árabe-musulmana con Israel. Es, además, hipócrita: quienes practican el apartheid religioso –en ambos lados– no tienen derecho de acusar de rechazo a los otros.
Para que haya paz se necesita aceptación, un riesgo mutuo. Los árabe-musulmanes están en esta lucha sangrienta entre ellos y ni Israel ni Estados Unidos lo van a ‘resolver’. El suyo es problema suyo, que se resuelvan entre los suyos hasta definirse. Cuando lo hayan hecho, querrán limpiar sus destrozos, buscarán aceptación y ganará la moderación porque el extremo nunca dura, por algo es extremo: más allá no hay nada. Ese será el momento para la paz, mientras tanto solo hay que contener su guerra en su región. El terrorismo no justifica nuestra intervención, y es contraproducente.
Nadie va a obligar a nadie. Que ni los árabe-musulmanes ni Netanyahu y su ultraderecha se quejen y engañen más. La verdad no es hipócrita y para la paz tiene que haber verdad.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de agosto de 2015, 0:58 p. m. with the headline "GUILLERMO DESCALZI: Hipocresía atómica."