El (a)toro y el veneno
Los republicanos han retomado el Senado para evitar el gobierno de Obama, porque eso es lo que hacen, evitar que gobierne. Perdieron el Senado con G.W. Bush en su última elección intermedia, la del 2006. Obama también pierde el Senado en su última elección intermedia. ¿Será que la administración Obama es equivalente a la de Bush? En cierta manera sí, con una diferencia: A Obama le imponen la incompetencia bloqueando sus acciones. Bush parece haber adolecido de incompetencia au naturel, sin que nadie se la imponga.
La victoria republicana no se debe a sus planes de gobierno. Es por juego político, y la perspectiva es pobre para un gobierno funcional. No especifican lo que quieren pero son expertos en detallar lo que no quieren. Habían pasado solo horas de la elección cuando el futuro líder del Senado, Mitch McConnell, advertía del peligro de una acción ejecutiva en reforma migratoria. Sería, dijo, como agitar rojo ante un toro, pero allí no hay toro. Lo que hay es atoro, y el atorador es McConnell en un papel increíblemente preventivo tras este fin de semana, cuando un grupo conservador en la Colina del Capitolio dejó muy en claro que estos serán, para ellos, años de enfrentamiento e intolerancia.
No había pasado una hora de la declaración de McConnell y Obama salía insistiendo que actuará unilateralmente en inmigración. Luego estuvo el speaker Boehner diciendo que Obama ‘envenenará’ el pozo legislativo, pidiéndole que deje actuar al Congreso. Ya hay reforma de inmigración aprobada en el Senado. Boehner rehúsa someterla a voto en la Cámara. ¿Quiere que el presidente lo deje actuar? Hágalo. Allí está, esperando su voto, la ley aprobada en el Senado. El veneno parece ser Boehner.
Los líderes de la futura mayoría bicameral tiran piedras y esconden la mano, quizás para tranquilizar a su extrema derecha, pero la cosa es clara: Tienen el escenario listo para atracar, gastar, malgastar y desgastar.
McConnell será el atoro preventivo, y Boehner el envenenador quizás igualmente preventivo del pozo legislativo. A Obama no le queda otra que enfrentarlos o capitular, y no capitulará porque sería rendir la presidencia dos años antes de su fin constitucional. Por allí va lo que buscan los lideres republicanos, un enfrentamiento constitucional que deje a la Casa Blanca atada de pies y manos en la miasma política de Washington.
Anticipen disfunción múltiple por reyerta general. No esperen confirmación expedita para Loretta Lynch como procuradora general de Justicia porque los republicanos no cooperarán. Lo mismo con los nombramientos de jueces y procuradores distritales, y anticipen una crisis decidida y destapada de darse una vacancia en la Corte Suprema. Luego: Boehner y McConnell tendrán los números suficientes para hacer prevalecer su versión del cambio climático y conservación ambiental. El oleoducto Keystone tendrá sus votos.
Cuando más va a gozar la nueva Pareja Congresional; tras la elevación de McConnell, es desarmando o tratando de desarmar el Obamacare. Obama ejercerá su derecho al veto y todo pasará a determinarse en la elección del próximo presidente, lo cual es una pésima estrategia para los republicanos porque el Obamacare, por si no se han dado cuenta, es popular. ¿Qué el gobierno subsidia el seguro de los pobres? ¿Qué hay de malo en eso si el gobierno subsidia a las corporaciones con mil exenciones, créditos y depreciaciones? ¿Estará bien subsidiar a los ricos, no a los pobres?
La acción en Washington estará orientada al 2016. Entre el Congreso y Casa Blanca habrá rencilla permanente con excepción de la guerra, otro desastre. En su rebus belli, obras de guerra contra Isis, Obama continúa hundiéndose sin necesidad de que lo amarren. Su cooperación consistirá en pedir autorización del Congreso cuando necesite algo. Será fatal si pide autorización para poner tropa en tierra, y no solo por tirar dinero. Será tirar vidas americanas.
No hay manera de salir victoriosos de Siria e Irak. Una victoria americana querría decir instalar una facción sobre las demás, y mantenerla instalada sobre distintos pueblos en distintos países a través de múltiples décadas. Eso no va a pasar. La lección de Vietnam debería estar presente en nuestra estrategia. Cuando los monjes budistas empezaron a inmolarse, allí se acabó todo. En el mundo islámico árabe acaban cuando se meten los ayatolas y mulahs. Así fue cuando Khomeini se metió en Irán, y lo que había sido una revuelta se volvió revolución. Lo único cuerdo en guerras religiosas, especialmente de mil años como esta, es dejar que se la resuelvan entre ellos. ¿Lo hará la Casa Blanca? Difícilmente porque los partidos actúan como si fuéramos el Estados Unidos de la postguerra, especialmente los republicanos que nunca, desde Truman, habían tenido tal mayoría en la cámara baja, y mayoría bicameral. Paciencia. Necesitaremos mucha porque quedan dos años más… …de esto.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de noviembre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "El (a)toro y el veneno."