Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Columnistas & Blogs

DANIEL MORCATE: No somos chinos


Una maestra con sus estudiantes de álgebra en Michigan. Las pruebas de aprovechamiento escolar se han convertido en una obsesión.
Una maestra con sus estudiantes de álgebra en Michigan. Las pruebas de aprovechamiento escolar se han convertido en una obsesión. AP

Es una constante de la historia que los pueblos sufran locuras colectivas. Algunas son catastróficas, como la de los alemanes durante la era nazi, la peor que registra nuestra memoria. Otras no llegan tan lejos pero igual dan vértigo. Una en EEUU es la manía de proclamar fallida nuesta educación pública y exigir como reparación más “testing”. De estudiantes. Y de maestros. Nuestra enseñanza pública, desde los 80, se ha (des)orientado en esa dirección. Es una obesión como la del marxismo en su día: no importa cuánto la desmienta la realidad, muchos se aferran a ella. Un objetivo es acomodar la realidad a nuestros prejuicios, especialmente cuando nos cansamos de tratar de entenderla. Pero las consecuencias pueden ser nefastas si no surgen personas con suficiente independencia de criterio como para decir alto ahí, señores, que las cosas son como son y no como quisieran ustedes que fueran. Tratemos, pues, de entenderlas, en vez de falsificar la realidad. Uno de esos bicefálicos hoy es el doctor Yong Zhao, profesor de la Universidad de Oregon y autor de un libro que todos nuestros mandameses deberían leer… para luego someterse a un minucioso “testing” de conciencia.

Nuestra obsesión nacional con el “testing” nació durante la presidencia de Reagan cuando una comisión de educación publicó A Nation at Risk, estudio que advertía del supuesto rezago de nuestra educación pública y la comparaba desfavorablemente con la china, especialmente la de Shangai, y otros países asiáticos. Desde entonces, un presidente tras otro ha repetido como papagayo la cantaleta. George W.H. Bush la enfatizó en America 2000, reforma educativa que recomendaba toneladas de exámenes. Su sucesor, Bill Clinton, hizo lo mismo con Goals 2000 en 1994, cuando los dineros federales comenzaron a fluir hacia el “testing”. Lo mismo ocurrió con “No Child Left Behind”, de George W. Bush en el 2002, programa delirante que exigía examinar rigurosamente en lectura y matemáticas a todos los alumnos de entre tercer y octavo grados. Ni corto ni perezoso, el Presidente Obama le subió la parada con su “Raise to the Top”, el cual ofreció $4 mil 350 millones a los estados que mejor prepararan a los alumnos mediante complejos sistemas de “testing” que cada uno debía adoptar por su cuenta.

Pero ahora entra en escena el doctor Zhao, quien estudió en China antes de exiliarse y complementar sus estudios en Occidente. Zhao ha publicado “¿Por qué China tiene el mejor (y el peor) sistema de educación del mundo? La respuesta es sencilla: es el mejor porque los alumnos chinos en efecto logran las más altas puntuaciones en los exámenes. Pero también es el peor porque las logran sacrificando “la creatividad, la diversidad de pensamiento, la originalidad y el individualismo”. Y el lugar por excelencia donde esto ocurre es en Shangai, cuyo sistema de enseñanza tanto embelesa a políticos y burócratas norteamericanos. El objetivo, enfatiza Zhao, es preparar a los chinos para el sistema autoritario y jerárquico de sociedad que ha existido en el país desde hace dos mil años. Este sistema, que hasta 1905 se llamó keju, explica por qué “China no tuvo Renacimiento, ni Ilustración ni Revolución Industrial”, subraya Zhao. Y por qué hoy tampoco tiene Premios Nobel, agrego yo.

Además de bajar la cabeza ante el poder, la única forma de progresar en China es sacando altas puntuaciones en exámenes. Para ello estudiantes y padres, advierte Zhao, pagan costosos colegios donde los alumnos se preparan para el testing de 6 y 30 AM a 10 y 30 PM cuando regresan a casa… a hacer tarea. También cometen fraude, como sucede ya en nuestros propios sistemas escolares. Y otras naciones asiáticas —consideradas asimismo modelos de enseñanza por nuestros genios de la enseñanza— copiaron el sistema chino desde hace siglos.

Para aplacar la manía del testing, ¿bastará con recordarles a nuestros políticos y burócratas que valoramos la creatividad, la originalidad, la diversidad y el individualismo, en otras palabras, que no somos chinos? Por supuesto que no. Lo que hace falta es la rebelión popular ya en marcha contra esa obsesión, rebelión a la que cada vez se suman más estudiantes, padres y educadores que ahora hemos encontrado en el doctor Zhao una rica fuente de estímulo e inspiración.

Esta historia fue publicada originalmente el 12 de noviembre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "DANIEL MORCATE: No somos chinos."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA