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Los hispanos y la orden ejecutiva

El presidente Obama debe estar deseando haber aprobado la reforma de inmigración en su primer año en la Casa Blanca, tal como prometió. También los republicanos deben estar deseando haber aprobado la legislación hace seis meses en vez de arrastrarla hasta la temporada de primarias presidenciales que está empezando. Ambas partes se llevaron a sí mismas a posiciones donde es difícil dar un paso sin correr un gran riesgo político. Pocos cuestionan la sensatez del presidente en su reciente Acción Ejecutiva sobre inmigración, la política está bien: la gran preocupación es el procedimiento.

Si el presidente está o no exagerando su autoridad es un debate que por ahora está en manos de abogados constitucionalistas pero todo el mundo sabe que la reforma de inmigración hace falta. En el mejor de los casos, la Acción Ejecutiva es sólo una medida temporal que no puede otorgar una nueva visa ni tampoco recaudar dinero para la muy necesitada seguridad de la frontera. A una reforma de importancia le hace falta una acción legislativa. Los republicanos tendrán que tomar una decisión inteligente, lo que significaría que presentarán un proyecto de ley que será sometido a votación o podrían actuar torpemente y paralizar la legislación. Ello no quiere decir que los republicanos no puedan enfrentarse a la autoridad del presidente: pueden hacerlo y lo harán. Al mismo tiempo también pueden promulgar la legislación y hacer que el país dé un paso de avance. Los líderes del Congreso que se interesan por el 2016 debían saber que los votantes hispanos también saben esto.

Los recientes ciclos electorales acaban de demostrar que los hispanos cada vez son menos leales a ningún partido político y que muchos, como ocurre en estados indecisos como la Florida, aparecen inscritos como independientes. Se trata de una población joven. A medida que los nacidos en Estados Unidos maduran, cambian el panorama político al reclamar legalmente a sus padres, de los cuales muchos se encuentran entre los millones de inmigrantes indocumentados que viven en el país. Con reforma de inmigración o sin ella muchos indocumentados se convierten en ciudadanos pero hay una mejor forma de hacerlo que marginando a las familias.

Tras ser ignorados durante décadas, ¿acaso sorprende que los hispanos se sientan despreciados por los dos partidos? Lo cierto es que lo han sido; durante muchos años los votantes hispanos han sido menospreciados.

Los demócratas están preocupados porque perder el apoyo hispano los dañará, toda vez que los latinos son un componente crítico de su coalición de apoyo, sobre todo en las elecciones presidenciales. Los votantes hispanos se sintieron marginados por los demócratas en las elecciones de mitad de período y en muchos distritos le dieron un respaldo de 40% y más a los republicanos, en parte porque el Partido Republicano tiene más solidez que antes. En la actualidad, los votantes hispanos están más indecisos, lo que para los demócratas podría presentar un problema en más de un sentido.

Un reciente estudio que realizaron la organización Partnership for a New American Economy, la Coalición Latina y la American Principles in Action concluyó que los demócratas inscritos que nacieron en el extranjero tienden a ser más conservadores que los nacidos en EEUU. El estudio también llegó a la conclusión de que sólo el 50% de los votantes nacidos en el extranjero se identifican con algún partido político y 24% de los que son demócratas dicen que se inclinan más a ser conservadores que liberales. ¿Qué tiene esto que ver con la reforma de inmigración?

Aunque nunca ocupa los primeros lugares de las prioridades para los votantes hispanos como suelen ser el empleo, la economía o la educación, el debate de la inmigración es una medida importante del valor que el liderazgo de Washington le da a esta creciente e influyente comunidad. Las leyes de inmigración son un claro indicio de cómo los republicanos y los demócratas aprecian las contribuciones hechas por los inmigrantes e hispanos en particular. Más que el tono del debate es la sustancia que mide el valor o el deseo de ver a los hispanos crecer y florecer. A medida que los hispanos sean menos leales a ningún partido político, recompensarán a aquellos líderes que apoyan y valoran su trabajo y su herencia. Es natural que sea así.

Hay mucho en juego para el país en los dos próximos años y esta Acción Ejecutiva no es útil. Su viabilidad se decidirá en el sistema judicial cuando Texas y otros estados reten la autoridad del presidente sobre este asunto. Entretanto, la verdadera reforma de inmigración todavía hace falta, una reforma que se base en nuevas leyes que estén actualizadas con las necesidades económicas que tiene el país en el siglo XXI donde se incluyen las visas de inmigrante y una mejor seguridad fronteriza. En estos momentos no tenemos eso. Lo que tenemos es un sistema de inmigración roto que crea el empantanamiento que todos despreciamos. El problema no es nuevo pero no hay dudas que se está volviendo viejo.

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de noviembre de 2014, 8:00 p. m. with the headline "Los hispanos y la orden ejecutiva."

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