Las pirámides de hoy
Pertenecería a la sección de chismes si no fuera por lo que está en juego para los miamenses. Me refiero a la discordia entre los alcaldes de Miami-Dade, Carlos Giménez, y Miami, Tomás Regalado, sobre el estadio de fútbol “soccer” que nos quieren endilgar David Beckham y compañía. Sobre todo compañía. No diría que no es bueno saber que nuestros dos alcaldes más conocidos –en el sur de la Florida tenemos más alcaldes que vecindarios– están dispuestos a disputarse la propuesta incluso con “pataletas, calumnias y politiquería”, como aseguran las crónicas de este diario. A fin de cuentas conviene divertirse un poco con la misma política que nos hace sufrir. Pero sí creo que en esta materia hay un lado serio y que el relajo, por consiguiente, debería ser con orden. O sea, que los alcaldes en litigio tienen la obligación primordial de cerciorarse de que la propuesta de estadio no se convierta en otro elefante blanco para los residentes y visitantes del sur de la Florida, como otras similares que la precedieron.
Hubo una vez, hace décadas, en que los millonarios que querían tener un estadio profesional se lo costeaban ellos mismos. Pero eso cambió cuando algunos vividores descubrieron el potencial lucrativo de dos palabras mágicas: orgullo cívico. Pusieron de moda la construcción y renovación de instalaciones deportivas subvencionadas por los contribuyentes invocando el “orgullo cívico” que los equipos deportivos suelen traer a nuestras comunidades. El resultado neto ha sido la pérdida de millones de dólares anuales para muchas ciudades y deudas astronómicas que pagarán varias generaciones de contribuyentes. Un estudio clásico del economista Robert Baade reveló que en Estados Unidos tenemos más estadios que equipos para ocuparlos, que 13 de cada 14 estadios analizados dejaban pérdidas (la excepción era el Dodger Stadium de Los Angeles) y que en siete de nueve ciudades examinadas los estadios nuevos o remodelados redujeron los ingresos municipales. Informes posteriores confirmaron tan inquietantes conclusiones.
Por eso nuestros líderes, en lugar de disputarse el protagonismo de construir el estadio, deberían cerciorarse de su viabilidad económica sin subsidios públicos o, por lo menos, con mínimas concesiones a quienes en realidad van a forrarse: los propietarios, promotores, constructores, financistas, jugadores y otros profesionales del gremio. Para ello deberían colocar en la balanza sus posibles beneficios y perjuicios. Del lado positivo se dice que los estadios nuevos generan empleos en las instalaciones mismas y en sus alrededores, promueven a las ciudades y alimentan el ya mencionado orgullo ciudadano, aunque en el Gran Miami el nuestro ande maltrecho por cuenta de nuestros equipos perdedores. Del lado negativo el riesgo es que los estadios chupen fondos o bienes de los contribuyentes sin aportar nada a la economía local, que lo que recauden vaya a parar solamente a dueños y jugadores y no a la comunidad y que dejen una enorme deuda pública.
Beckham y sus inversionistas quieren ahorrarse millones en impuestos. Para ello negocian con el condado de Miami-Dade, la ciudad de Miami y la junta escolar, que a última hora ha propuesto ser la propietaria del estadio a cambio de la construcción de una escuela especial (magnet) en el complejo deportivo que estaría situado en la Pequeña Habana, donde ya radica otro elefante: el Marlins Stadium. Esto último ha alimentado las rencillas entre Giménez y Regalado. La hija del alcalde de Miami, Raquel Regalado, es miembro de la junta escolar y está retando a Giménez por la alcaldía condal. De ahí que la intriga política esté garantizada.
Esa intriga, sin embargo, debería pesar menos que la necesidad de buscar un trato que no perjudique a los contribuyentes. Eso solo podrá lograrse si nuestros representantes se unen en una estrategia sensata de negociación de la que no excluyan a priori el rechazo del estadio si éste va a causarnos más perjuicios que beneficios. Un buen punto de partida debería ser la hipótesis, empíricamente sustentable, de que los estadios subsidiados son las pirámides de hoy, es decir, suelen tener más de monumentos a los políticos que de instrumentos viables para el desarrollo económico de una comunidad.
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Esta historia fue publicada originalmente el 28 de octubre de 2015, 0:17 p. m. with the headline "Las pirámides de hoy."