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Hay que pagar la deuda nacional

Hace algunos días, se rompió otro techo de vidrio de una forma poco ceremoniosa. Por primera vez en la historia de Estados Unidos, según el Departamento del Tesoro, la deuda nacional alcanzó los $18 billones. ¿Hasta qué punto se trata de una mala noticia? No hay la menor duda: es desastrosa. La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), que no es partidista, calcula que para el 2024 el pago de interés de la deuda será de $880 millones, un apreciable cambio que tendrá que venir de los recursos existentes o de nuevos impuestos. Aunque el déficit presupuestario es menor, la CBO pronostica que los números serán altísimos en un futuro no muy lejano. Para decirlo de una forma más sencilla: el problema es que el préstamo federal ha estado creciendo a niveles históricos mientras la economía no lo ha hecho.

Hay que considerar lo siguiente: durante 40 años, la proporción de la deuda federal al GDP era de 39% pero en el 2013 fue de 72%. Para el 2024, la CBO calcula que el nivel de la deuda al GDP será de 78%.

La deuda es una combinación de dos números. La primera es una deuda pública de $12.9 billones que incluye todas las facturas, bonos y notas del Tesoro pendientes de pago que pertenecen a personas, corporaciones, gobiernos extranjeros, etc. La segunda es una deuda de $5 billones dentro del gobierno que abarca el “préstamo” hecho a los fondos del Seguro Social y del Medicare para cubrir presupuestos actuales. El nivel de gastos y de la deuda está paralizando el país.

Si el gobierno no puede administrar su presupuesto, ¿qué puede entonces hacer? Muchos se rascan la cabeza al hacerse esta pregunta.

Cuando aspiraba a la presidencia, el entonces senador Obama criticó al presidente Bush por agregar $4 billones más a la deuda nacional en ocho años, y dijo que se trataba de una decisión “irresponsable” y “antipatriota”.

“El problema es que lo que Bush ha hecho en los últimos ocho años es tomar una tarjeta de crédito del Banco de China a nombre de nuestros hijos, y aumentar nuestra deuda nacional de $5 billones durante los primeros 42 presidentes —el presidente #43 agregó $4 billones en su mandato, de modo que ahora tenemos más de $9 billones de deuda que hay que pagar— $30,000 por cada hombre, mujer y niño. Eso es algo irresponsable. Es antipatriota”, dijo en aquella ocasión Obama en Fargo, Dakota del Norte, durante una escala de su campaña presidencial.

Tenía razón: las generaciones futuras tendrán que soportar la carga de pagar la deuda que, bajo el gobierno de Obama, aumentó $7.5 billones más en apenas seis años. ¿Acaso son los dos antipatriotas e irresponsables?

El presidente Bush debió ampliar todas las instituciones del gobierno tras los horribles ataques terroristas del 9/11. Una nueva agencia federal, Homeland Security (Seguridad Territorial), se creó, lo que hizo más grande y le dio más alcance a la burocracia federal. A todo eso hay que sumar dos guerras, una en Afganistán y la otra en Irak que cuestan a $1,000 millones diarios. No había ingresos fiscales adicionales para equilibrar los gastos cada vez más grandes. En el 2008, el presidente Obama tuvo que enfrentar su propia crisis: la Gran Recesión.

Cuando todo indicaba que el mundo se dirigía hacia una depresión económica, la Reserva Federal tomó medidas extremas para recortar las tasas de interés y liquidar terribles inversiones financieras que incluían alivios a los dueños de hipotecas cuyo capital era negativo. La Reserva Federal compró bonos del gobierno y valores hipotecarios para mantener bajas las tasas de interés con el objetivo de beneficiar el crecimiento económico. El gobierno federal llegó a comprar $85,000 millones de la deuda nacional todos los meses.

Afortunadamente, la economía se estabilizó pero los beneficios siguen siendo increíblemente desiguales. El abismo salarial se hizo más grande y la clase media ha visto cómo sus ingresos disminuyen en un 8%. La inflación salarial no ocurrió. La mayoría de las familias de clase media no han recibido ningún alivio y se quedaron con un acceso limitado a los créditos y los empleos de importancia. La pobreza ha aumentado notablemente, a tal punto que 47 millones de personas reciben cupones de alimentos.

Guste o no, la deuda tiene que pagarse y ello sucede en momentos en que hace falta inversiones en la infraestructura y cuando las operaciones militares aumentan poco a poco. Ambas cosas cuestan mucho dinero. A ello se añade el incremento de los gastos a medida que la población envejece y depende del Seguro Social y del Medicare. Desde luego, hará falta algo más que costos más bajos de energía para que el país se estabilice.

Hay que olvidar a quién echarle la culpa; sabemos cómo llegamos adonde estamos en la actualidad y los dos partidos son culpables. Hace falta un esfuerzo patriótico y bipartidista para que el país pueda avanzar en el camino correcto. La deuda nacional es una herida que se infligió el propio gobierno y que tiene que curar: desear que desaparezca no va a funcionar durante mucho tiempo más.

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de diciembre de 2014, 8:00 p. m. with the headline "Hay que pagar la deuda nacional."

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