DANIEL MORCATE: 2015 y la lucha por la memoria histórica
Aunque el mal continuó haciendo su paciente labor de zapa y destrucción en el mundo, 2015 también fue un año en el que se diversificó la lucha de la memoria histórica en su contra. Se lo debemos, en parte, a la necesidad de mantener vivo el recuerdo de las víctimas del Holocausto, la auténtica caída bíblica de la humanidad según nos enseñara Robert Nozick. Ha sido la respuesta al dilema de cómo continuar haciendo justicia después que hayan desaparecido las víctimas y los verdugos de ese acontecimiento atroz.
Por fortuna, los ajustes de cuenta con los nazis no han cesado, aunque se han hecho más laboriosos. Prensa Asociada debutó como cazadora de nazis al desenmascarar a un inofensivo carpintero jubilado de Minnesota como el hombre que ordenó a su unidad de la SS destruir la villa polaca de Chlaniao en 1944. Michael Karkoc, de 94 años, es sospechoso de haber asesinado a 40 hombres, mujeres y niños, algo que su familia norteamericana niega. Como otros nazis solapados, se habría refugiado en EEUU en 1949. Está en marcha el proceso para deportarle por haber mentido a inmigración sobre su pasado. Lo reclama la justicia alemana, la cual recientemente decidió procesar a criminales nazis aunque ya sean ancianos o estén enfermos. Otro es Hubert Z, de 95 años, ex sargento de la SS que trabajó como asistente médico en el campo de exterminio de Auschwitz. Los fiscales aseguran que fue cómplice del asesinato de 3,681 personas. Debido a su precaria salud, se le juzga poco a poco, como él probablemente ayudara a exterminar a sus víctimas.
Durante décadas, el principado de Mónaco se había pasado con ficha sobre su complicidad, bajo una falsa apariencia de neutralidad, con los nazis. Pero este año el príncipe Alberto Segundo la reconoció y se disculpó por la deportación a una Francia ocupada por los nazis de 90 personas, 66 de ellas judíos. “Perpetramos lo irreparable”, admitió el príncipe, “al entregar a mujeres, hombres y un niño que se habían refugiado con nosotros para escapar de las persecuciones en Francia”. Su gesto nos recuerda que el arrepentimiento genuino por crímenes pasados no caduca y, en cambio, reviste enorme importancia humanitaria. Como también la tiene la disculpa que dio el primer ministro Kevin Rudd a los aborígenes australianos, a quienes llamó “la generación saqueada”; y la que ofreció el papa Francisco en Bolivia cuando dijo: “Pido humildemente perdón, no solo por las ofensas de la iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”.
También tiene gran importancia humanitaria el que Munich, cuna del nazismo, haya inaugurado este año el Centro para la Documentación de la Historia del Nacional Socialismo, dedicado a la memoria de los crímenes nazis. Se encuentra en la Konigsplatz, cerca del bar donde se fundara el movimiento nazi en 1919. El museo explica a los visitantes cómo y por qué surgió y qué se puede hacer para frenar movimientos fanáticos como el que en la actualidad, en la misma Alemania, denigra a los refugiados del Medio Oriente. Munich también dedicará a las víctimas del nazismo placas conmemorativas y un monumento.
Seis naciones que se libraron del totalitarismo de izquierdas propusieron que la Unión Europea declare ilegal la negación de los crímenes comunistas, como ya lo es la negación de atrocidades nazis. Pero la medida no prosperó por temor a equiparar tales crímenes con el Holocausto. Se estudian, sin embargo, alternativas que extiendan el concepto de genocidio a los desmanes perpetrados contra personas por su status social o convicciones políticas. Si se adoptaran, quedarían como genocidas regímenes vigentes como el norcoreano, el chino y el cubano.
En el ámbito cultural se tradujo a varios idiomas “An Ucanny Era”, un diálogo entre dos grandes luchadores democráticos, el checo Vlacav Havel y el polaco Adam Michnik, el cual resume magistralmente la oscura era comunista y ofrece una guía sobre cómo manejar la transición democrática. En Francia se publicó un catálogo de mil cuadros, tapices y esculturas de Hermann Goering, la mayoría robados a judíos. Es el primero de obras saqueadas por los nazis. El canciller francés, Laurent Fabius, lo celebró diciendo: “Las obras de arte nunca deberían ser víctimas. Constituyen un bien común de la humanidad”. Lo mismo diría yo de la memoria.
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Esta historia fue publicada originalmente el 23 de diciembre de 2015, 0:42 p. m. with the headline "DANIEL MORCATE: 2015 y la lucha por la memoria histórica."