El tema de Cuba llega al Congreso
Nada envidiable debe haber sido la tarea de los funcionarios del Departamento de Estado que hace unos días redactaron una nota de “protesta” por la actual oleada de represión de los opositores en Cuba. El gobierno del presidente Obama, para el que trabajan, acababa de anunciar una nueva era en las relaciones con el régimen que precisamente reprimía sin miramientos a la oposicion. El saldo preliminar de la operación fueron decenas de arrestados, algunos golpeados y contundentes advertencias oficiales de que en Cuba no cambiará el sistema, es decir, que el oficialismo no planea otorgar las libertades políticas que ha conculcado durante más de 50 años. Washington y La Habana habían acordado reanudar las relaciones ignorando de manera ostensible el espinoso tema de los derechos humanos en Cuba. La única forma en que se pueden promover las relaciones con el régimen cubano es así: pasando por alto los atropellos que comete a diario contra sus propios ciudadanos. Es la característica común a todos los promotores de un entendimiento con la vieja tiranía de la familia Castro.
Como era previsible, la ola represiva ha complicado la nueva estrategia del gobierno de Obama. Pero ha llegado justo a tiempo para que el Congreso, dominado ahora por la oposición republicana, rectifique el rumbo errado y errático de esa estrategia. Los congresistas tienen en sus manos la prerrogativa de denegarle fondos al gobierno para su cambio de política hacia Cuba a menos que a ella incorpore el tema fundamental de los derechos humanos. Esos fondos deberían excluirse del presupuesto que necesitará el Departamento de Seguridad Nacional a partir del 27 de febrero. Los legisladores podrían basar la negativa en una lectura realista de la reciente batida contra los opositores y activistas humanitarios en la isla. Esta no fue una casualidad sino un claro mensaje de La Habana de que, no obstante el acuerdo con Estados Unidos continuará reprimiendo la disidencia. Lo dicta la lógica del poder totalitario. Solo mediante la represión un gobierno como el de los Castro puede mantener el control absoluto sobre los distintos estamentos de la sociedad.
El Congreso también debería corregir la inexcusable ingenuidad del gobierno de Obama de aceptar al pie de la letra el “acto soberano de Cuba” —así lo describieron funcionarios de la Casa Blanca— de liberar a 53 presos políticos. Los legisladores deberían exigirle al régimen cubano que explique quiénes serían liberados y cuándo. Y que presente una estrategia concreta para reclamar la excarcelación de muchos presos más a los que La Habana rehusa clasificar como políticos y de aquellos que en el futuro vayan a parar a las prisiones del régimen, como inevitablemente ocurrirá. El restablecimiento de relaciones amenaza con anular la única presión externa creíble que recibía La Habana para no aplastar a la oposición mediante detenciones, condenas carcelarias y destierros forzosos. Fue precisamente lo que ocurrió en China luego de que el presidente Clinton desvinculara los derechos humanos de las relaciones con Pekín en 1994. Las consecuencias han sido trágicas para cientos de miles de chinos, aunque en Estados Unidos a muy pocos les importe.
Guiado por las buenas intenciones o por el cansancio, el gobierno de Obama dice haber iniciado una nueva etapa en las relaciones con Cuba. Pero los cambios que ha anunciado se parecen más a una serie de concesiones peligrosas para las posibilidades de libertad y respeto a los derechos humanos en la isla. Por eso la misión del nuevo Congreso debería ser la adopción de medidas que enmienden las anunciadas por la Casa Blanca y que propicien un verdadero rumbo novedoso en las relaciones entre ambos países.
Luego de año y medio de conversaciones secretas, La Habana buscó el acercamiento porque desesperadamente necesita acceso a créditos y dádivas de Estados Unidos ahora que se le han agotado otros donantes y los petrodólares venezolanos han perdido su antiguo valor. Washington podría y debería aprovechar esas circunstancias para exigirle una conducta política civilizada al gobierno cubano. El acercamiento entre ambos gobiernos ha puesto en peligro esa exigencia que por décadas había formado parte integra de la política norteamericana hacia Cuba. El Congreso puede ejercer su influencia para mantenerla vigente.
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Esta historia fue publicada originalmente el 7 de enero de 2015, 1:00 p. m. with the headline "El tema de Cuba llega al Congreso."