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DANIEL MORCATE: Un Oscar tan blanco

Las denuncias de que la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas está desairando y discriminando a los afroamericanos han concitado a su vez las habituales protestas de corrección política. Esta última expresión se ha convertido en consigna para acallar los debates sobre problemas políticos y sociales en Estados Unidos que requieren nuestra atención. Si un energúmeno como Donald Trump insulta a un amplio sector de la comunidad hispana o a los musulmanes, se le defiende por su supuesta “valentía” para hablar sin corrección política. Si el chocheante juez del Supremo, Antonin Scalia, sugiere que los afroamericanos deberían estudiar en universidades poco exigentes, se le aplica la misma defensa. Y otro tanto se hace ahora que un creciente grupo de actores y realizadores cinematográficos amenazan con boicotear la entrega del Premio Oscar porque, por segundo año consecutivo, la academia excluyó a los afroamericanos de los 20 actores nominados y muchas otras categorías.

Lo primero que deberían tener en cuenta los alegres gatilleros de la corrección política es que, en este país, todo y todos estamos a debate. Por fortuna. De eso no se salva ni la Madre Teresa, quien aun en vida recibiera oportunos y afilados dardos del ya desaparecido ensayista Christopher Hitchens. Por cierto, ahora que el Papa Francisco se dispone a santificarla se le echa de menos al viejo Hitchens. Pero, regresando al tema de los Oscar, no cabe duda que la célebre academia cinematográfica tiene un serio problema de diversidad, como acaban de confesar sus propios líderes, comenzando por su presidenta, la afroamericana Cheryl Boone Isaacs. Y que gracias al anunciado boicot, se han decidido a rectificarlo en un plazo de cuatro años.

La primera lectura matemática del problema de diversidad es que de los miles de profesionales que integran la academia, 94 por ciento son blancos no hispanos, 76 por ciento hombres; y que sus miembros tienen una edad promedio de 63 años. Esto a su vez conduce a una segunda lectura matemática, la de que, en 88 años del Premio Oscar, apenas 25 de los 1,760 actores nominados han sido afroamericanos, es decir, menos de 1.5 por ciento. Solo 18 se han llevado la estatuilla, número que desciende a 12 si consideramos que Morgan Freeman y Denzel Washington se la han ganado tres veces cada uno. Estos datos sugieren que durante décadas la academia y Hollywood entero fueron racistas, como no podía ser menos en una sociedad que en general lo era. Y que todavía hoy sufre las secuelas de ese racismo histórico, especialmente en el ejercicio inconsciente o subconsciente de privilegios por parte de sus profesionales blancos no hispanos.

Tal es el problema que exigen remediar actores, realizadores y críticos que lanzaron en Twitter la campaña #OscarsSoWhite. Pudieran haber agregado la discriminación y preterición que también han sufrido y sufren actores y realizadores hispanos, quienes aún tienen porcentajes inferiores a los de los afroamericanos. Rita Moreno, Edward James Olmos y Salma Hayek han documentado y combatido el problema durante décadas. Recientemente Olmos lamentó que, a pesar del éxito individual de actores como Antonio Banderas y directores como el genial mexicano Alejandro González Iñárritu –quien realizara la memorable cinta Amores perros y quien ahora está nominado como Mejor Director por The Revenant– la discriminación a los hispanos en Hollywood es “completa” y “ha cambiado poco”.

El problema de diversidad en Hollywood no comienza con la exigua premiación de actores y realizadores de minorías; comienza más bien con la escasez de oportunidades para ellos. Y ese es un mal mucho más difícil de cuantificar y enfrentar. A los profesionales de minorías étnicas se les ofrecen menos oportunidades de trabajo. Y a menudo las que se les ofrecen los encasillan en papeles étnicos, en estereotipos absurdos o denigrantes para ellos y las comunidades de las que provienen. Otra razón importante para prestar atención a las protestas por la falta de diversidad. A Hollywood le gusta verse como la conciencia moral y justiciera de Estados Unidos. Pero ese es un papel que debe ganarse perennemente, no solo con películas de contenido político y social sino también y sobre todo con un trato justo a sus profesionales.

Periodista cubano.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de enero de 2016, 11:33 a. m. with the headline "DANIEL MORCATE: Un Oscar tan blanco."

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