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DANIEL MORCATE: Lecciones de Iowa

Iowa tiene la suerte o la desdicha, según se mire, de ser el punto de arranque de nuestra contienda presidencial allí donde ésta cuenta realmente: en las urnas. Digo la suerte porque, a pesar de ser un estado minúsculo y en ciertos sentidos atípico del país, suele concitar la atención nacional hasta que se celebran las asambleas electorales, como ocurrió el lunes; pero también la desdicha porque suele crear expectativas sobre la carrera presidencial que no siempre valida la realidad. Tras sendas victorias en Iowa en 2008 y 2012, Mike Huckabee y Rick Santorum se creyeron presidenciables, tanto, que volvieron a aspirar este año, a pesar de haber sufrido derrotas contundentes en sus previas postulaciones. En cambio, Barack Obama ganó las asambleas demócratas de Iowa dos veces en lo que entonces se vio como un presagio de su conquista y reconquista de la Casa Blanca. Y esta semana el bocazas de Donald Trump tuvo un duro choque con la realidad al sufrir una humillante derrota a manos de Ted Cruz. Con su pasado indígena, francés y español Iowa pudiera dar la impresión de que es como gran parte de Estados Unidos. Pero su actual homogeneidad étnica y su apenas emergente cultura urbana, que data de mediados de los 1980, la hacen distinta y aconsejan prudencia a la hora de extrapolar lo que allí sucedió hacia el resto del país.

Dicho esto, vale agregar que la inesperada derrota del “puntero” republicano le sumirá en el desconcierto, le obligará a replantearse su estridente estrategia de campaña y le dará un respiro al liderazgo nacional de su partido, para no hablar de todos aquellos que rechazamos su narcisismo y su populismo reaccionario. Para Trump, la derrota de Iowa significa que fue incapaz de convertir el entusiasmo mediático de sus seguidores en suficientes votos contantes y sonantes. En el bando demócrata, el disputado triunfo de Hillary Clinton no bastará para consolidarla como puntera. De hecho, podría resultar efímero si se confirma el pronóstico y su adversario demócrata, Bernie Sanders, le da una paliza en Nueva Hampshire. Eso devolvería a los dos precandidatos liberales al comienzo de la carrera por la nominación de su partido.

Las derrotas sufridas en Iowa han conducido al fracaso a varias candidaturas y colocado a otras al borde del abismo. Ya abandonaron la contienda el demócrata Martin O’ Malley y los republicanos Huckabee, Santorum y Rand Paul. Y peligran las de otros que hicieron campaña intensamente en ese estado. Su pobre actuación ahuyentará a los donantes y enfriará a sus más devotos partidarios. Otros perdedores humillados en Iowa, como Ben Carson, permanecerán en la competencia gracias al dinero que han recaudado y a la esperanza de que Nueva Hampshire cambie su suerte. Mas incluso ellos deberán poner sus campañas en remojo porque de momento les costará trabajo recaudar fondos. Como en la hípica, los donantes prefieren apostar por los caballos ganadores.

Nueva Hampshire, entonces, es la próxima meta de los precandidatos. Allí las reglas del juego cambian bastante porque se trata de un estado ideológicamente más afín al resto del país, es decir, más liberal inclusive entre los votantes conservadores. Por eso casi todos los aspirantes, hasta la mayoría de los que fueron vapuleados en Iowa, quieren permanecer en la contienda para tomarles el pulso a los electores mainstream de Nueva Hampshire. La mayoría continuará hasta el primero de marzo, el Super Martes, cuando votarán 11 estados sureños.

La contienda presidencial de 2016 enfrenta a dos modelos de la política norteamericana contemporánea. Uno es de las maquinarias políticas tradicionales, bien aceitadas y organizadas, que luchan por darles continuidad a proyectos de gobierno que han impulsado demócratas y republicanos durante los últimos 25 o 30 años. El otro lo representan precandidatos insurgentes, especialmente el republicano Donald Trump y el demócrata socialista Bernie Sanders. De este último modelo solo conocemos lo que prometen sus representantes. En Iowa hemos presenciado una ligera victoria del modelo tradicional, porque la favorita de su partido, Hillary Clinton, triunfó, aunque por escaso margen, y porque un favorito del GOP, Marco Rubio, ganó la batalla de las expectativas al conquistar un sólido tercer lugar.

Periodista cubano.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de febrero de 2016, 11:35 a. m. with the headline "DANIEL MORCATE: Lecciones de Iowa."

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