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Cuba, otro congreso más

El gobernante Raúl Castro habla en VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, el 19 de abril.
El gobernante Raúl Castro habla en VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, el 19 de abril. AP

Dijeron que iba a ser el congreso del cambio. Ni siquiera fue el congreso del cambio-fraude.

Este VII Congreso del Partido Comunista ratificó, una vez más, que las cosas en Cuba sólo van a cambiar (y sólo están cambiando) en la medida que el cambio le permita a la dictadura, precisamente, no cambiar. Frente a la máxima inmovilista de que todo cambie para que no cambie nada, Raúl Castro sube la parada: para que nada cambie lo mejor es que nada cambie.

No fue un congreso programático sino prescriptivo. El establecimiento de relaciones con Estados Unidos y el sector privado de la economía no fueron tratados como aspectos potenciadores de reformas sino como inminentes amenazas a la dictadura.

Washington, dicen ellos, sigue empeñado en destruir el modelo socialista cubano. Lejos de moderarse, el discurso antinorteamericano de Raúl asciende en la escala orwelliana. Tal como ayer se respondía a las agresiones, hoy debe recelarse de la amistad del enemigo norteño. En rigor, esa amistad es una forma superior de la agresión.

Al cuentapropismo, a su vez, se le recuerda que su misión es complementar el sector estatal y no sustituirlo. La suya es la estrecha esfera de la subsistencia. Para pensar en grande, practicar el capitalismo en grande, está el Estado, que ya tiene dueño. Al cuentapropista que no entra por el aro se le niega la licencia. Si entra por el aro, entonces, ahí vienen los abrumadores impuestos a mellarle las ganancias y las quisquillosas restricciones a mellarle la iniciativa.

La oposición ha visto confirmados sus peores augurios. El oficialismo de garra peluda (ciertamente no veo al de garra suave) confirmó sus votos con los Castro. Y los heraldos del cambio-fraude se han quedado con un problema de semántica. ¿Cómo asegurar que ahí viene el cambio si el propio Raúl lo niega? ¿Llegarán a decir que Raúl no quiso decir lo que dijo? No lo dudo. Mientras Raúl se anticipaba a bajar la línea de la contrarreforma frente a una inexistente reforma, los promotores del cambio-fraude estrenaban un espacio radial en Miami para dar a conocer ¡los cambios que se están produciendo en Cuba!

La visita del presidente Barack Obama y este congreso dejan a la oposición frente a un despejado territorio. Washington, o al menos esta administración, abrirá a Cuba las puertas de las inversiones y la cooperación en asuntos internacionales sin importarle cuánta solvencia, estabilidad y legitimidad se le reporta a la dictadura. De la solución política, que se encarguen los cubanos. Puesto que Estados Unidos, a fin de cuentas, es una democracia, y puesto que Obama, a fin de cuentas, es un demócrata, seguirán apoyando moralmente a la oposición y atendiendo al curso de los derechos humanos.

Raúl, por su parte, acaba de aclararle a sus bases que, de los americanos, la carne pero no la sustancia. Como los chinos. Como los vietnamitas. Como todas las dictaduras que han sabido enyuntarse con el capital para seguir oprimiendo a sus pueblos. ¿De qué manera Raúl resolverá la contradicción entre el poder absoluto y una sociedad que se le está yendo de las manos? Habrá que ver. Tiene a su favor dos formidables herramientas: una implacable policía y la Ley de Ajuste Cubano.

Los Castro siempre acaban por corroborar las peores sospechas de sus enemigos. Ni quieren, ni pueden, ni necesitan de momento abandonar el trono. Sin ideología que les dicte un programa, alianza que les imponga un compromiso ni afecto que sostenga un escrúpulo. Si hay alguien que al final de esta historia no ve un baño de sangre, por favor, que tome la palabra.

Periodista y escritor cubano residente en Miami

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de abril de 2016, 0:00 p. m. with the headline "Cuba, otro congreso más."

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