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¿Será Cuba como Vietnam?

Un turista camina frente a una tienda cerca del Museo de Historia Militar de Vietnam, en Hanoi, el 25 de mayo, después de la visita oficial del presidente Obama al país.
Un turista camina frente a una tienda cerca del Museo de Historia Militar de Vietnam, en Hanoi, el 25 de mayo, después de la visita oficial del presidente Obama al país. Getty Images

La reciente visita del presidente Barack Obama a Vietnam me trae a la memoria la famosa frase de Franklin Delano Roosevelt sobre el dictador nicaragüense Anastasio Somoza García o su colega dominicano Rafael Leónidas Trujillo (los historiadores no se ponen de acuerdo): es un hijo de perra pero es nuestro hijo de perra.

Al calor de esta alianza contra Pekín, la naturaleza totalitaria de los líderes vietnamitas pasa a un plano, digamos, lírico. Buena parte de la prensa norteamericana ni se da por enterada. Vietnam, como Cuba, es un paradigma identitario de los liberales. Las contradicciones quedan bajo la alfombra. Se saludan como avances democráticos los oportunistas ajustes de las élites para perpetuar el modelo de opresión. A su vez, los opositores que denuncian esta estratagema de la inmovilidad son percibidos como obtusos enemigos del cambio.

A 41 años de la toma de Saigón, un vietnamita pudiera preguntarse con ironía por qué Estados Unidos abandonó entonces a los hijos de perra que compartían sus ideales, amaban su cultura y ofrecían mayores márgenes de libertad y prosperidad para terminar abrazados con unos hijos de perra que mataron a miles de soldados norteamericanos, desprecian los valores de este país y se han constituido en una impenetrable casta que traspasa de generación en generación las riendas de la más represiva dictadura de Asia después de Corea del Norte. Quizás usted también se lo pregunte.

En estos días, revisando las noticias del restablecimiento de relaciones con Vietnam en 1995 y la visita del presidente Bill Clinton en el 2000, un cubano no puede obviar las semejanzas con el deshielo entre Cuba y Estados Unidos. La democracia no había llegado pero estaba a las puertas, decía la prensa liberal. En Hanoi y Ciudad Ho Chi Minh florecían los pequeños negocios. Jóvenes líderes tomaban posición en el Partido Comunista y el aparato estatal. Muchos exiliados estaban de regreso. Los campesinos traían sus productos a las ciudades. Por si fuera poco, ¡ya estaban en plena producción una fábrica de Nike y otra de Ford!

Bien, al cabo de 16 años, esta vez con el presidente Barack Obama como ilustre huésped, no vemos mucha mejoría. En las cárceles vietnamitas se pudren más de 160 prisioneros de conciencia. Las minorías étnicas son severamente discriminadas y sus áreas de tradicional concentración están selladas militarmente. La censura sobre los medios no ha cedido un pelo y el Partido debe aprobar, en nombre de la unidad nacional, el nombramiento de clérigos budistas, católicos, protestantes, musulmanes y de otras denominaciones. Por citar unos ejemplos.

¿Y la influencia liberadora del capitalismo? Tenemos el caso de Le Cong Dinh, un abogado de derechos humanos encarcelado por “delito capital de subversión” tras denunciar los abusos de transnacionales pesqueras y mineras. Probablemente, desde su avión presidencial, Obama haya observado la nauseabunda marea de miles de toneladas de peces envenenados por los desechos de la planta de acero del conglomerado taiwanés Formosa.

La aspiración a que Cuba sea como Vietnam equivale a que no deje de ser de los Castro. Tal como muestra la encarnizada realidad, estos renacidos hijos de perra mueven la cola frente a Estados Unidos siempre y cuando los dejen seguir mordiendo a sus pueblos.

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de mayo de 2016, 6:12 p. m. with the headline "¿Será Cuba como Vietnam?."

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