La traición argentina
Debe de ser la maldición del latinoamericano demócrata. Cuando por fin apareció un secretario general de la OEA dispuesto a defender la democracia en nuestro hemisferio, los gobiernos regionales hicieron lo que saben hacer mejor: aliarse con una dictadura en perjuicio de una oposición que a gritos y grandes sacrificios reclama democracia. Le llaman “la traición argentina”. Pero es algo mucho peor. Luis Almagro hizo lo que pudo por aplicarle la carta democrática a la Venezuela del desagradable autócrata Nicolás Maduro. Quiso actuar a tiempo para evitar la total desintegración de la sociedad venezolana, su descenso al abismo político, social y económico. Pero una docena de gobiernos, inexcusablemente encabezados por Argentina y avalados por México y Estados Unidos, le lanzaron un cubo de agua fría a la iniciativa del ex canciller uruguayo. Acordaron ganar tiempo para que Maduro se reafirme en el trono dictatorial, aunque disfrazaron su maquinación de apoyo a otra iniciativa de diálogo, la enésima hasta ahora, entre el régimen y la oposición de Venezuela.
Que el ex canciller del presidente José Mujica hizo lo correcto al invocar la carta democrática no debería dudarlo ningún demócrata. El mismo Almagro lo explicó en un elocuente documento. El régimen chavista de Maduro ha aniquilado los últimos vestigios de democracia en Venezuela al impedirle legislar a la Asamblea Nacional desde que la oposición ganó limpiamente la mayoría de los escaños; controla descaradamente la rama judicial para que ésta refrende todas sus arbitrariedades, incluyendo la del golpe que le ha dado a la legislatura; domina al Consejo Nacional Electoral que, obediente a la dictadura, ha dado ya los primeros pasos para “legitimar” el rechazo de Maduro al revocatorio que había aprobado la asamblea amparándose en la misma constitución chavista. También censura a la prensa y reprime con violencia las protestas populares por la escasez de productos básicos y los abusos políticos.
Una consecuencia del zarpazo madurista a la democracia venezolana ha sido rechazar la ley de amnistía que adoptó la legislatura. De modo que los presos políticos, inocentes de delito alguno, continúan tras las rejas. Pero la prolongación de su injusto sufrimiento será acaso el efecto menos grave de la traición que ha sufrido la democracia en Venezuela. El diálogo que impulsan los ex presidentes José Luis Rodríguez Zapatero, Martín Torrijos y Leonel Fernández no conducirá a ninguna parte porque el régimen lo usará solo como una oportunidad para reagruparse y movilizar a sus vociferantes amigos “bolivarianos”: Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, y para neutralizar a los países a los que soborna con petróleo. De hecho una campaña de descalificaciones contra Almagro ya está en marcha. Y nada ni nadie la detendrá.
Mientras tanto, la economía venezolana seguirá en caída libre porque el régimen también se niega a adoptar las medidas que propone el parlamento para frenarla. El éxodo de venezolanos probablemente se acelerará. Para aquellos que decidan permanecer en el país y luchar por el cambio, el régimen seguirá teniendo la misma respuesta: la represión. Solo que ahora tendrán una responsabilidad indirecta en ella los gobiernos democráticos que le dieron la espalda a la valiente iniciativa del secretario general de la OEA.
¿Por qué lo hicieron? Cada gobierno tuvo sus sinrazones para cometer el desafuero. Se dice que Argentina se prestó a la conjura a cambio de que el régimen chavista apoye a su candidato a Secretario General de la ONU y desista de sus amenazas de reducir el comercio bilateral. Ante las estrepitosas caídas de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y Dilma Roussef en Brasil, los gobiernos bolivarianos ya tenían las barbas en remojo y actuaron por solidaridad autocrática. Siempre lo han hecho y lo seguirán haciendo. Algunas democracias mostraron su fragilidad ideológica o su vulnerabilidad ante los subsidios petroleros venezolanos. Y el gobierno del presidente Obama mostró el acostumbrado complejo que ha paralizado o descarrilado su defensa de la democracia en nuestro hemisferio.
Los optimistas creen que Almagro por lo menos echó a andar un diálogo regional sobre las sistemáticas violaciones antidemocráticas del gobierno de Maduro. Tal vez tengan razón. Lamentablemente, las meras palabras no acabarán con esas violaciones. Más bien pudieran exacerbarlas. Y esta vez abundarán los culpables.
Periodista cubano.
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Esta historia fue publicada originalmente el 8 de junio de 2016, 0:50 p. m. with the headline "La traición argentina."