La Corte Suprema y la Florida
Prefiero que la gente que nos gobierna sea aburrida, que sean contadores, ingenieros o científicos. Por eso me gusta tanto la Corte Suprema. Aunque lamentablemente todos sus jueces son abogados, personas muy serias, responsables y pensantes que visten de negro y hablan muy poco fuera de los recintos donde deliberan. A raíz de la muerte del juez Antonin Scalia, en febrero, la Corte Suprema ha quedado coja. Los senadores republicanos han rehusado siquiera darle los buenos días a Merrick Garland, el juez nominado por el presidente Barack Obama. La Constitución establece que el nominado presidencial al Supremo tiene que ser ratificado por el senado. La Constitución en ningún momento menciona que un presidente no puede nominar a un juez cuando le queda un año de mandato. Pero así estamos, cojos.
La ausencia de Scalia muy probablemente ha resultado en uno de los fallos más absurdos del Tribunal Supremo. El pasado lunes la corte nos embarcó a todos al decidir 4 a 4 –o no decidir nada– sobre el espinoso tema de inmigración. Quedó en el limbo el reto legal planteado por Texas y respaldado por otros 25 estados, incluyendo la Florida, contra la orden ejecutiva del presidente Obama que pretendía proteger temporalmente de la deportación a unos cuatro millones de indocumentados que viven aquí hace años y tienen hijos norteamericanos.
El empate deja vigente la prohibición impuesta a la orden ejecutiva de Obama por un juez federal de Texas. El mensaje de la corte fue escueto pero devastador: “La decisión ha sido afirmada por una corte igualmente dividida”. Ni siquiera identificaron los jueces en cada parte del argumento. Como escribió en la revista Slate el ex procurador general Walter Dellinger: “Rara vez se han aplastado tantas esperanzas con tan pocas palabras”.
María Bilbao es una de los cientos de miles de indocumentados que viven en la Florida. Nació en Argentina y vive aquí hace 14 años; trabaja limpiando casas, tiene un hijo adolescente que se acaba de graduar con honores, y en su tiempo libre aboga por los derechos de los inmigrantes. “Me pase el día llorando”, nos dijo María el martes, un día después del fallo.
La Corte Suprema no solo embarcó a María y a millones como ella sino a todo el país. No aclaró el punto álgido de si el presidente Obama actuó dentro de los parámetros de la Constitución al emitir esa orden ejecutiva. Más misterioso aun es por qué la Corte Suprema aceptó considerar el caso. Como demandante, el estado de Texas tenía que establecer “standing”, o personalidad jurídica. Para ello tenía que demostrar que sufriría un daño concreto si se implementa la orden ejecutiva. Texas argumentó que emitir licencias de conducir a los indocumentados en cuestión sería demasiado costoso. Es increíble que la Corte Suprema se haya tragado ese argumento. ¿Acaso los estados no cobran por emitir licencias de conducir?
A pesar de la ausencia de Scalia, la Corte Suprema logró pronunciarse de forma contundente e importante sobre otro tema controversial que nos afecta de inmediato en la Florida, el aborto. Por una decisión de 5 a 3 la corte falló en contra de una ley de Texas que limita el acceso a clínicas que practican el aborto a través de nuevas regulaciones. La ley de Texas exigía que los médicos en esas clínicas tuvieran privilegios de admisión en hospitales locales, requería nuevos y costosos equipos e imponía restricciones que no se requieren de otros procedimientos médicos más riesgosos como colonoscopias y liposucción. La ley, según un estudio, reduciría dramáticamente el número de clínicas que ofrecen abortos en el estado de más de 40 a ocho. En la opinión mayoritaria, muy aburrida, escrita por el juez Stephen Breyer prima el derecho constitucional de la mujer a acceder sin trabas a una operación que es legal desde 1973. El estado de Texas no pudo probar que sus restricciones beneficiarían la salud de una sola mujer en el estado. En muchas religiones el aborto es un pecado mortal. Pero vivimos en una democracia no en una teocracia. Se estima que en Estados Unidos una de cada tres mujeres ha recurrido al aborto.
Una ley muy similar a la de Texas aprobada en la última sesión de la legislatura estatal entró en vigor en la Florida. La senadora estatal republicana Anitere Flores, que votó a favor de esa ley, considera que el estado no debe gastar dinero en tratar de defenderla en las cortes. “Soy muy pro vida”, nos dijo, “pero ante esta decisión de la Corte Suprema no debemos insistir”. Esperemos que el gobernador Rick Scott comparta esta opinión porque, aunque coja y aburrida, la Corte Suprema tiene la última palabra.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de julio de 2016, 1:35 p. m. with the headline "La Corte Suprema y la Florida."