La convulsión republicana
Vistas desde fuera casi todas las convenciones políticas, con excepción de las demócratas en 1968 y 1972, lucen igual: mucho globo, mucha labia, mucha fiesta y gran énfasis en patriotismo y unidad.
La Convención Republicana, que acaba de concluir en Cleveland, ha sido más bien una prolongada y televisada convulsión. Los elementos surrealistas entraron en juego desde el primer día cuando hubo forcejeo y gritería indignada a la hora de adoptar las reglas del juego, un juego ahora más parecido al Juego de Tronos. Pero aún faltaba el momento más anticipado, el discurso de Melania Trump, que prometía ser un oasis en medio de los violentos pronunciamientos de los delegados y oradores esa noche. Discursos vitriólicos como el del combativo ex alcalde de Nueva York y ex precandidato presidencial republicano, Rudy Giuliani. Giuliani tuvo 15 en su momento, sobre todo en sus años como fiscal federal en la década de 1980. Pero en Cleveland, Rudy se proyectó como un viejo desgreñado iracundo y gritón, algo así como Bernie Sanders sin socialismo.
Pero el remedio santo para todo esto era la despampanante llegada al escenario de la estrella de la noche, Melania Trump, acompañada de su esposo.
La gran ironía es que una mujer que hasta entonces se caracterizó por ser muda en la campaña pasará a la historia por el discurso que pronunció en la noche del lunes en la Convención. En realidad, la belleza de la señora Trump es tan deslumbrante que no tiene que decir nada, solo sonreír y quizás susurrar una frase como: “Buenas noches, voten por mi esposo, gracias”. Misión cumplida. Pero Melania no quiso hacer menos que los demás y se preparó durante meses para su debut oratorio. Lo hizo muy bien, requetebién según su esposo. Muchos calificaron su discurso como amable y positivo, en claro contraste con la negatividad de otros que la precedieron en el escenario.
La señora Trump habló sobre su experiencia como inmigrante legal y alabó la lealtad y genialidad de su esposo. También hizo hincapié en los valores que le inculcaron sus padres como “trabajar duro para lo que queremos en la vida, que tu palabra te ata, que haces lo que dices y cumples tu promesa, que tratas a las personas con respeto”. Esas palabras le sonaron muy familiares a un reportero desempleado, quien descubrió que eran las mismas que pronunció Michelle Obama en Denver en la Convención Demócrata del 2008.
La primera reacción del liderazgo republicano fue negar el plagio y atribuirle la culpa de todo a Hillary Clinton. Eventualmente, una mujer valiente y honesta dijo la verdad. Meredith McIver, empleada de la familia Trump desde hace años y que ayudó a Melania Trump a redactar su discurso, confesó haber sido la autora del plagio. Según McIver, “Una persona que siempre le ha gustado a ella [la señora Trump] es Michelle Obama. Por teléfono ella me leyó algunos de los pasajes del discurso de Michelle. Los anoté y luego incluí algunas frases en el borrador que terminó siendo el discurso final”.
La señora McIver presentó su renuncia, pero en un gesto magnánimo, los Trump se negaron a aceptarla. El candidato mismo dijo que “todos cometemos errores”.
Lo más interesante es que a la esposa del candidato presidencial republicano le gusta tanto la Primera Dama de un presidente demócrata que su esposo culpa de todos los males del mundo. Ciertamente es refrescante. Quizás Michelle y Melanie podrían grabar juntas otra versión de Carpool Karaoke con James Corden. “Get your Freak on”.
Aún más freaky fue lo que dijo el ex precandidato republicano Ben Carson sobre el problema del plagio. Según el Dr. Carson: “Fue simplemente una señal de que republicanos y demócratas compartimos los mismos valores”. Aleluya.
El memo de la paz y reconciliación no le llegó al senador Ted Cruz. Durante su larga comparecencia en el escenario de la Convención el miércoles, Cruz dijo de todo menos que apoyaba a Trump para presidente. Su llamado a “votar su conciencia” enfureció a la mayoría de los delegados que abuchearon a Cruz tan virulentamente que su esposa Heidi tuvo que ser escoltada fuera del recinto por su seguridad.
Todo este alboroto desvió la atención del discurso más importante de la noche, el del candidato a la vicepresidencia Mike Pence, que tanto necesita dar su nombre a conocer.
En fin, como dice el título de la obra de Shakespeare, a quien nadie ha plagiado hasta el momento, “Todo lo que termina bien está bien”. Vamos a ver cómo termina todo esto.
Por el momento si yo estuviese a cargo de la Convención Demócrata, que comienza la semana entrante, la cancelaría y le dedicaría todos sus recursos a procurar que los republicanos extiendan su convención una semana más.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de julio de 2016, 1:26 p. m. with the headline "La convulsión republicana."