Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Columnistas & Blogs

PADRE ALBERTO: Un gran privilegio

Hay sueños y anhelos en la vida que pocas veces vemos convertirse en realidad. De hecho, pensándolo bien, me siento un ser realmente privilegiado porque he podido experimentar varias cosas importantes en mi vida personal tan bellas y tan grandes que durante muchos años pensaba que eran imposibles; entre ellas, el ser un cura casado, con una mujer maravillosa y con tres hijos bellos.

Pero más allá de mi vida personal, en el ámbito eclesiástico, hace pocos días experimenté algo que considero un verdadero privilegio y que no anticipaba: participé en la elección de un obispo. Y muchos se preguntarán: ¿y qué tiene eso de especial?

En la iglesia en la que fui criado, en la cual trabajé durante décadas y la comunión más grande del cristianismo, los obispos son nombrados por una sola persona, o sea, por el obispo de Roma, el Papa. La nominación, la elección y el nombramiento ocurren de una forma completamente secreta y los miembros de la Iglesia –incluyendo a los sacerdotes y los fieles– no tienen ni voz ni voto en quién servirá como pastor en su iglesia local. Aunque así ha sido durante siglos, esa no es la forma en la cual se escogían a los líderes de la Iglesia en los comienzos de la institución, ni se debe confundir con la forma más tradicional para elegir obispos.

Un obispo es un pastor, un guía y una persona que tiene la obligación de liderar espiritualmente a miles de personas, especialmente al clero y a los demás líderes que trabajan bajo su cuidado pastoral. Es imposible que un obispo –o cualquier otro pastor– llegue como paracaídas a un lugar desconocido y a una comunidad nueva sin tener sentido alguno de la cultura, las necesidades particulares, ni los idiomas necesarios para comunicarse con las personas a las cuales le corresponden liderar.

Quizás por esa razón, San Cipriano (200-258 A.D.) decía que las elecciones “prevenían que personas indignas fueran obispos”. Además, parte de la historia de la iglesia primitiva es la elección de San Ambrosio (374 A.D.), quien fue elegido obispo unánimemente por la comunidad cuando un joven de la congregación interrumpió uno de sus discursos gritando “Ambrosio, obispo”. La elección democrática de los líderes de la iglesia es parte de la tradición primitiva del cristianismo y algo que se debe recuperar en muchas de nuestras iglesias.

La semana pasada tuve el privilegio de ver esa iglesia democrática en acción, cuando hombres y mujeres, laicos y clérigos de todas las edades, razas y condiciones nos reunimos en la Catedral de la Santísima Trinidad en la Diócesis del Sureste de la Florida para elegir a nuestro próximo obispo. El Reverendo Padre Peter Eaton será consagrado obispo de nuestra diócesis en mayo del 2015 y servirá como coadjutor hasta que nuestro querido obispo Leo Frade llegue a la edad canónica de su jubilación, en enero del 2016. ¡Que viva la democracia en el mundo… y en la iglesia! • 

Padre Alberto Cutié es sacerdote anglicano/episcopal en la Diócesis del Sureste de la Florida y Rector de la Iglesia Saint Benedict en Plantation, FL www.saintbenedict.org

Twitter: @padrealberto

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de febrero de 2015, 7:00 a. m. with the headline "PADRE ALBERTO: Un gran privilegio."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA