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El peligro de las masas

Muy joven leí "La rebelión de las masas", de José Ortega y Gasset, publicado en 1930, sobre los cambios que el escritor español observaba en la sociedad europea. No me agradó. Más bien me pareció elitista. Creo que no fue solo por mi escasa edad, sino porque a mediados de los 50 en La Habana donde vivía, la muchedumbre aún "ocupaba el fondo del escenario social".

Poco tiempo después, con el triunfo de la revolución cubana, recordé aquellas páginas y las releí con angustia. Se me quedaron frases como "La masa es el conjunto de personas no especialmente cualificadas." "La rebelión de las masas" se hacía visible en mi país. Mi ansiedad se apaciguó cuando llegamos a la capital estadounidense en 1959. Allí existía no sólo en la vida política sino en lo moral, económico, religioso y social, una escala de valores con la que podía identificarme. Desde entonces he observado, década tras década, cómo en este país y en gran parte del mundo occidental, las reflexiones de Ortega y Gasset alcanzan cada día mayor vigencia.

El filósofo español nos invita en las primeras páginas de su texto a visualizar el cambio en la forma de vestir y de disfrutar de las muchedumbres, y cómo entonces rebosaban de gente común los ferrocarriles y hoteles que antes no solían estar llenos. No puedo ni imaginar qué pensaría ahora si viera a los pasajeros de avión con pantalones de mezclilla llenos de rasgaduras y huecos así como sandalias de goma "flip flops", audífonos en los oídos, y teléfonos móviles en las manos que continuamente están mirando. Paradójicamente, una sociedad cada vez más diversa, es también más uniforme. Paseemos por Las Ramblas, Times Square o un centro comercial en Miami, y nos daremos cuenta que todos vestimos igual. El problema no es la homogeneidad, sino la falta de voluntad para mejorar, destacarse. Esa masa social que se ha hecho cada vez más patente la componen, según Ortega y Gasset "todo aquel que no se valora a sí mismo –en bien o en mal—por razones especiales sino que se siente "como todo el mundo" y, sin embargo, no se angustia, se siente a saber al sentirse idéntico a los demás".

Estas opiniones, y muchas más que pueden extraerse del pequeño gran ensayo de Ortega y Gasset, nos llevan al presente de Estados Unidos y de la campaña presidencial de 2016. Recientemente, Donald Trump ha cometido disparate tras disparate. En el momento que escribo estas líneas, según las encuestas, casi una tercera parte de los norteamericanos no creen que el temperamento y la capacidad de Trump lo hacen apto para ser Presidente y comandante en jefe, preocupación que han expresado también varias personalidades del Partido Republicano. Hillary Clinton, por su parte, cuenta con 10 puntos de ventaja en intención de votos de los electores.

Son buenas noticias. Asombra, sin embargo, que todavía pueda haber cerca de un 40% de estadounidenses que apoyen a un personaje de trayectoria tan turbia, conducta tan errática, ignorancia tan asombrosa, boca tan sucia, actitud tan fanfarrona como Donald Trump. ¿Cuál es el perfil de quiénes lo respaldan? Principalmente hombres blancos de bajos niveles de educación. Son los miembros más comunes de la masa social que no se valoran a sí mismos y que no hacen esfuerzos por sobresalir del promedio. Las promesas huecas de Trump son como cantos de sirenas en sus oídos.

En las últimas décadas, mujeres, minorías étnicas y jóvenes, aunque vistan y se diviertan de la misma forma que todo el mundo, han sabido labrarse un futuro, sentirse orgullosos de quiénes son, gracias a sus carreras profesionales, su integración al país que los acoge, el éxito en sus estudios. Aspiran a más. Muchos son hace años partidarios de Hillary. Otros no, pero reconocen el gran peligro que sería para Estados Unidos y el mundo una presidencia de Donald Trump.

Aquella jovencita que juzgó a Ortega y Gasset como elitista, hoy sabe que la búsqueda de la excelencia es el mejor camino para los individuos y los pueblos. Ojalá sean los que comparten estos valores y no esas masas que "por definición no deben ni pueden dirigir su propia existencia, y menos regentar la sociedad" las que decidan los comicios el 8 de noviembre.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de agosto de 2016 a las 7:40 p. m. con el titular "El peligro de las masas."

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