La paranoia electoral de Trump
La ciudad y el estado que mejor conocen a Donald Trump no planean votar por él. Al menos eso sugieren los sondeos que promedia el servicio informativo de Real Clear Politics. En el Siena, Hillary Clinton le lleva a su rival republicano +23, en el Emerson +19 y en el Quinnipiac +12. Esto no es del todo sorprendente porque Nueva York es un estado predominantemente demócrata e independiente y muchos consideran a la ex senadora una figura local, a pesar de haber nacido y haberse criado en Chicago y de haber pasado gran parte de su vida en Arkansas y Washington, entre otros sitios. Pero como me sugiere un colega neoyorquino, el rechazo a Trump en su propia tierra tiene mucho que ver con su historial de fanfarronadas y controversias, a veces con sus propios vecinos y socios de negocios. “It takes a New Yorker to know another New Yorker” o “nada como un neoyorquino para conocer a otro”, me dice.
A Trump tampoco le va bien en estos días en las encuestas nacionales. Y su campaña se ha sumido en el desorden ante el continuo rechazo de republicanos prominentes y la incapacidad de sus asesores de evitar que provoque polémicas autodestructivas, como la que acaba de protagonizar con la familia de un musulmán héroe de guerra; o la que suscitó al negarse a respaldar la reelección de Paul Ryan, el republicano que preside la Cámara de Representantes. Tal vez por eso el candidato del GOP está empleando un lenguaje lapidario en el que denuncia un supuesto fraude electoral masivo y atribuye a él su posible derrota.
En cada acto político reciente aquí en Nueva York y en otras ciudades, Trump ha denunciado que el sistema electoral se está manipulando en su contra. Y ha sacado a relucir las maniobras de funcionarios demócratas para perjudicar la candidatura de Bernie Sanders durante las primarias. Tales maniobras fueron, sin duda, detestables e innecesarias. Clinton le habría ganado a Sanders limpiamente, a pesar de la enorme popularidad del senador de Vermont. Pero el avinagrado magnate neoyorquino no puede aportar un solo ejemplo real de que “el sistema” se esté acomodando para un fraude monumental que lo perjudique.
Ningún proceso electoral se halla totalmente a prueba de manipulación. Ni siquiera el norteamericano, que ha servido con relativa integridad a la democracia más antigua. Pero los pesos y contrapesos de nuestro proceso hacen imposible un fraude en masa como el que pronostica Trump. Lo impiden leyes que ha adoptado el Congreso para adecentar y democratizar las elecciones. Lo impiden los partidos políticos que vigilan el proceso. Y, sobre todo, lo impiden las cortes de justicia, aunque estas a veces se tomen tiempo en corregir los intentos de adulteración o las falsificaciones.
Precisamente en estos días las cortes federales están remediando un sutil intento de fraude electoral que pretendieron realizar legislaturas controladas por el partido que lidera Trump, el republicano. Las cortes han anulado leyes de supresión de votantes en seis estados gobernados por el GOP. Entre las medidas invalidadas están las que exigían a los votantes presentar identificaciones expedidas por el gobierno; las que dificultaban la inscripción para votar; y las que acortaban las horas de votación. Los republicanos las habían promovido para socavar la coalición de votantes jóvenes y de minorías étnicas que le dieron sendas victorias electorales al presidente Obama.
Irónicamente, son a estas oportunas correcciones judiciales a las que Trump alude cuando se queja de fraude. Su lamento se deriva de la misma estrategia que ha seguido el Partido Republicano desde que se le escaparon las mayorías en las dos últimas elecciones presidenciales. Al parecer, a los republicanos les resulta más fácil quejarse de fraude y tender trampas electorales que ganarse las simpatías de un electorado cada vez más diverso y exigente. Trump sencillamente le ha puesto a esa estrategia su propio sello de paranoia, una paranoia que se deriva de su narcicismo. Narciso al fin, no está dispuesto a admitir que puede perder la elección. Prefiere hacernos creer que, si la pierde, sería por culpa de maniobras turbias de sus enemigos políticos.
Periodista cubano.
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Esta historia fue publicada originalmente el 10 de agosto de 2016, 6:56 p. m. with the headline "La paranoia electoral de Trump."