Panorama de la política española
Más de un mes después de las últimas elecciones, (las segundas desde fines del 2015), los españoles siguen con un gobierno “en funciones”, la interinidad que ejerce el ejecutivo saliente que aspira reelegirse por otro cuatrienio, pero que aún no cuenta con los apoyos suficientes para ello. La investidura de Mariano Rajoy como presidente del gobierno -al frente de la formación más votada- ya tiene rasgos de sainete, siendo los españoles los primeros que toman a chacota la imposibilidad de sus diputados de llegar a un acuerdo para gobernar.
Los partidos emergentes en el panorama político español -Podemos, partido de extrema izquierda; y Ciudadanos, de centro derecha- han fragmentado la representación popular desde las elecciones del 20 de diciembre del pasado año y le han puesto fin al bipartidismo que había regido desde el fin del franquismo. Todos concuerdan en que se impone una política de pactos, pero ninguno de los partidos parece dispuesto a hacer las suficientes concesiones.
La posición más difícil y más frágil parece ser la del PSOE. El Partido Socialista Obrero Español, que ha sido gobierno durante 22 años en las cuatro décadas de la reciente democracia, ha perdido escaños y representatividad de manera consecutiva en las dos últimas elecciones. El Partido Popular -que, sin alcanzar la mayoría, lo sobrepasó en los últimos comicios por más de cincuenta puntos- les ha ofrecido a los socialistas gobernar en coalición o, en su defecto, que apoyen , ya sea con votos a favor o abstenciones, su creación de gobierno. El PSOE se niega a dejar gobernar al Partido Popular (pese a los consejos de algunos de sus barones) por el justificado temor de perder pertinencia política. Sabe, o intuye, que una claudicación frente al PP podría hacerlo irrelevante como fuerza de izquierda, un espacio que los podemitas se apresurarían a reclamar y a ocupar.
Por su parte, Ciudadanos, cuya agenda no difiere demasiado de la del PP, teme que un pacto con esta fuerza —de la cual, en la práctica, es un desprendimiento— termine por privarlo de pertinencia. No obstante, la posibilidad de convertirse -desde una posición minoritaria (con sólo 32 escaños en este último parlamento)- en árbitro factual de la gestión política, ha llevado a Albert Rivera, líder de Ciudadanos, a hacerle este martes una propuesta al Partido Popular en que subordina su apoyo a la aceptación de seis puntos que a los populares les resultaría muy difícil rehusar. Aún así, los 32 diputados de Ciudadanos más los 137 del PP no alcanzan a sumar los 176 escaños que se precisan para hacer gobierno. Por los siete votos faltantes aún serían necesarios compromisos y pactos.
Contrario a lo que dicen sus adversarios, Mariano Rajoy ha dado pruebas de gran ductilidad y astucia política; pero su investidura no debería verse como un logro a alcanzar a toda costa. Más bien, creo yo, si las cuentas no dieran al final y antes de tener que acudir a las urnas por tercera vez en menos de un año, el líder de los populares debería dimitir para dar paso a otro diputado de su propia bancada en el empeño de hacer gobierno. Eso sería un gesto que todos los españoles apreciarían.
Por su parte el PSOE tendría que abandonar su insistencia en ser la alternativa natural del Partido Popular. Gústele o no, ese puesto lo ocupa ahora Podemos y a los socialistas les corresponde asumirse como una de las versiones del establishment. Jugar a ser adolescente cuando se es viejo es simplemente una ridiculez. Los resultados de las dos últimas elecciones en España obligan a todas las fuerzas políticas de ese país a reposicionarse. El PSOE debería aceptar su nuevo papel.
Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de agosto de 2016 a las 7:16 p. m. con el titular "Panorama de la política española."