El candidato del Kremlin (2da. parte)
El primer viaje de negocios de Donald Trump a Moscú fue en 1987, en plena era soviética, por invitación de Intourist, para explorar la construcción de hoteles y condominios. Al finalizar la visita declaró: “La Unión Soviética es un lugar absolutamente interesante”.
Desde entonces no ha cesado su fascinación –y esfuerzos– para que su apellido sea parte del paisaje arquitectónico de Moscú. En mayo de 1997 relató en The New Yorker sus viajes a Rusia para sondear proyectos urbanísticos. “Pronto regresaré a Moscú, porque estamos considerando la reconstrucción del hotel Moskva. Y del Rossiya, que es el mayor del mundo. Trabajamos con el gobierno local y son muy receptivos”.
Quien en aquellos momentos le abría puertas era un general ruso, Alexander Ivanovich Lebed. Pero los proyectos no fructificaron. Volvió a intentarlo en al menos otras cinco ocasiones, e incluso en el 2008 anunció que construiría residencias de lujo y hoteles en Moscú y San Petesburgo, que tampoco se materializaron. Sin embargo, ese año la agenda de contactos en Rusia sí empezó a rendir millones de dólares, según afirmó su hijo Donald Jr. en una convención de real estate: “Una desproporcionada cantidad de nuestros activos provienen de rusos. Nos llueve mucho dinero desde Rusia”.
No solo dinero. La red de socios rusos y asesores con vínculos en Moscú es amplia e inquietante. Como lo es su extraña admiración por Vladimir Putin y el alineamiento de su política con los intereses del Kremlin, en vez de los de Washington. Se opone, por ejemplo, a la OTAN, y ha asegurado que no defendería a aliados europeos si Rusia les invadiera. Tal demogagia, añadida a su temperamento errático, impulsivo y narcisista, ha disparado las alarmas, particularmente en las agencias de seguridad nacional.
La semana pasada 50 altos funcionarios de inteligencia y defensa de administraciones republicanas, incluidos dos directores de la CIA, denunciaron en una carta abierta que “Trump es un riesgo para la seguridad nacional”. Alertan que “sería el presidente más peligroso de la historia”.
“Carece de autocontrol y actúa impulsivamente. No tolera críticas. Ha alarmado a nuestros principales aliados con su comportamiento errático. Son características peligrosas en quien aspira ser presidente y comandar el arsenal nuclear”, afirma la misiva.
Quien no debe estar alarmado es Putin, o los asesores y socios de Trump con nexos en Rusia. ¿Quiénes son? A continuación algunos de ellos:
•Carter Page: Asesor económico que vivió en Moscú y defiende abiertamente al Kremlin. Se queja de que las sanciones impuestas por Obama tras la invasión de Putin a Crimea están devaluando sus acciones en Gazprom, la empresa energética del estado ruso. Según él, Trump “va a levantarlas”. Acusa a Washington de querer “esclavizar” a Rusia. En una reciente conferencia en Moscú (de la que hay video) denunció la política de EEUU: “Critican a Rusia por seguir usando métodos de la Guerra Fría cuando ha sido Washington quien ha impedido que progrese, al presionar con ideas hipócritas de democracia”.
•Paul Manafort: Jefe de campaña de Trump. Comenzó sus negocios en Ucrania en el 2005 con el oligarca Rinat Akhmetov. Luego ayudó a la marioneta del Kremlin, Viktor Yanukovych, a ganar la presidencia. Y cuando éste fue destituido, Manafort permaneció en Kiev ayudando a partidarios de Putin.
Manafort también se asoció con el magnate del aluminio Oleg Deripaska y crearon en Islas Cayman la sociedad Pericles Investors (Deripaska lo ha demandado acusándolo de llevarse $19 millones).
En otro caso, documentado en una demanda en Nueva York, Manafort recibió al menos $25 millones del oligarca Dmitry Firtash, que financió al depuesto Yanukovych con fondos de Gazprom. El dinero iba destinado a un proyecto de Manafort de apartamentos de lujo en Manhattan, que no se llegó a realizar. Firtash está encausado por la fiscalía federal de Chicago por presuntos sobornos de $18 millones.
Por otra parte, el Buró Nacional Anticorrupción de Ucrania está investigando una lista de pagos secretos del gobierno de Yanukovych en que aparece Manafort con $12.7 millones en dinero efectivo, que él niega haber cobrado.
•Tevfik Arif, Felix Satter y Tamir Sapir: Trump se asoció en el 2005 con ellos para construir Trump Soho en Manhattan y otros proyectos en Rusia. Arif, ex funcionario soviético, fundó junto al ruso Satter la empresa Bayrock (ubicada en Trump Tower) para desarrollar dichos proyectos. Satter fue encausado en Nueva York por vínculos con la mafia en EEUU y el crimen organizado en Rusia, pero evitó la cárcel al hacerse informante del FBI. Sapir es un oligarca allegado al Kremlin. Trump y Bayrock fueron demandados por fraude en Soho Tower y llegaron a un acuerdo extrajudicial secreto con los demandantes.
Trump se asoció con otros dos rusos –Val Levitan y Alex Shnaider– para construir un hotel en Toronto, que también acabó en demandas millonarias. Y tiene un proyecto pendiente en Rusia con el oligarca cercano al Kremlin Aras Agaralov, quien le patrocinó Miss Universo 2013 en Moscú.
Toda esta información es de dominio público, aparecida en distintos medios. Pero la verdadera extensión de los negocios de Trump con rusos es imposible de saber a ciencia cierta mientras él no revele sus impuestos.
Periodista y analista internacional.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de agosto de 2016, 7:47 p. m. with the headline "El candidato del Kremlin (2da. parte)."