Mensajes a los republicanos: “Estoy con Hillary’ no es suficiente
A primera vista, Mike Fernández parece encarnar la necesaria voz republicana de la razón en la batalla política para salvar a la nación de un futuro bajo la peor presidencia imaginable.
El multimillonario de Miami está urgiendo a los votantes a que hagan lo correcto y voten a favor de la demócrata Hillary Clinton para salvar al país del descontrolado Donald Trump, quien Fernández considera que no representa los valores de Estados Unidos ni está calificado para el puesto.
“No tengo la menor ilusión de que Hillary Clinton sea perfecta; ninguno de nosotros lo es”, escribió Fernández el jueves en un artículo de opinión en el Miami Herald. “No estoy de acuerdo en algunos temas con la ex senadora de Nueva York. No obstante, Clinton es, sin la menor duda, una opción superior a Donald Trump. Sus faltas, cualesquiera que sean, están balanceadas por su inteligencia, su experiencia y la humanidad de aceptar que ella no tiene todas las respuestas”.
Esas palabras, viniendo de un importante donante de Jeb Bush y Mitt Romney y republicano de toda la vida que ha respaldado a algunos de los candidatos más conservadores en la Florida, son un espaldarazo de significativa resonancia, aunque no sea la primera vez que Fernández ha tomado una posición en contra de los prejuicios en la política. Como copresidente de finanzas de la campaña de reelección de Rick Scott en el 2014, Fernández celebró una cena de recaudación de fondos a $25,000 por pareja en su mansión de Coral Gables, pero tres días más tarde renunció a la campaña a causa de lo que llamó un equipo “homogéneo” tan inepto en tratar de llegar a los hispanos que pensaba que no era ofensivo burlarse del acento mexicano mientras se dirigían en carro a un restaurante Chipotle.
Puede decirse que Fernández trae un cambio refrescante al estilo de “por el partido, todo” que ha dominado durante demasiado tiempo la política de Miami a nivel tanto local como estatal y federal. Pero hay que leer la letra chiquita al final del artículo de Fernández “Soy republicano, y voy a votar por Hillary Clinton”.
Una vez que expresa su opinión en contra de Trump, él urge a sus correligionarios republicanos a que voten por Clinton “y luego por todos los demás republicanos en la boleta.
“Haga eso, y puede tener la más absoluta seguridad de que habrá prestado un gran servicio a su país”.
Eso no es un consejo muy bueno en la Florida que Fernández conoce demasiado bien. El partido republicano de este estado es un microcosmos del nacional.
Los republicanos –incluyendo a Fernández, quien a pesar de sus reservas dio su apoyo a Scott– votaron a favor de los ultra conservadores del movimiento Tea Party que trajeron medidas duras y una retórica antiinmigrantes a estados como Florida, Arizona y Texas. Tanto el gobernador de la Florida como la procuradora general Pam Bondi, quien no puede ver una demanda en contra de inmigrantes sin querer unirse a ella, son adoradores de Trump. Estos líderes del partido republicano se dedican a complacer a un sector susceptible a los prejuicios de raza y etnia, y usan a los inmigrantes como chivo expiatorio para los problemas. Muchos republicanos –no sólo Trump– han estado regando falsedades sobre los inmigrantes y usando un lenguaje velado para atraer a una base de supremacistas blancos que se sienten ahora validados y apoderados.
Trump es solo más atrevido y habla en un lenguaje estridente, franco y desagradable, pero fue el predominio de la intolerancia y prejuicios entre los republicanos lo que condujo a su candidatura. ¿Por qué hay que favorecerlos?
El miamense Marco Rubio calificó a Trump de “estafador” durante las primarias, pero lo respalda ahora. La excusa de Rubio: él se comprometió a respaldar a cualquier republicano que ganara la nominación. Pero también dijo que no volvería a postularse para el Senado y ahora está enfrascado en otra reñida campaña.
Votar por Rubio, como aconseja Fernández, es votar por uno de los obstruccionistas que no lograron resolver casi nada en el Congreso, pero que ayudaron a abrir el camino para que Trump se apoderara del partido. Rubio se opone a los cambios, como la restauración de relaciones diplomáticas con Cuba que republicanos como Fernández apoyan. Rubio no ha suavizado su posición sobre la inmigración, como tampoco lo ha hecho Trump: la única diferencia es que Rubio expone la línea dura con gran habilidad oratoria.
No me gusta defender la política de un partido único, pero el papel de Rubio como senador no será sólo compensar el poder de la presidencia, como él alega ahora, disimulando su papel como alguien que se dedicó a complacer al tipo de gente a quien le gusta Trump.
Si los republicanos votan por Hillary Clinton y luego por todos los demás republicanos en la boleta, vamos a tener lo mismo que hemos tenido durante los últimos ocho años: un Congreso que no hace nada, un gobierno estatal al que no le importan los recursos naturales más preciosos y los habitantes más vulnerables del estado, y la misma maquinaria republicana local fabricando candidatos como Rubio.
Es un mal consejo, ofrecido por miembros del partido cuya política divisiva creó a Donald Trump.
El Partido Republicano necesita sufrir un fuerte golpe político –algo más que perder la presidencia por otros cuatro años– si es que va a regresar alguna vez a ser el honorable partido de Lincoln y si es que va a representar a la nueva composición demográfica del siglo XXI.
Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de septiembre de 2016, 6:16 p. m. with the headline "Mensajes a los republicanos: “Estoy con Hillary’ no es suficiente."