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Fabiola Santiago

Fidel Castro deja el mundo con más sangre en las manos

Soldados custodian recipientes de gasolina para rellenar el tanque de los vehículos de la caravana que transporta las cenizas de Castro.
Soldados custodian recipientes de gasolina para rellenar el tanque de los vehículos de la caravana que transporta las cenizas de Castro. AP

A raíz de su muerte, mientras sus cenizas recorren la isla en una urna, Fidel Castro deja atrás un rastro de nuevas víctimas en Cuba. Un cortejo militar para el tirano, y un duelo impuesto y golpizas brutales para los cubanos que se atrevan a a verlo como quien realmente fue.

Estas nuevas víctimas de la dictadura, ocultas al mundo de los medios que cubre diligentemente el adiós al dictador, tienen nombre e historia. Tienen familias que los quieren. También tienen sueños para Cuba.

En La Habana, un audaz grafitero comprometido con la verdad –Danilo Maldonado, conocido como “El Sexto”– se atreve a infringir el toque de queda y camina por una calle de su ciudad, expresando con pintura y en un mensaje en video su desdeño por Castro. Fue arrestado y golpeado en una estación de policía.

En Cárdenas, donde vive el tristemente célebre Elián González y su familia, todos admiradores de Castro, el disidente Eduardo Pacheco abre la puerta de su casa después que le lanzan una piedra y es atacado por la policía cubana, que lo golpea tan fuerte que tienen que hospitalizarlo. A su familia le impiden verlo. Su delito: negarse a lamentar la muerte de Fidel Castro.

En el pequeño poblado oriental de Yaguabo, cerca de Bayamo, en la ruta del cortejo fúnebre, Erisdel Moya, de 28 años y padre de dos hijos pequeños, es sacado de su casa y arrestado. La razón es que pertenece a un grupo pacífico de disidentes inspirado en Huber Matos, comandante de la revolución que rompió con Castro por su acercamiento al comunismo y cumplió 20 años de prisión. Matos murió exiliado en Miami hace dos años a los 95.

Todavía no ha llegado el día de la verdadera alegría, porque Cuba sigue esclava de otro dictador, ¡pero ese día llegará! No tengo duda, ya viene llegando

María Elena Prío

hija del último presidente cubano elegido democráticamente, Carlos Prío Socarrás

Lo mismo le sucede en Holguín a Eduardo Cardet, coordinador del Movimiento Cristiano Liberación, antes que la caravana se acerque a la histórica ciudad donde el papa Francisco dijo misa. Fue golpeado y arrestado, y le advirtieron a su familia que enfrenta 15 años en prisión.

Lo que se presenta al mundo es que toda Cuba ama a su déspota, pero eso no es cierto. El Sexto, Pacheco, Moya, Cardet –y muchos otros a quienes no se pudo grabar en video, quienes no tenían la suerte de tener familiares en Miami que denunciaran públicamente los abusos sufridos– pagan el precio por vivir su verdad.

Las nuevas golpizas y arrestos son el antídoto de los que ven a Castro a través del prisma del mito revolucionario. Sin suficiente cobertura mundial para detener la rutina establecida de los abusos diarios a los derechos humanos, ocultar los crímenes del castrismo solamente alarga la miseria de los cubanos. Es como si el mundo hubiera perdido a manos del tiempo y la fatiga la capacidad de indignarse ante la dictadura y de tener compasión por su pueblo.

Fidel Castro deja este mundo en que lanzó su aventura revolucionaria con más sangre en las manos.

Como declaró Mario Vargas Llosa, ganador del Premio Nobel, al diario español El País: “A Castro no lo absolverá la historia”.

La historia de Fidel Castro está llena de víctimas. Ninguna tan inocente como Yousell Pérez Tacoronte, un niño de 11 años y rostro angelical, ahogado en el mar por las patrulleras cubanas mientras sus padres trataban de huir de Cuba en un remolcador en 1994. Las historias de todas las víctimas –entre ellas las de los fusilados sumariamente, como 71 partidarios del ex dictador Fulgencio Batista ejecutados en un solo día, el 11 de enero de 1959– se cuentan en el Truth & Memory Project, en Washington DC, de la organización Cuba Archive. Grupos de derechos humanos también han documentado seis decenios de abusos.

En la isla, a puertas cerradas esta semana, mientras las cenizas del guerrillero mayor regresan al lugar donde todo empezó, en la ciudad de Santiago de Cuba, los disidentes miran por la ventana mientras los agentes encargados de mantenerlos bajo control se muestran listos para actuar. Pero algunos cubanos de a pie lo arriesgan todo y hablan con toda seriedad de sus complejas reacciones ante la muerte de Castro. Son un ejército de gente de verdad –cubanos que sueñan con una sociedad pacífica, próspera y democrática– silenciados para que el comandante no reciba el desprecio que se merece.

“El presidente cubano con más tiempo en el cargo”, fue como calificó el primer ministro canadiense Justin Trudeau al dictador más antiguo del continente, y uno de los más brutales del mundo también. Trudeau, quien se muestra solidario con otras causas, expresó “profunda pena” por la muerte de Fidel Castro.

La única pena profunda es la que ha sufrido el pueblo cubano y que sigue sufriendo innecesariamente bajo el gobierno de otro Castro.

“De repente me veo llorando inesperadamente”, dijo María Elena Prío, hija del último presidente cubano elegido democráticamente, Carlos Prío Socarrás. “Lloraba por el daño que hizo Castro y que su muerte no puede deshacer, las vidas perdidas, el dolor causado por la separación de las familias, las privaciones económicas y morales que han sufrido los cubanos de la isla durante tanto tiempo, los sueños e ideas silenciadas de una generación, la prisión sufrida por hombres y mujeres amantes de la libertad, y mucho más. Y por los cubanos, como mi padre, que no vivieron para ver este día. Pero todavía no ha llegado el día de la verdadera alegría, porque Cuba sigue esclava de otro dictador, ¡pero ese día llegará! No tengo duda, ya viene llegando”.

Pero, por ahora, hay represión, más castrismo, más dolor y separación, una nueva generación de cómplices, y un nuevo rastro de víctimas.

Qué macabro y apropiado para el último viaje del dictador.

Ese fue Fidel Castro.

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de diciembre de 2016, 6:38 p. m. with the headline "Fidel Castro deja el mundo con más sangre en las manos."

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