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Fabiola Santiago

El megamall, una pesadilla de tráfico para los residentes de Miami Lakes y alrededores

Proyección del American Dream Miami, que aspira a ser el centro comercial más grande de EEUU, con un parque temático acuático que se construiría en el noroeste de Miami-Dade.
Proyección del American Dream Miami, que aspira a ser el centro comercial más grande de EEUU, con un parque temático acuático que se construiría en el noroeste de Miami-Dade. Miami

Los urbanizadores canadienses lo llaman American Dream Miami, el Sueño Americano de Miami.

El nombre solamente le viene bien porque el proyecto de tamaño colosal ha recibido un tratamiento de ensueño por parte del gobierno del Condado, el cual por un lado afirma que el tráfico es el problema número uno que hay que resolver y, por el otro, le dan aprobación acelerada a un proyecto del que nadie, ni siquiera sus partidarios, tiene la menor duda de que será una pesadilla de tráfico.

Es por eso que el proyecto se ha ganado el sobrenombre de “American Nightmare Miami”, la Pesadilla Americana de Miami, lo cual juega con el argumento de venta de los urbanizadores de que esta es la respuesta de Miami a Disney World en forma del centro comercial más grande de Estados Unidos y de un parque temático acuático en un terreno de 200 acres en el área del Northwest de Miami-Dade.

Toda esta grandiosidad, sin embargo, lo único que trae consigo es su tamaño, miles de trabajos de bajo sueldo, y el potencial de ganancias para los urbanizadores, pero escasos beneficios reales para los residentes establecidos del área y las personas que viajan diariamente de ida y vuelta al trabajo entre Miami-Dade y el área del suroeste de Broward.

A diferencia de Orlando, que era un lugar en gran medida poco urbanizado cuando Disney abrió sus puertas en 1971, el terreno del súper centro comercial colinda al este con comunidades bien establecidas, algunas de las cuales están apretujadas en urbanizaciones de edificios pegados unos al otro que crearon los embotellamientos originales de tráfico en el área. Allí también se intersectan dos autopistas, el Turnpike y las I-75, ambas ya llenas a reventar.

El proyecto fue “soñado” por la compañía canadiense Triple Five (propietaria de Mall of America en Minnesota) en colaboración con Graham Companies, empresa de Miami Lakes que les vendió discretamente una buena parte del terreno mientras ellos planeaban su propia urbanización gigante de espacios de vivienda, oficinas y tiendas junto al complejo de entretenimiento. Además, ambas compañías se unieron para solicitar el apoyo del Condado. Una jugada maestra.

Como una parte considerable de la excesiva urbanización de Miami-Dade, la aprobación del proyecto ilustra la manera en que el gobierno socava a la comunidad. Aunque proyectos a menor escala que requieren cambios de zonificación son el encabezamiento de montones de notificaciones condales sobre audiencias, ni una sola notificación sobre el súper centro comercial y parque temático ha sido enviada a los miles de residentes afectados del área.

Y, lo que es aún peor, los funcionarios del Condado presionaron francamente a la Junta de Asesoría de Planificación de Miami-Dade para que enviara el proyecto a la comisión del Condado para su aprobación preliminar. El plazo de año y medio para que las solicitudes de los urbanizadores sean aprobadas o denegadas por la junta de planificación se estaba venciendo. ¿Por culpa de quién? De los urbanizadores, cuyos planes todavía no están completos.

¿Qué tipo de junta de planificación presenta para la aprobación de la comisión de un condado planes incompletos para un súper centro comercial y parque temático que alterarán las vidas de todos?

Una que hace obedientemente lo que le dicen que haga.

“Funcionarios nos pidieron que no lo elimináramos… nos pidieron que se lo pasáramos a la Comisión del Condado para que ellos pudieran continuar las negociaciones”, me dijo el miembro de la junta Richard Tapia, profesor universitario. La junta no lo recomendó, dijeron él y otros miembros, solamente “lo transmitieron”. Tapia está a favor del proyecto como un estímulo al turismo y la creación de empleos, aun cuando admite “la preocupación del tráfico” y el que los empleos en las tiendas son de bajos sueldos. El tiene la esperanza de que el proyecto impulse una extensión del Metrorail a esa área (ni lo sueñes) y que la urbanizadora pague por la construcción de rampas de salida de las autopistas a la misma (sigue soñando). Pero, al votar a favor de enviar el proyecto a la comisión, ¿sabotearon o no él y los demás miembros que lo hicieron la posibilidad de unas negociaciones justas? ¿Alguien ha escuchado hablar alguna vez de una urbanizadora que pague voluntariamente por algo que no se establezca por escrito antes de que a un proyecto se le dé la luz verde?

Más probable que eso es que Triple Five y Graham Companies pidan que les concedan incentivos fiscales. El Departamento de Transporte estatal ya ha gastado fondos de los contribuyentes en las vías que rodean el centro comercial. Pero unas rampas especiales, prometidas en los argumentos de venta para apaciguar las objeciones al súper centro comercial de los residentes del área, deberían ser pagadas por las compañías. Es lo mínimo que deberían hacer.

La junta de planificación tuvo la oportunidad de demorar el proyecto, echarlo atrás y exigir planes más detallados y más comprometidos, o hasta de simplemente eliminar de antemano semejante disparate despilfarrador. Pero, como era de esperar, la junta –compuesta por personas vinculadas a la industria de la construcción, la industria inmobiliaria y la política– lo pasó directamente a la comisión del Condado y se lavó las manos por medio de reducir la importancia de su decisión.

La idea de poner Disney World en Miami fue descartada en la década de 1970.

Disney le vino bien a Orlando porque la ciudad creció alrededor de un gran centro de entretenimiento bien organizado, y no al revés. Y, debería señalar porque yo viajo allá con bastante frecuencia, Orlando y las comunidades que le rodean tienen además que lidiar con enormes problemas de tráfico como resultado de su presencia. Pero por lo menos los que viven allí pueden encontrar formas menos transitadas de darle la vuelta a las propiedades de Disney y la apabullante industria del entretenimiento que ha surgido alrededor de las mismas.

American Dream Miami, por su parte, es un gigante que viene a entrometerse en comunidades de clase media y trabajadora ya establecidas que corren riesgo de perder el verdadero Sueño Americano que consiguieron al hacerse propietarios de viviendas en áreas de suburbios. Al vender los terrenos a Triple y extender la urbanización alrededor del súper centro comercial y parque temático, lo único que está haciendo Graham Companies es sumarse a la erosión de la calidad de la vida. No estoy exagerando al decir que los Graham han traicionado a la antes paradisíaca Miami Lakes, la comunidad bien planificada que ellos construyeran con tanto orgullo.

Si los funcionarios del Condado no dejan de dar aprobación acelerada a cada paso del procesode American Dream Miami, no tratan de reducirlo, y no tratan de negociar quién va a pagar por qué –y si ellos no brindan soluciones suficientes para mitigar los problemas del tráfico– la mejor comparación no sería con Disney, sino con una pintura en el Museo del Prado de Madrid: la famosa representación que hizo Goya de Saturno devorando a sus hijos.

Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de diciembre de 2016, 9:28 a. m. with the headline "El megamall, una pesadilla de tráfico para los residentes de Miami Lakes y alrededores."

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