Fabiola Santiago

Jorge Pérez financió un documental que resultó una propaganda contra el embargo

El urbanizador y filántropo Jorge Pérez, (centro) saluda al presidente Barack Obama en un encuentro para oportunidades de negocio el 21 de marzo del 2016, en La Cervecería, en La Habana.
El urbanizador y filántropo Jorge Pérez, (centro) saluda al presidente Barack Obama en un encuentro para oportunidades de negocio el 21 de marzo del 2016, en La Cervecería, en La Habana. AP

El documental Embargo es deficiente desde el punto de vista técnico. Es tedioso, confuso y no está a la altura de los estándares del Miami Film Festival, el cual cuenta con un historial de excelencia con respecto a películas sobre Cuba, ya sean hechas en la isla o en el extranjero.

El filme, obra de una cineasta novicia de Portland, Jeri Rice, quien fue a Cuba hace varios años y tuvo un encuentro con Fidel Castro, formula una pregunta válida: ¿por qué existe el embargo?

Pero da una respuesta propagandística salida directamente del libro de recetas del gobierno cubano sobre la opresión histórica que Estados Unidos ha ejercido sobre Cuba, sin presentar contrapeso alguno sobre la miríada de crímenes cometidos por el gobierno de Castro que merecen sanciones. No se hace mención alguna de los millones de dólares en remesas que los cubanoamericanos han estado enviado a Cuba todos los años, ni tampoco de que, luego de que el presidente Barack Obama restableciera las relaciones con ese país y comenzara a eliminar unilateralmente piezas del embargo, Raúl Castro respondió con más represión.

El documental incluye un montaje de imágenes de la Guerra Fría, una conexión inventada con el programa I Love Lucy que nada tiene que ver con la política, y testimonios de expertos que presentan una narrativa unilateral sobre el complejo tema de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. A lo largo de sus tortuosos 90 minutos se acumulan clichés e historias conocidas sobre la mafia en la Cuba precastrista, vínculos con la CIA y la incompetencia de las administraciones de EEUU para lidiar con Castro.

Yo no tengo ningún deseo de colaborar con el gobierno cubano, ni de trabajar para ellos

Jorge Pérez, urbanizador

A menos que uno sea un experto en Cuba, es difícil de seguir. Pero hay algo que se nota de inmediato: la manera en que se retrata a la comunidad cubana de Miami como un nido de terroristas y de guardianes del embargo de EEUU contra el pobre pueblo cubano.

En su estreno en el Tower Theater de La Pequeña Habana, algunos se levantaron y se fueron, mientras que otros lo encontraron digno de verse, a pesar de sus defectos. Pero algunos cubanoamericanos –enemigos del embargo y amantes de la Primera Enmienda, debo de resaltar– están justamente indignados y están cuestionando el porqué y el cómo semejante propaganda vino a parar a este respetado festival de cine.

“Me sentí como si estuviera en Kansas, no en Miami”, me dijo la patrona de las artes Rosemary Ravinal. “¿El derribo de los aviones de Hermanos al Rescate estuvo justificado porque invadieron el espacio aéreo cubano? ¿Cuba exporta médicos a los países necesitados sin intención de propagar la ideología comunista? ¿Cómo es eso? Este filme no es arte, es una confabulación propagandística”.

La película fue financiada por el multimillonario urbanizador de condominios Jorge Pérez, un filántropo cuyo nombre lleva el museo de arte de Miami. Pérez es asimismo –y esto es un conflicto de interés inherente en el caso– uno de los principales donantes del festival de cine. Su compañía, Related, es listada como uno de los principales auspiciadores del mismo. Además, él donó al festival una subvención de $15,000 para atraer películas y cineastas cubanos a Miami.

¿Ejerció él su influencia para incluir un filme mal hecho con objeto de ganarse el favor del gobierno cubano para sus ambiciones de urbanización en Cuba? ¿O fueron los organizadores del festival de cine quienes estuvieron demasiado dispuestos a complacer a su benefactor a expensas de la comunidad?

“Yo no ejercí presión ninguna para la inclusión de este filme ni de ningún otro en el Miami Film Festival”, me dijo Pérez por correo electrónico.

A él también le pareció que el documental “se inclinó demasiado a la izquierda e idealizó demasiado a Castro”. A él también le preocupó que el filme “pareció condonar el derribo de los aviones”, y dijo que trató sin éxito de que eliminaran eso.

“Al final del filme, ellos añadieron el nombre de Fidel Castro con sus fechas de nacimiento y muerte como si la película estuviera hecha en su honor, lo cual a mí no me gustó nada”, dijo Pérez. Si él financió el filme y fue entrevistado y filmado caminando por las calles de La Habana con la cineasta, fue porque él considera que “el embargo no es bueno” y quiere conseguir cambios en Cuba a través del intercambio de ideas y del comercio.

“Yo no tengo ningún deseo de colaborar con el gobierno cubano, ni de trabajar para ellos”, dijo Pérez. “Mi único pensamiento ha sido que, si alguna vez pudiera participar, y sólo si fuera legal tanto según las leyes de Estados Unidos como las de Cuba, me gustaría mucho contribuir, sin afán de lucro, a la reurbanización histórica de La Habana”, dijo.

Pero todos los que estuvieron involucrados debieron ver venir esto. Rice no es muy diferente de algunos estadounidenses que viajan a Cuba y se tragan el cuento del gobierno cubano a pesar de que no se tragan el de su propio país.

Rice recuerda cuando “esperaba a encontrarse con el monstruo” que rondaba por sus pesadillas de infancia después de que los urgentes preparativos de su familia para sobrevivir la guerra nuclear durante la Crisis de los Misiles de Cuba de 1962 la traumatizaron. No obstante, cuando Castro se presentó en una reunión de la Federación de Mujeres Cubanas a la que ella asistió, él resultó ser, oh, humildísimo.

Rice afirma que Castro le dijo: “Traté de crear una utopía y fallé. Y no tengo tiempo de arreglarla”.

¡Pobrecito el comandante! Buuuu. Pobrecito el tirano.

Así es como se arruina una institución tan respetada –y por la que se ha luchado tan duro– como el Festival de Cine de Miami.

Y ¿con qué objetivo?

Embargo no dice nada nuevo. Y, ciertamente, no nos acerca a Cuba.

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