La política de Trump de separar a los padres de los hijos es malévola
Tienen tanto miedo los que buscan amparo en este nuevo Estados Unidos gobernado por Donald Trump que sus abogados de emigración ni siquiera quieren identificar el país de donde huyeron de la desenfrenada violencia que lo destruye. Pero se sabe que vienen de alguno de los tres países más violentos de Centroamérica: Guatemala, Honduras o El Salvador.
“Salieron huyendo para salvar sus vidas”, me dice Abel S. Delgado. “Esta familia era el blanco de amenazas de un hombre vinculado a las pandillas y actuo contra ellos con violencia”.
El abogado, que trabaja en la organización de Miami Americans for Immigrant Justice , no sólo trata de salvar la vida de una madre y sus dos hijos adolescentes si logra que se queden en el sur de la Florida, donde han podido recibir un sinfín de servicios que necesitan de una red de agencias comunitarias, sino también libra una batalla con el Departamento de Seguridad Nacional (Homeland Security) y con tribunales de inmigración para conservar intacta la unidad de la familia.
Hacer algo así en estos tiempos es una tarea hercúlea.
Deportación tras deportación, vemos surgir un cuadro diferente que es mucho más duro del que se imaginan incluso los que se oponen a la inmigración, y sin duda distinto del récord del presidente Obama de deportación de los indocumentados con antecedentes penales.
El gobierno de Trump está deportando no sólo a “hombres malos” como Trump los ha descrito, sino también a padres trabajadores de niños norteamericanos que no tienen antecedentes penales.
El caso del mexicano Roberto Beristain, dueño de un restaurante de Indiana, casado con una mujer del medioeste que votó por Trump, ocupó los cintillos noticiosos de todo el país recientemente. Beristain es padre de cuatro hijos, lleva en EEUU 19 años, y no tiene siquiera una multa de estacionamiento en su historial. Sin embargo, cuando se reportó en una oficina de inmigración, fue detenido para ser deportado.
¿Qué propósito cumple un tipo de medida semejante en este país?
Es algo inhumano y no arregla nada.
Y si algo así le ocurre a un hombre que tiene una esposa norteamericana y todo un pueblo a favor de Trump que lo respalda, es fácil de imaginar lo que tienen que vivir los miles de seres anónimos que han escapado de la violencia pandillera, de los asesinatos y están horrorizados por la posibilidad de ser deportados. Beristain tuvo suerte de salir en libertad tras pagar una fianza de $3,000, pero ¿y los demás?
“Viven llenos de miedo”, dice Delgado de la madre y los hijos que está tratando de ayudar y de las miles de personas que están en circunstancias similares.
Incluso aquellos que están en camino de convertirse en residentes legales y en ciudadanos tienen motivos para preocuparse.
El hijo mayor que tenía 16 años cuando escapó de Centroamérica, se separó de su madre y de su hermano en la frontera y fue admitido como un menor sin acompañante. En la actualidad es estudiante del Miami-Dade College y es elegible para obtener una U-Visa que se da cuando una persona ayuda a las autoridades y a funcionarios del gobierno en la investigación y encausamiento de actividades delictivas.
Sin embargo, sólo se otorgan 10,000 de esas visas al año y hay una enorme espera debido a la acumulación de peticiones. Delgado teme que antes de que a esta familia le toque su turno, la madre, que tiene permiso de trabajo pero también tiene una orden de deportación, pueda quedar separada de sus hijos.
Las órdenes ejecutivas de Trump han creado una angustia e inseguridad tremendas porque no se sabe ciertamente cómo las autoridades de inmigración las pondrán en vigor a nivel local. En momentos en que el aparato de deportación de Trump está expulsando a indocumentados a un ritmo acelerado por todo el país, es sólo cuestión de tiempo antes de que los principios de la unidad de una familia desaparezcan por la borda.
Los niños centroamericanos se merecen el apoyo de la comunidad. Cualquier ciudadano puede ayudar pidiéndole a los miembros del Congreso que rechace la petición del Departamento de Seguridad Nacional que busca un incremento de $3,000 millones para aumentar las fuerzas para hacer deportaciones masivas y crear nuevos centros de detención.
Para cualquier familia la separación es trágica, pero para jóvenes que han tenido que vivir episodios traumáticos en su país de origen y durante la travesía a Estados Unidos, la deportación de un padre agrava el sufrimiento.
El gobierno de Trump parece estar ciego y no quiere ver la crueldad de lo que está haciendo. Y las deportaciones no son la única práctica inhumana que se ha contemplado.
John Kelly, secretario del Departamento de Seguridad Nacional, dijo que la administración Trump está considerando una medida que separaría a los niños de sus padres y los mantendría detenidos en diferentes lugares mientras se discuten sus casos.
En esta medida no hay corazón ni compasión ninguna.
En la frontera o en nuestras ciudades, la política de Trump de separar a los niños de los padres es pura maldad.
Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de abril de 2017, 6:44 p. m. with the headline "La política de Trump de separar a los padres de los hijos es malévola."