Dejen a José Fernández descansar en paz
A lo mejor Jeffrey Loria tiene mucho, pero mucho interés en caernos bien.
A lo mejor el dueño de los Marlins está simplemente tratando de llenar los asientos, vergonzosamente vacíos, de su estadio construido con la plata de los contribuyentes, un elefante blanco y un monumento a todas las razones por las que Loria no nos cae bien. Su gente vendió una historia falsa de que el equipo se iba a San Antonio y los tontos de los políticos la compraron. Una vez que tuvo su estadio subsidiado, él acabó con el equipo de jugadores que los fans habían aprendido a querer.
Pero el último invento de Loria en busca de atención usando al difunto pitcher de los Marlins José Fernández –especialmente en medio de toda la especulación sobre si el equipo está o no a la venta– es demasiado. El dijo a Jerry Crasnick, de ESPN.com, que mandó a hacer “una gran escultura de José para ponerla en la plaza o a lo mejor al frente del estadio”.
Como si no se hubieran hecho suficientes tributos al adorado jugador cuyo nombre y número 16 adornan paredes anaranjadas, y cuya taquilla y equipo de béisbol están siendo preservados tal y como los dejó, Loria le ha comisionado la estatua a William Behrends, conocido por sus esculturas de leyendas del deporte.
La estatua de bronce tendrá entre 9 y 10 pies de alto, dijo Loria, y mostrará a Fernández con un guante entre rojo y anaranjado como cuando era lanzador de los Marlins.
Loria, personalmente, se está ocupando de escoger la expresión que mostrará Fernández.
"Revisé cientos y cientos de fotografías con el escultor y las expresiones de la cara de José para tratar de hacerla perfecta", dijo.
Pero la verdadera imagen de la vida de Fernández dista mucho de la perfección.
Que Miami ama a Fernández –no importa qué decisiones terribles tomó la noche de su muerte, que le costaron la vida y la de los dos amigos que lo acompañaban– nadie lo duda. Su historia era la nuestra. Se podría decir que hasta su mismo fin lo hizo parte de nuestra cultura. Las drogas son el azote de nuestro tiempo, y han marcado a esta ciudad. El no fue inmune a esa tentación. Su espíritu de diversión, que todo el mundo admiraba, se volvió en su contra.
Sí, a pesar de los informes de toxicología que muestran que él estaba embriagado con cocaína y alcohol –y casi seguro al timón de su lancha y a exceso de velocidad cuando se estrelló contra el espigón de Government Cut– todavía podemos sentir admiración por el jugador y por la persona que fue. No sólo por su habilidad para lanzar la pelota, sino además por la alegría que trajo al juego y la manera generosa en que trataba a sus fans. Por ser el tipo de persona que se lanza al mar para rescatar a un ser humano. Aunque él no lo sabía cuando saltó, era su madre quien se había caído del bote en el que huían de Cuba.
Los obstáculos que vencieron el pitcher estrella siempre sonriente y su familia para que Fernández pudiera llegar a Estados Unidos y jugar béisbol profesional nos conmovieron. Y también nos conmovió su anhelada reunión con la abuela que escuchaba sus juegos en un radio desde su humilde azotea en Cuba. Que él haya muerto sin haber conocido a su hija Penélope, nacida en febrero, y el que ella nunca lo conocerá, hace que su historia sea aún más trágica.
Pero es hora de dejar a José Fernández descansar en paz.
Una tarea más digna que un monumento sería que Loria financiara una campaña de conciencia pública sobre los peligros de beber y manejar un barco, una campaña dedicada a jóvenes como Fernández y sus dos amigos. Después de todo, si Fernández hubiera sobrevivido, hubiera sido encausado por graves crímenes a consecuencia del accidente. Su familia y su patrimonio enfrentan ahora una demanda por muerte por negligencia.
Una estatua de un muchacho con un brazo dotado no borra su trágico final, no borra los errores de su historia, sino que los enfatiza.
Pero Loria quiere seguir exprimiendo su inversión multimillonaria en Fernández. Está obsesionado con el muchacho, y no es justo con el resto de los jugadores. ¿Quién puede compararse con el estatus mítico al que Loria está elevando a Fernández? Y tampoco es justo para los fans que les recuerden constantemente esa tragedia.
En cuanto a que Loria nos caiga bien, ya eso no tiene vuelta. Ha engañado a los fans de los Marlins demasiadas veces.
El dolor es cierto, pero la idolatría desmedida de Fernández por parte de Loria ya no suena sincera. Apesta a la atmósfera circense en busca de publicidad que montó Loria cuando trajo de Cuba a la adorada abuela de Fernández, en un momento en que Loria estaba siendo cuestionado por los fans por reemplazar a las estrellas del equipo con novatos.
Ahora, está alentando especulaciones sobre la posible venta de los Marlins.
Hace falta que alguien –Derek Jeter, Jeb Bush, quien sea– compre el equipo a ver si salimos de Loria.
Y dejen a José Fernández descansar en paz.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de abril de 2017, 6:56 p. m. with the headline "Dejen a José Fernández descansar en paz."