Fabiola Santiago

FABIOLA SANTIAGO: American Dream y su impacto en la comunidad

Para los corredores de poder del Condado con sede en el dowtown de Miami, las comunidades de habitaciones pequeñas en el noroeste de Miami-Dade pueden ser sacrificadas en el afán de aumentar la base de impuestos y crear empleos.

Pero si el alcalde Carlos Giménez y la Comisión del Condado de Miami-Dade van a destruir la calidad de vida de los residentes con su plan de traerles a la puerta de las casas un enorme y grotesco centro comercial y un parque temático, deberían al menos escuchar a la gente cuyas vidas están afectando.

“Hay un tráfico tan horrible que ya no podemos salir de nuestros vecindarios”, dice Patricia Collado, una asistente jurídica, madre de un bombero que se va para Tennessee y presidenta de la Asociación Cívica de Palm Springs North.

Esta es una mujer que trabaja duro para la comunidad de clase media en que ha vivido los últimos 27 años, un enclave no-incorporado donde la gente solía reducir la velocidad, esperar — y hasta sonreír — cuando los patos cruzaban el camino de dos carrileras, pero que ahora es un manojo de nervios.

En los últimos años, el Palm Springs North ha luchado contra los esfuerzos de las ciudades de Miami Gardens y Miami Lakes por anexarla. La expansión del noroeste de la Avenida 87 a través del extremo oeste del vecindario ha desviado mucho tráfico hacia las calles que antes eran tranquilas y residenciales. Las explosiones de una operación de canteras de piedra que se mudó a unas pocas millas al este está estremeciendo sus casas y agrietando cimientos.

Aun así, hay otro centro comercial y una escuela secundaria subvencionada entre los planes para el vecindario, aunque ya existen ocho escuelas dentro de un radio de cinco millas y cantidad de tiendas.

Como si todo eso fuera poco, ahora, de la noche a la mañana, llega la sorpresa de que Giménez ha llegado a un acuerdo secreto de traer no cualquier centro comercial, sino “el centro comercial más grande de Estados Unidos”, a un terreno al oeste de Palm Springs North y al este de la cantera de piedras en la intersección de la I-75 y el Turnpike.

No importa cuánto los políticos quieran dorar la píldora, esto significa que una tremenda cantidad de tráfico y ruido va a penetrar las áreas residenciales cercanas, incluyendo a Miramar en Broward.

Para colmo, con apenas una semana de aviso a los residentes afectados, la comisión del condado ha citado a una votación clave para el martes a fin de acopiar terrenos que ahora están en posesión del estado para el urbanizador.

“No existe aún un acuerdo definitivo”, insistió Giménez el viernes en una entrevista conmigo. “Esta votación es sólo para acopiar los terrenos y los requisitos para la creación de empleos que viene con los terrenos. Existe un proceso, un proceso muy público, y no será uno solo; esto va a durar algún tiempo y la gente tendrá derecho a venir a la comisión del condado para que se oiga su voz”.

Miembros del público tendrán la oportunidad de hablar durante dos minutos cada uno el martes, pero avisados con tan poca antelación, dice Collado, muchas personas que trabajan no podrán comparecer. Si la comisión del condado vota y aprueba el acuerdo sobre el terreno, la próxima oportunidad surgirá sólo en reuniones para elevar la zonificación y determinar el uso del terreno, después de que el alcalde y la comisión del condado hayan asignado toda el terreno necesario para un proyecto de esta magnitud en las manos del urbanizador.

¿Es justa para los residentes esta manera rápida de canalizar todo esto? Con el acuerdo sobre el terreno resuelto, el proyecto marchará hacia adelante. Giménez estaba incluso dispuesto a exagerar el potencial de empleo del proyecto para lograrlo. En un memorándum a los comisionados, Giménez dijo que se crearían 25,000 empleos, cuando en realidad el contrato con el urbanizador Triple Five requiere solamente 7,500 en un período de 15 años o Triple Five tendrá que pagar multas. Es una diferencia significativa, pero el alcalde niega haber dicho jamás que el proyecto crearía 25,000 empleos. Él le dijo al Herald esta semana que la cifra de 7,500 es sólo un número “básico” y que él cree que el centro comercial empleará 25,000 personas si a los urbanizadores se les permite construir lo que ellos desean construir.

Si la comisión aprueba el acuerdo de Giménez de entregar acres de terrenos del estado a una compañía con base en Canadá, lo único que los residentes podrían hacer es protestar en alta voz y en grandes multitudes en cada sesión de la comisión para atenuar algunas cosas, tales como los muros contra ruidos y las rampas de salida dedicadas a lo que un lector acertadamente llama “un gigantesco despilfarro”.

Pero es como si las comunidades residenciales del noroeste de Miami-Dade no existieran y no contaran para nada.

“Cuando abrimos la Avenida 87 y [Giménez] vino, ni siquiera sabía dónde estaba”, me dice Collado. “Él no conoce nuestra comunidad. Nos sentimos derrotados antes de siquiera iniciar este tema. Apenas tenemos dónde apoyarnos para luchar contra esto. El condado está atentando contra nuestras vidas, pero ¿cómo nos defendemos? Queremos criar a nuestros hijos en nuestra comunidad, pero poco a poco está cambiando de manera total”.

Tal vez Collado y todos los que vivimos en esta área podamos encontrar alivio en que American Dream Miami pueda servir de amortiguador entre nosotros y las explosiones de la cantera de piedras.

Porque aquí todo tiembla como un terremoto.

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