El gran logro de Trump: aterrorizar a los inmigrantes
“¡Ese muro se construirá!” Así dijo el presidente Donald Trump a los medios el martes pasado, en su típico vocabulario inmaduro, cuando el conteo a los primeros 100 días de su gobierno se acercaba a su fin. “El muro se construirá 100 por ciento... Es muy, muy importante”.
La gente se ríe cuando le digo que el presidente Trump me ha llevado a dejar la cafeína. Pero no es broma. Mi dosis diaria de cafecito bien cargado, parte de mi rutina desde hace cuatro décadas, ha sido reemplazada por el té por una razón: escribir sobre la cruel política de inmigración de Trump con mucha cafeína en el cuerpo –sobre todo de la medida de separar a los padres de los hijos– me iba a matar.
Aun con lo detestable que es la idea, no es precisamente el estúpido muro lo que me enfurece. Lo que me hace subir la presión es ver como las odiosas promesas de campaña de un multimillonario que también es una celebridad se convierten en las órdenes ejecutivas de un presidente para quien los inmigrantes indocumentados que han hecho de este país su casa por décadas se han convertido en un objetivo factible de amedrentar.
No importa que México no pague por el muro y que el Congreso, al menos por ahora, no dé los fondos para este, y que Trump haya aceptado desistir de la búsqueda de financiamiento para evitar el cierre del gobierno. La obsesión por el muro es una distracción de las verdaderas historias sobre la inmigración que se viven cada día en las comunidades del país. El tema del muro nos impide ver –con la atención que merecen– las víctimas del corto período de Trump en la presidencia.
El gran logro del Presidente en sus primeros 100 días es aterrorizar a los inmigrantes indocumentados que son un blanco fácil: los padres que llevan a los hijos a la escuela en las comunidades latinas; madres que resultan arrestadas al asistir a una cita de rutina con ICE. A una abuela encargada de cuidar a sus nietos, hijos de un veterano de la Marina, le ocurre lo mismo en la puerta de su casa. Un activista también es detenido al salir de una conferencia de prensa y un dueño de negocio muy apreciado en una comunidad con muchos partidarios de Trump es deportado, a pesar de las peticiones para que no lo hicieran.
Puedo continuar citando casos, especialmente las deportaciones de mexicanos que son obligados a dejar atrás a sus hijos menores en EEUU. La lista de gente buena deportada por Trump va en aumento. Todo este sufrimiento se produce para complacer a una base de votantes que representa una minoría, pero cuyos viejos prejuicios y nuevos miedos están determinando la agenda del país.
Lo que resulta curioso es que los norteamericanos están diciendo en las encuestas que apoyan la inmigración. Seis de cada 10 norteamericanos consideran que la inmigración, más que afectar al país, lo beneficia, según una encuesta de Wall Street Journal/NBC News . Eso ha aumentado seis puntos desde la encuestra anterior, en septiembre, y es el más alto nivel de apoyo a la inmigración desde el 2005.
Aun así, bajo Trump, ICE ha aumentado la deportación de inmigrantes sin delitos de violencia que eran a su vez cabeza de familia y responsables de su manutención. ¿Quién va a pagar por la crianza de hijos sin padres? Los contribuyentes, por supuesto.
Los deportados de Trump no han resultado ser los “bad hombres” que el Presidente prometió expulsar, los dos millones de indocumentados con récord criminal, incluyendo los miembros de pandillas.
La palabra cobarde viene a la mente. Hay que tener valor para tomar medidas efectivas y hacer redadas contra verdaderos delincuentes. Sin embargo, solo hace falta ser un desalmado para separar a hijos de padres.
Las deportaciones de los más indefensos crean una cortina de humo donde se esconden los fracasos de la política inmigratoria de la administración Trump.
Las cortes federales han detenido dos veces la medida de Trump de impedir la entrada de personas que pertenecen a países predominantemente musulmanes, curiosamente aquellos en lo que él no tiene intereses económicos. El martes, un juez federal de San Francisco, bloqueó la medida de Trump de retirarles los fondos a las ciudades que ofrecen poca cooperación a las autoridades migratorias y que han sido puestas en la lista negra de “ciudades santuarios”.
Los próximos 100 días solo prometen más medidas erradas, más injusticia y el humo engañoso de un muro que ya ha sido levantado.
Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de mayo de 2017, 7:20 p. m. with the headline "El gran logro de Trump: aterrorizar a los inmigrantes."