Fabiola Santiago

No hay excusa por los sucios trenes del Metrorail

Uno de los vagones del metrorail de Miami.
Uno de los vagones del metrorail de Miami. el Nuevo Herald

Soy fanática del transporte público y viajo en los subterráneos, los buses y los trenes en el extranjero y en las grandes ciudades de Estados Unidos sin inquietud alguna.

Pero cuando es hora de hacerlo en el condado Miami-Dade, tengo que prepararme para los malos ratos. El tipo que se sienta en el asiento frente al tuyo, abre las piernas y te mira fijo. El tipo que se te acerca demasiado por detrás para leer tu iPad. Los mocosos de pandillas rivales que se tropiezan en un tren y allí mismo se enredan a golpes en medio de un grupo de personas que, en una tarde de sábado, están regresando a sus casas después de asistir a la Marcha de las Mujeres en el downtown de Miami.

Menciona un viaje en Metrorail, y te tengo una historia que contar. Viajar en esos trenes no es algo que pase sin peripecias en este pueblo. Demoras, horarios reducidos, y escaleras mecánicas y elevadores que no funcionan son cosas de rutina.

Pero lo de un reciente sábado ya fue el colmo.

Los vagones del tren estaban tan increíblemente sucios que todos nosotros — la chica gótica en camino a reunirse con sus amigos, el hombre que llevaba su almuerzo en una bolsa de papel cartucho camino a su trabajo, y mi nieto de ocho años y yo, además del resto de los viajeros que iban montando por el camino para ir al downtown de Miami desde la estación del Palmetto — nos amontonamos en un vagón donde había un hombre dormido y roncando a toda máquina.

Nuestro vagón también estaba sucio, pero era el menos ofensivo. Yo había estado echando un vistazo a los otros, y no sólo encontré basura, sobras de comida y mugre generalizada, sino además vómito. Tuvo que haber habido una noche muy movida o una madrugada muy zarandeada en este tren.

Por poco regreso a mi carro y voy manejando al nuevo Museo Frost de Ciencias, excepto que había mirado el mapa del tráfico y el downtown estaba todo cubierto de líneas rojas, como de costumbre. Me tapé la nariz y pasé todo el viaje regañando a Dev: “¡No toques!” Y por supuesto, tan pronto llegué a mi destino en el Metromover, que estaba más limpio, le di a él y me di una lavada de arriba abajo en el baño.

No hay excusa posible para que los trenes del Metrorail estén así de sucios.

Se supone que los trenes se laven y se desodoricen completamente durante la noche, de la medianoche a las 5 a.m., y que se les haga limpieza parcial durante el día según sea necesario, cuando llegan a la estación del extremo sur en Dadeland y la del extremo norte en el Palmetto, según me dicen los funcionarios de transporte público. También hay ahora una aplicación llamada Transit Watch en Miami-Dade, donde los viajeros pueden reportar problemas y, al menos en teoría, eso conducirá a que los trenes sean más limpios y más seguros.

“Los reportes se leen en tiempo real”, me dijo un funcionario de transporte público.

Pero es evidente que eso no funciona siempre y que eso no es suficiente. Y yo no soy la única en quejarme, ni muchísimo menos. Si hacen una búsqueda de Google con “Metrorail sucio” van a leer montones de mensajes de Twitter y entradas en los medios sociales de personas que se quejan en los websites del Departamento del Transporte de Miami-Dade y de Obras Públicas.

“Yo entiendo las frustraciones de ustedes porque yo tomo ese tren todos los días”, dijo Michael Hernández, director de comunicaciones del Condado Miami-Dade y portavoz del alcalde.

Hernández y otros tienen la esperanza de que una flota de vagones nuevos, elegantes y modernos para el Metrorail brindarán alivio a nuestro sistema de transporte público trágicamente escaso de fondos. Pero ese proyecto por valor de $376 millones para equipar al condado con 136 vagones que reemplazarán los viejos puestos en servicio en 1984 no se completará hasta el 2019.

El Departamento de Transporte Público de Miami –Dade (Miami-Dade Transit) — el cual mantiene a perpetuidad un mensaje en su website que dice que están al tanto de los problemas, los toman muy en serio y continúan “ocupándonos diligentemente de estos asuntos” — afirma que la solución vendrá “muy pronto”. Pero eso se reduce a dos vagones con fecha de entrega para noviembre. Los demás serán incorporados “poco a poco”, según me dicen.

Eso ni con mucho se puede considerar una solución para algo que representa prácticamente en estos momentos un problema de salud pública. ¿Qué se supone que hagamos hasta el 2019? ¿Qué nos forremos con armaduras antibacteriales? El gel desinfectante para las manos tiene sus límites. Además, si el problema fuera solamente la edad de los trenes, los asientos estarían además todos rajados y rotos, pero no lo están. De lo que hablo es de la mugre, una asquerosidad que uno se da cuenta que se ha dejado permanecer ahí por simple negligencia.

Es hora de acabar con las excusas y los pretextos, de supervisar de forma apropiada la higiene de los vagones ahora mismo, y de lanzar una campaña de concientización de alto perfil sobre echar basura en los trenes.

“Parte del problema es que los miamenses son unos puercos”, me escribió un ex empleado de transporte público del Condado que antes viajaba a su trabajo en el tren. “Los nuevos trenes… son bellos y modernos, pero yo pronostico que no van a seguir siendo bellos por mucho tiempo”.

Sea cual sea la razón para la suciedad de los trenes, Miami-Dade no se puede permitir de ninguna manera que los viajeros tengan tan malas experiencias en un momento en que las personas tienen otras opciones como Uber y Lyft, y cuando la cantidad de viajeros es tan importante para los ambiciosos planes de expansión del Condado. Y yo añadiría que el simple hecho de que los empleados de Miami-Dade tengan que tolerar esa cochinada lo mismo que el resto de nosotros no nos hace sentirnos mejor al viajar en vagones mugrientos.

“Maneje menos. Viva más” (”Drive Less. Live More”), anuncia la publicidad de Departamento de Transporte Público de Miami.

A mí me gusta eso, pero no es lo que está ocurriendo con el Metrorail en su estado actual.

Pregúnteles a los viajeros que tienen que empezar su día en medio de ese asco.

  Comentarios